Economía

15
Jul
2014

El fantasma del 7 a 1 contra Alemania perseguirá durante mucho tiempo a los brasileños, pero el Mundial no será solo este mal recuerdo: también tendrá un beneficio económico para el país, que algunos ponen en duda.
¿Será la resaca económica mayor que la futbolística o, por el contrario, serán los beneficios a largo plazo un consuelo para una derrota apabullante?

Según la aseguradora Euler Hermes la Copa del Mundo añadirá un 0,2% al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) brasileño y un 0,5% al de la inflación.

“Las modestas ganancias que tiene para el PIB (Producto Bruto Interno) están neutralizadas por la presión inflacionaria. Productos importados necesarios para la infraestructura como vidrio, plástico y cemento salieron más caros por el proteccionismo económico brasileño. Lo mismo sucedió con televisores y otros productos de consumo masivo”, le dijo a la BBC Mundo Ludovric Subran, economista jefe de la firma aseguradora Euler Hermes.

En cambio, la consultora internacional Ernst and Young, predice un impacto económico que multiplicará por cinco la inversión realizada.

“Nuestro cálculo es que habrá un efecto cascada en toda la economía brasileña. A la inversión en infraestructura que comenzó en 2010 y continuará después de la Copa del Mundo hay que añadir el impacto en el consumo, la recaudación impositiva y los negocios que se hacen y se harán gracias al Mundial”, le indicó a BBC Mundo el director de mercados estratégicos de Ernst & Young Marcos Nicolas.

Inversión en infraestructura
Cuando Brasil fue seleccionada sede en 2007, presentó un informe a la Federación Internacional del Fútbol, la FIFA, en el que calculó un gasto de US$1.100 millones en infraestructura deportiva.

Sólo en este rubro la suma gastada en 12 estadios se disparó a US$3.300 millones. El total del gasto de la Copa del Mundo trepó a más de US$11.000 millones, el más alto de la historia.

En Sudáfrica 2010 se gastaron US$6.000 millones; en Alemania, sede del Mundial de 2006, unos US$2.000 millones; en Francia 98 y Estados Unidos 94, menos de US$1.000 millones.

Con ocho años de distancia del evento, el Instituto Alemán de Investigación Económica de Berlín (DIW, por sus siglas en alemán) cree que el impacto económico de la Copa del Mundo de 2006 (y el de Brasil ahora) fue nulo.
Unos 600 mil extranjeros visitaron Brasil para el Mundial.

“En nuestros estudios no encontramos un impacto medible en Alemania. Y acabamos de hacer un estudio sobre Brasil con el mismo resultado. Pensamos que todo ese dinero habría estado mejor invertido en capital humano que en estadios”, le comentó a BBC Mundo Karl Brenke, del DIW.

Parte del problema es que medir los costos es relativamente fácil: mucho más complicado es cuantificar los beneficios.

Según Peter Grant, especialista en economía y deportes de la Cass Business School de Londres, esta diferencia vuelve altamente hipotética la evaluación de relación costo-beneficio.

“El impacto del turismo y el consumo añadido son difíciles de medir. La generación de infraestructura depende del uso que se le va a dar. Y hay otros factores como el prestigio ganado y la exposición de un país que se vuelve más conocido para todo un planeta. ¿Tiene esto un beneficio contable concreto?”, le dijo a BBC Mundo.

Los elefantes blancos
La construcción de estadios tiene un efecto estimulador “keynesiano”: genera empleo que se vuelca al consumo funcionando como un activador económico.

En algunos casos, estadios como el Maracaná en Río de Janeiro tendrán vida propia después del Mundial, pero es difícil ver ese uso para los US$300 millones que se gastaron en el estadio de la fascinante ciudad norteña de Manaos, con capacidad para 40.000 espectadores.

Con un promedio de 1.500 espectadores para los partidos locales, es posible que el estadio termine siendo el costosísimo escaparate vacío de una fiesta muy breve.

Según el periodista y escritor brasileño Flavio Aguiar, Brasil tiene una estrategia para evitar que estos estadios terminen siendo elefantes blancos.

“Se ha transformado a los estadios de fútbol en arenas que prolongarán su vida útil más allá del mundial. Esto es fundamental. Una ‘arena’ es un espacio multiuso que puede ser utilizado para otros deportes, para shows, convenciones, etc.”, le dijo a BBC Mundo.

