Cultura

24
Ago
2015

Los mayas, una de las etnias ancestrales más importantes de México, se han visto relegados a habitar la zona sur del país, donde sus descendientes han estado intentan preservar sus tradiciones y sobrevivir en un ambiente de desigualdad y de difícil acceso para los servicios básicos.

“Con todo mi amor yo les digo que nosotros los mayas existimos. No nada más somos las pirámides o los campos de pelota. Somos una cultura viviente, por fortuna, caminamos y disfrutamos la sombra de la ceiba. Hermanos míos de esta tierra, dónde están, con la cabeza y el corazón les digo, hermanos, hermanos”. Así suena el llamamiento de Luis Naj, un sacerdote maya víctima de la desigualdad social sistemática que sufre su comunidad.

Resistiéndose al olvido, cerca de un millón y medio de descendientes mayas habitan hoy la Península de Yucatán. Según cifras de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, en Quintana Roo vive casi una tercera parte de esta descendencia, quienes perciben que su principal dificultad es sobrevivir en un ambiente de desigualdad social.

“Nosotros los mayas existimos. No nada más somos las pirámides o los campos de pelota. Somos una cultura viviente”.

Otro caso que refleja la difícil situación de esta comunidad es el de Susana Uc, una indígena de origen maya que a sus 80 años tiene que trabajar en un molino de maíz donde percibe un ingreso diario que ronda entre 1 y 5 dólares. Y de manera mensual tiene que pagar impuestos al Gobierno por un monto que supera los 100 dólares.

Gran parte de estas comunidades indígenas se ubican en regiones retiradas de las principales ciudades, por lo que tienen que recorrer largas distancias para acceder a los servicios básicos. Su principal actividad para sobrevivir es la agricultura.

“El problema que hay en la zona maya es de que nosotros vivimos de lo que sembramos, el limón, el chilito, el tomate, entonces no es como en la ciudad. Aquí la zona maya gasta mucha agua, no es porque queramos gastar, es porque de eso vivimos. Los pozos son una constante en estos pueblos, porque son la manera más rápida de abastecerse de agua, puesto que los servicios de agua potable no son fácilmente accesibles”, relata Francisco Pot Cahuil, un agricultor maya.

Según registraron las cámaras de RT, sorprende que en el mismo estado de Quintana Roo, a poco más de 200 kilómetros de Cancún y en este siglo XXI, las comunidades mayas se encuentran en completa desigualdad social y sin acceder a la bonanza que brinda el principal destino turístico del país. Este olvido contrasta con el sinfín de aportes a la astronomía, las matemáticas y la arquitectura que forman parte del legado que la milenaria cultura maya aportó a México y al mundo entero.

RT

 

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