14
May
2010

Durante las audiencias efectuadas en el Senado estadounidense, relacionadas con el desastre ambiental ocurrido en el Golfo de México, los directivos de las empresas involucradas se culparon hoy unos a otros.

Según las compañías petroleras, el accidente era inevitable y nadie lo hubiese podido controlar. Sin embargo, diversos elementos indican que hubo carencias en la supervisión y fallas en el uso de materiales y dispositivos que evitarán la tragedia que costó la vida a11 personas y daños incuantificables a la ecología.

El presidente del Comité de Energía del Senado, Jeff Bingaman, dijo, al inicio de la audiencia, que la explosión de la plataforma operada por British Petroleum (BP), propiedad de Transocean y en la que Halliburton trabajó como subcontratista, obedece probablemente a una “cascada de errores técnicos, humanos y de las regulaciones”.

Los ejecutivos de BP, Transocean y Halliburton, que declararon bajo juramento, insistieron en que es pronto para sacar conclusiones pero aun así no dudaron en culparse mutuamente por la explosión de la plataforma el 20 de abril.

En la audiencia en el Senado, el primero en tomar la palabra fue Lamar McKay, presidente de la filial estadounidense de BP. McKay insistió en la necesidad de aclarar la razón de que no se activara el equipo de 450 toneladas situado en la parte superior del pozo que contiene válvulas que se pueden cerrar mediante control remoto para sellarlo en caso de emergencia.

“El equipo de Transocean falló”, dijo McKay. Transocean “tenía la responsabilidad por la seguridad”, añadió el directivo de BP, quien reconoció, de todos modos, que los niveles de presión en el pozo eran “anómalos” antes de la explosión.

BP estaba explorando el pozo submarino del que ahora mana petróleo al mar y tenía la intención de clausurarlo de forma temporal con capas de cemento antes de pasar a la fase de explotación.

El responsable de Transocean apuntó que todos los proyectos de producción de gas y petróleo mar adentro “empiezan y acaban con el operador”. Newman afirmó que la sugerencia de que el equipo de sellado en el exterior del pozo fue el motivo del accidente “no tiene sentido”.

Indicó que ese equipo tiene como objetivo controlar la presión y cerrar rápidamente el flujo de petróleo o gas natural de registrarse presión “rápida e inesperada” procedente del interior del pozo durante las labores de perforación. Precisó que los trabajos de perforación habían acabado el 17 de abril, tres días antes de la explosión y dijo que el pozo se había “sellado con cemento”.

Explicó que en esa fase las distintas cubiertas protectoras y el cemento son las barreras encargadas de controlar la presión.

Por su parte, Tim Probert, responsable de la división de negocios globales de Halliburton, indicó que la empresa realizó el trabajo de acuerdo con los requisitos exigidos por BP y según las prácticas de la industria.

Probert admitió, de todos modos, que no se realizó una prueba final para comprobar la resistencia del cemento. La perforación en aguas profundas, que implica como mínimo operaciones a 300 metros, se ha incrementado de forma significativa en la última década en Estados Unidos.

En el año 2008 había alrededor de 141 proyectos petrolíferos en aguas profundas del Golfo de México, por encima de los 122 del año 2006, según el Departamento del Interior. El 30 por ciento del petróleo de EE.UU. procede del Golfo de México y tres cuartas partes de la actividad productora tiene lugar en aguas profundas.

Fuente: Patria Grande/ Agencias
 

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