Ejemplo de este concepto es el Mané Garrincha de Brasilia, que en sus 36 años de existencia recibió 340 mil espectadores y en los seis meses desde que fue transformado en arena fue sede de 27 megaeventos con una asistencia de 640.000 espectadores.

Otros analistas predicen un futuro de luces y sombras.”Es muy difícil convertir estos estadios en exitosos centros de eventos porque necesitan una clientela permanente, como la que puede dar el fútbol, para justificar no solo el costo de la obra sino también el mantenimiento que requieren”, señaló Grant.

El turismo y la actividad económica
La estimación oficial es que unos 600.000 extranjeros vinieron a Brasil para el Mundial. A esto se suma el turismo interno de alrededor de 1,3 millones de brasileños que fueron a las distintas sedes a seguir los partidos.

Según le indicó a BBC Mundo Claudia Sanz, de la Oficina de Turismo de Brasil, el gasto estimado total fue de 6.690.000.000 reales: aproximadamente la mitad en dólares, poco más de US$3.000 millones.

Este gasto se concentró en hoteles, alquiler de apartamentos y autos, transportes, bares, pubs, restaurantes y discotecas.

“Antes del evento estábamos preocupados porque por la cobertura mediática parecía que los estadios se iban a caer y correría sangre por las calles. Nada de eso sucedió y en los bares tuvimos un aumento de la actividad de 30%, comparable a lo que pasa a fin de año”, señaló Percival Maricato, de la Asociación Brasileña de Bares y Restaurantes.

El cálculo es que facturará unos 12.000 millones de reales (US$ 5,4 mil millones), tres mil millones más que en el mismo mes el año pasado.

Trabajadores
La actividad industrial de Brasil sufrió un descenso como consecuencia del Mundial.

El turismo limítrofe fue particularmente importante para este aumento del consumo. La estimación del Ministerio de Turismo sobre las visitas a San Pablo en la primera fase del torneo mostró que, de los 121 mil extranjeros, Argentina encabezaba la tabla con un 31,71%, seguido por Chile (17,7%), Uruguay (8,01%) y Colombia (5,05%), seguidos luego por Estados Unidos e Inglaterra (4,18% cada uno), Holanda (3,48%) y México (2,61%).

A diferencia de países más alejados geográfica y culturalmente, este es un turismo con altas posibilidades de volver al país y ser un propalador de Brasil como destino.

“El impacto de una Copa del Mundo es diferente al de unos juegos olímpicos porque al realizarse en distintas partes de un país tiene un alcance mucho más grande. En una nación gigantesca como Brasil ha servido para poner en el mapa turístico mundial a regiones desconocidas”, señaló Grant.

Cálculo final
Desde ya, no todos se beneficiaron. Entre los perdedores se encuentra la actividad industrial que sufrió el impacto –todavía no cuantificado– de los feriados y la “distracción” que produjo el Mundial.

El cálculo final tardará en hacerse porque está compuesto de una masa muy diversificada de datos tanto de corto como largo plazo que alimentarán el debate durante años.

La estatal Agencia de Promoción de Exportaciones (ApexBrasil) estimó que podría cerrar negocios de exportación e inversión extranjeros por unos US$9.000 millones con los 2.300 ejecutivos invitados por compañías brasileñas para el evento con entradas para ver partidos en cinco sedes: Brasilia, Sao Paulo, Río de Janeiro, Fortaleza y Belo Horizonte.

Expertos divergen sobre efectos del Mundial sobre la economía brasileña.

El turismo interno brasileño y el aumento del consumo son otros factores que solo podrán conocerse cuando vengan las mediciones oficiales de actividad económica a fines de julio y que igualmente deberán ser ponderados en relación a otras variables.

Según el economista jefe de Euler Hermes, Ludovric Subran, el efecto positivo a largo plazo se deberá más a las reformas que Brasil se verá obligado a hacer que al impacto sobre el crecimiento.

“El Mundial ha servido como señal de alarma que ha puesto el foco en cosas que no andaban. La necesidad de una mayor y mejor inversión en servicios esenciales como el transporte, la educación y la salud así como los estragos que puede causar el proteccionismo. La presión para que el gobierno actúe en estos temas puede ser un efecto mucho más duradero y económicamente importante”, le comentó.

“Una cosa no quita la otra. Las inversiones en salud, educación, etcétera tienen que hacerse, pero era también importante toda esta inversión en infraestructura y esta proyección de Brasil a nivel mundial”, dijo.
Agencia

 

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