Opinión

Autor: Arleen Rodriguez Derivet

02:12 pm
16
Dic
2014

Este 16 de diciembre íbamos a estrenar en la Mesa Redonda el documental “Todo empezó por un niño”, tesis de grado de Oscar Figueredo Reinaldo, quien se gradúa de Licenciado en Periodismo con ese tránsito audiovisual por los 15 años de nuestro programa.

Acabo de verlo y confieso que me ha emocionado hasta las lágrimas. Seguramente y en primer lugar por lo que entraña el febril repaso de los años junto a Fidel, pero también por el compromiso que se advierte en la mirada, entrañable sin dejar de ser crítica, de un muchacho que solo tiene 3 años más que Elián González.

Contemporáneos suyos son también Claudia, Julio, Emilio (todos de apellido García) y Luis Amigo Vázquez, los creadores de la nueva imagen (más a tono con la televisión digital) del espacio, completamente renovado gracias a la aplicación práctica inmediata de dos tesis de grado del ISDI.

Los estrenos ya no serán el 16, sino al día siguiente, pero por una de las razones mismas del programa. Como ha ocurrido durante sus tres lustros al aire, este martes se retransmitirán jornadas de un acontecimiento político trascendente: La Cumbre del ALBA.

Sin transmisiones especiales como la de esa cita, tan actual como histórica, que el fin de semana convirtió a La Habana en Capital de la Esperanza, no sería posible comprender totalmente qué es la Mesa Redonda, nacida y crecida en el fragor de la inmediatez, para hacerle espacio a los hechos que pueden cambiar la historia y siempre que sea posible, tal cual ocurren, sin mediaciones.

Ni el más profesional de los cientos de panelistas –periodistas, académicos, científicos, artistas, deportistas- que han sostenido los 15 años de la Mesa Redonda, podría enseñarnos el mundo que viene, el destino de los sueños que Fidel y Chávez impusieron a la cruda realidad, como los líderes latinoamericanos y caribeños que este fin de semana hablaron desde el Palacio de la Revolución con franqueza y con ternura, un estilo que solo parece estar de moda en estas tierras de gente sensible, inconforme y corajuda.

Para decirlo con palabras de uno de ellos, Roosevelt Skerrit, cuyo nombre de huella colonial suena magistralmente vencido por su discurso soberano, al garantizar a Venezuela que estará con su gobierno “por la mañana, por la tarde, por la noche, a cualquier hora…”

Y agregando que quien pone a la República de Cuba en una lista de países que apoyan el terrorismo, “es realmente alguien que vive en un mundo en el que nosotros no vivimos”.

Porque la Mesa es una página todavía muy breve en esa historia, qué gusto cederle el tiempo en nuestra hora de aniversario a los protagonistas del ALBA de la integración verdadera. Todas las emociones del recuento tienen más sentido después verla.