Opinión

Autor: Antonio Barrios

02:24 pm
16
Oct
2012

Insultos clasistas y racistas que sugieren que el 7 de octubre ganó la ignorancia han corrido por las redes sociales luego de las elecciones presidenciales. Hasta un pequeño grupo de personas alzando afiches del ex candidato de la derecha, poco después del boletín oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE), intentó desconocer los resultados, quemó cauchos, cerró con basura los accesos a las avenidas y gritó a viva voz “fraude” en el este de la ciudad de Caracas.

“Y va a caer, este gobierno va a caer”, repetía el coro de los jóvenes que trancaron las vías, al enterarse del triunfo de Hugo Chávez en los comicios. Una de las jóvenes, con una gorra tricolor y tono beligerante, alabó ante al reportero de la corporación mediática estadounidense Univisión al dictador alemán Adolf Hitler.

“Hitler amaba a Alemania. Chávez solamente ama a los países de afuera, estamos cansados de eso, de regalar lo que es de nosotros”, expresó desde la Plaza Francia, en Altamira, y para rematar dijo: “Yo no me la calo más”. Antes de ella, una joven con no más 20 años, ojos claros y cabello rubio, reveló algunas “virtudes” que admiraba del líder nazi: “Era una persona grande e inteligente”.

Entrevistado por George Sylvester Viereck, en 1932, el mismo Hitler aclaraba en qué consistía su nacionalsocialismo: “Nosotros no somos internacionalistas; nuestro socialismo es nacional. Exigimos que el Estado satisfaga las justas reclamaciones de las clases productoras sobre la base de la solidaridad racial. Para nosotros Estado y raza son la misma cosa”.

De este lado, el candidato Capriles Radonski dijo en varias oportunidades: “No vamos a regalar ni una gota de nuestro petróleo, ni un solo bolívar que es de los venezolanos mientras haya un venezolano con necesidad”.

Durante su campaña también lanzó diversas variantes de la pregunta retórica: “¿Usted quiere seis años más de un gobierno que regale los recursos de los venezolanos?

Respondiéndose a sí mismo, rechazó los convenios establecidos para levantar viviendas o hacer ferrocarriles en el país con China, los acuerdos con Cuba para brindarle salud al pueblo venezolano y hasta el proyecto de unidad Latinoamericana basada en la solidaridad y reciprocidad que ya han concretado organismos internacionales como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

“¿Saben qué ha hecho, saben qué ha hecho el socialismo del siglo XXI? Regalar los recursos de ustedes aotros países, regalar recursos a Estados Unidos, a Puerto rico, a Jamaica, a Uruguay, a Irán. Bombillos ahorradores a los Estados Unidos, carreteras en Bolivia”, dijo el derechista, quien irónicamente se ha apropiado de la denominación martiana “nuestra América” para referirse a Latinoamérica.

El progresista

Así como la derecha ha utilizado “nuestra América”, denominación con la que el pensador cubano José Martí rebautizó a los pueblos de América Latina y dejó claro que éstos respondían a un sentido de originalidad que los diferenciaba tanto de los países de la Europa Occidental, como de los Estados Unidos, también se han adueñado de palabras para alimentar un discurso acorde con un contexto sociopolítico distinto al de hace 20 años, cuando prevalecía el modelo neoliberal y se satanizaba al pensamiento de izquierda.

En una entrevista en Venevisión, los periodistas le preguntaron a Capriles Radonski, a escasos días para las elecciones presidenciales, ¿cómo se definía a la luz de dos panoramas que se presentaban como proyectos de país? Para responder, el ex candidato dirigió su artillería en la descalificación del socialismo que se impulsa en Venezuela.

“Este es un gobierno que se califica de izquierda pero profundamente retrógrado” y ante la insistencia de los entrevistadores sobre su postura política, se identificó con el socialismo moderno “en otros países” y se definió como “progresista”.

La gorra tricolor que usó Capriles durante sus actos proselitistas, desde 2003 fue imagen del movimiento Clase Media en Positivo, aliada del Comando Carabobo. El ex candidato la utilizó en eventos públicos, quebrantando la normativa del CNE, en la que se prohíbe usar los símbolos patrios para la campaña.

Muchos de los que estaban en la Plaza Francia tenían la cachucha amarillo, azul y rojo mientras invocaban al líder alemán quien también dijo en aquella entrevista en los años 30: “Yo arrebataré el socialismo a los socialistas” y hasta denunció a los marxistas de haberse apropiado del término y haber cambiado su significado.

El pueblo “oficialista”

Poco después de conocerse los resultados electorales del 7 de octubre empezaron a circular mensajes que incitaban al odio y a la discriminación de clases sociales, inspirados en un sentimiento antichavista.

El articulista de El Universal, Pablo Fernández Blanco, denunció en su escrito titulado “Pos 7-O: bajarle dos a la violencia” la ebullición de los comentarios de corte racista, clasista y de alto corte fascista que remarcaban el resultado electoral como producto de la “ignorancia” de un pueblo “bruto y marginal”.

“De ahora en adelante no dar propinas ni a parqueros, ni a bomberos, ni a caleteros, ni a los que lavan carros, ni a la señora que nos ayuda en la casa, ni a los chamos en supermercados, cero aguinaldos, no comprar a buhoneros, que se jodan, porque aunque siempre reciban ayuda directa de nosotros, siempre votan por Chávez”, decía uno de los mensajes que circulo en redes sociales.

De todos los comentarios enfermizos que leyó luego de la victoria de la Revolución Bolivariana en los comicios, el sociólogo y analista político Reinaldo Iturriza apunta que “tal vez no haya ninguno tan brutal” como el anterior, lo que interpretó como un signo de que retornó la intolerancia que vivió el proceso revolucionario en sus inicios.

“Resulta irónico, tanto como revelador, que tales demostraciones de mal ánimo tengan lugar al término de una campaña en la que Capriles Radonski hizo alarde de un discurso pletórico de referencias a la tolerancia y la reconciliación”, apunta Iturriza en su blog Saber y Poder.

La incapacidad para asimilar la derrota de algunos simpatizantes de la oposición, en palabras del analista, es producto de un convencimiento absoluto de que su triunfo era un hecho, sin pensar en las victorias reiteradas de la Revolución ni los datos que arrojaban las encuestas.

Para el sociólogo, la actitud autocompasiva, la victimización y el desconocimiento de la voluntad popular prevalece en sectores de la oposición y por ello recrean la imagen del chavismo como manipulado, ignorante, inmaduro cuando “el chavismo interpela a su gobierno y fustiga a su clase política”.

Además de esto, en el discurso del 7 de Octubre, luego del boletín del CNE, el ex candidato de la derecha dijo que respetaba profundamente “al pueblo oficialista” y lo repitió durante su campaña y dos días más tarde en una rueda de prensa en la que dijo: “Aquí ganó el gobierno, no ganó Venezuela”, lo que Iturriza considera una trampa retórica.

“(Capriles Radonski) asimila al pueblo chavista con el gobierno y convierte al chavismo en un desterrado, en un extranjero en su propia tierra (porque no forma parte de Venezuela)”, señala.

Estas declaraciones de quien pretende repetir en la gobernación de Miranda, ante la derrota en las elecciones del 7-O, alimentan, según el análisis de Iturriza, creencias en grupos antichavistas que les permiten “seguir viviendo en la burbuja de la ‘gente decente y pensante’, que asume cada derrota como el fracaso de la civilización, la razón y lo bello”.