Mundo

27
Feb
2015

Los países que han vivido las revoluciones de la llamada ‘primavera árabe’ se están alejando cada vez más de EE.UU. y se dirigen a Rusia en busca de ayuda y cooperación.

Países como Libia y Egipto no solo buscan acceso a la históricamente fuerte industria militar de Rusia, sino también cooperación económica y política, ya que se dan cuenta de que la relación con EE.UU. es un “callejón sin salida”, reza un artículo publicado en el portal de la agencia Sputnik, que enumera cinco razones de esta tendencia.

EE.UU. solo proporciona armas cuando responde a su doctrina

Tras la intervención de la OTAN que llevó al derrocamiento de Muamar Gadafi en Libia, el país fue abandonado por Occidente. Un conflicto entre facciones seculares e islamistas condujo a una segunda guerra civil en 2014. Ahora, el Gobierno está buscando el apoyo de Rusia en su lucha contra la facción islamista, así como contra los yihadistas, incluido el Estado Islámico.

“EE.UU. y el Reino Unido están apoyando a los grupos armados y al mismo tiempo niegan las armas al Ejército libio”, declaró a Sputnik el primer ministro del país, Abdullah al Thani. Anteriormente, durante una rueda de prensa en Moscú, Al Thani había anunciado que Libia espera cooperar militarmente con Rusia en el suministro de armas y entrenamiento.

Si cooperan con Occidente, pueden caer en las trampas del FMI

Después de haber perdido una parte significativa de su infraestructura en la guerra civil, Libia no puede permitirse tecnologías occidentales costosas sin préstamos del FMI y del Banco Mundial, que a veces imponen condiciones especiales, como las políticas de austeridad. Por otro lado, Rusia está dispuesta a ofrecer unas condiciones mucho más generosas y precios más bajos.

“Tenemos grandes planes en el campo de la electricidad y la construcción de ferrocarriles. Teníamos contratos con empresas rusas para todas estas cosas. Nos complace tener las compañías rusas de vuelta en Libia porque son fiables y proporcionan un trabajo de calidad”, afirmó al respecto el primer ministro libio.

En cuanto a Egipto, cabe recordar que la corporación rusa Rosatom y El Cairo firmaron en febrero un acuerdo para el desarrollo del proyecto de construcción de una central nuclear en la República Árabe, aparte de otros acuerdos de cooperación.

EE.UU. es incapaz de resolver los problemas que causaron las protestas de 2011

Por ello, y para evitar que se repita la crisis alimentaria provocada por la revolución de 2011, El Cairo se ha dirigido a Rusia con una propuesta para construir una terminal para almacenar granos, que permitiría a Egipto cubrir el 80 por ciento de sus necesidades la próxima vez que los precios aumenten, señala el artículo.

“Se trata de un granero muy moderno que puede almacenar hasta siete u ocho millones de toneladas. Este granero podría convertirse en un centro interregional”, declaró el 10 de febrero el ministro de Agricultura ruso, Nikolái Fiódorov, al tiempo que recordó que “en comparación con 2013, casi hemos duplicado los envíos, hasta alcanzar más de cuatro millones de toneladas, o el 40 por ciento de las importaciones de Egipto”.

Las relaciones entre EE.UU. y las monarquías del Golfo impiden la resolución de conflictos

Tanto Egipto como Libia buscan la ayuda de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU para conseguir una resolución contra la facción islamista en la guerra civil libia, algo que EE.UU. no está dispuesto a consentir, ya que dicha facción está alineada con Catar.

Libia ha pedido el apoyo de Moscú para poner fin al embargo de armas contra el Gobierno reconocido internacionalmente. Por su parte, Egipto pide una resolución para intervenir en Libia con el fin de luchar contra los grupos terroristas después de que el EI matara a 21 coptos egipcios.

A EE.UU. solo le interesa su propia influencia

Después de que la OTAN abandonara Libia, y Egipto se quedara en las manos de Mohamed Mursi, se hizo cada vez más evidente para los países de la ‘primavera árabe’ que EE.UU. no tiene ningún interés en su prosperidad.

Lo único que le interesa a Washington es la difusión de su propia influencia, que se mide en el control de estados amigos por parte del FMI, y la debilidad de sus rivales potenciales, como Rusia o Irán, concluye el artículo de Sputnik.

Fuente: RT
 

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