Opinión

Autor: Paquita Armas Fonseca

05:15 pm
19
Abr
2011

Por suerte mi corazón está muy bien reparado porque dos grandísimas emociones vividas en este Sexto Congreso del Partido lo han puesto a prueba. La segunda fue ver entrar a Fidel al Palacio de las Convenciones, mediante la señal televisiva.

Él a pesar de haber estado ahí todo el tiempo, en la mente, en el corazón de los delegados, y de la mayoría del pueblo de Cuba, no había pisado físicamente las sesiones del Congreso. Pero delegados y delegadas, más los que hemos seguido el encuentro desde nuestros hogares, teníamos la gran añoranza de verlo físicamente, ya no como aquel bello y fuerte guerrero, que recordaba a los héroes grecolatinos, que entró en La Habana con un mar de pueblo atrás, o al exdeportista que se tiró de un tanque en Girón, o al orador que se llenó de palomas blancas posadas en la hoy ciudad Libertad.

Queríamos ver al lúcido octogenario que ha resistido cabalgar en el tiempo arrastrando la carga increíble de transformar a una nación, y la de ser el ídolo indiscutido de una gran parte de la humanidad en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, esa que lucha porque no desaparezca el planea tierra. Y a la que Fidel se dirige constantemente en sus reflexiones.

Horas antes de terminar el congreso explicó por qué no debía estar en el Comité Central si sus condiciones físicas actuales sólo le permiten escribir. Pero ¿acaso no está en ese nuevo comité central? ¿Acaso puede él dejar de ser el Comandante en Jefe si ese es un cargo conferido por la historia?. Mi, nuestro Fidel, sigue siendo esa luz singular que aparece a veces en un siglo y hay países que desgraciadamente no la han tenido nunca. Y esa luz andará con nosotros militantes o no per sécula seculorom, como le gustaría decir a mi querido Carlos Marx. O como dijo Raúl en el discurso de clausura, Fidel es Fidel y no necesita estar nominado para ser el jefe de la revolución.

El otro momento que me hizo saltar en el asiento, intercambiar varias veces telefónicamente con mi colega y amigo Joaquín Borges Triana, fue la lectura por Raúl del Informe al congreso. Cada párrafo parecía responder a inquietudes de la mayoría de la población. Es un gran reto para todas y todos tanto en la economía, lo social como lo cultural. No es un camino fácil pero tampoco imposible

Si cada ministro, jefe de empresa o taller no entiende que lo decisivo es hacer práctica cada uno de los objetivos de este informe, el texto quedará sólo como eso, un excelente análisis. Porque no tenemos tiempo ni el derecho a equivocarnos esta vez. Las nuevas generaciones exigen los cambios inherentes a esta época.

En el área en la que me desenvuelvo, el periodismo, una vez más está llamado a acompañar con inteligencia, madurez y audacia los cambios que vendrán. Y si los periodistas tenemos alguna deuda de una prensa a veces gris, creo con toda honestidad que la mayor responsabilidad está en quienes deciden qué y cuándo se publica. No siempre los trabajos, caricaturas y fotos se engavetan porque realmente sean desacertados, sino por aquella eterna justificación de decir “esto no hace bien, favorece al enemigo”

En este sentido, el informe al congreso del partido es categórico para los tiempos por venir “la prensa cubana en sus diferentes formatos, está llamada a jugar un papel decisivo con el esclarecimiento y difusión objetiva, constante y crítica de la marcha de la actualización del Modelo Económico, de modo que con artículos y trabajos sagaces y concretos, en un lenguaje accesible para todos, se vaya fomentando en el país una cultura sobre estos temas.

En este frente se requiere también dejar atrás, definitivamente, el hábito del triunfalismo, la estridencia y el formalismo al abordar la actualidad nacional y generar materiales escritos y programas de televisión y radio, que por su contenido y estilo capturen la atención y estimulen el debate en la opinión pública, lo que supone elevar la profesionalidad y los conocimientos de nuestros periodistas; si bien es cierto que, a pesar de los acuerdos adoptados por el Partido sobre la política informativa, en la mayoría de las veces ellos no cuentan con el acceso oportuno a la información ni el contacto frecuente con los cuadros y especialistas responsabilizados de las temáticas en cuestión. La suma de estos factores explica la difusión, en no pocas ocasiones, de materiales aburridos, improvisados y superficiales.

No menos importante será el aporte que nuestros medios de difusión masiva deben propiciar a favor de la cultura nacional y de la recuperación de valores cívicos en la sociedad.”

Queda claro que todas y todos somos responsables, desde los que por años hemos reclamado desde las redacciones una mejor prensa hasta aquellos que deciden lo que se publica o no, amparados en “sumos secretos”. Y también ¡como no! de periodistas que prefieren la nota suave o moderada por no arriesgarse o no buscarse una discusión.

Al referirse al nuevo Buró Político Raúl dijo “No somos perfectos”. Nadie puede exigir perfección, además es muy aburrida. Pero lo que si se impone para salvar este proyecto social, nuestro socialismo, que seamos lo suficientemente dialecticos como Marx, Engels y Lenin, espirituales como José Martí y que tengamos a mano esa difícil e imprescindible arma para todo cambio: la audacia.

De lo que hagamos en el futuro inmediato dependerá como nos juzguen las generaciones que seguirán, digo, si el planeta no vuela antes por la incomprensión de quienes manejan las armas más inteligentes y destructivas que ha fabricado el propio hombre. Yo, de todas formas optimista, tengo esperanzas de que algún día se hablará con nostalgia de estos tiempos.

 

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