Mundo

04
Dic
2015

Hoy se puede decir que el Estado Islámico, que ya ha demostrado de sobra que representa un peligro para la humanidad, es una organización terrorista autosuficiente que se financia sin problemas. ¿Cómo lo hace? Al margen de los ingresos que obtiene de secuestros, impuestos y venta de obras de arte de las zonas que controla, hay un factor que marca la diferencia: el petróleo.

Solo en Siria, el EI controla más del 60 por ciento del volumen de petróleo, que no solo acumula sino con el que trafica. Los yihadistas lo venden impunemente a compañías o países que les ayudan a financiarse. La producción puede llegar pronto a los 45.000 barriles, lo cual supone un beneficio de 1,5 millones de dólares al día.

El éxito del negocio se debe a que lo comercializan a bajo precio, ya que los yihadistas pueden vender por menos de 20 dólares el barril y, con todo, obtener suculentos beneficios. Entonces, se plantea la disyuntiva: ¿a quién le beneficia que se destruya a esta organización si muchos de los que dicen luchar contra ella se benefician de su existencia? ¿Para qué apoyar al operativo ruso que en dos meses ha reducido esta “panacea yihadista” a la mitad de su beneficio?

El presidente ruso Vladímir Putin declaró haber mostrado en la Cumbre del G20 en noviembre imágenes espaciales que mostraban las dimensiones del negocio petrolero del EI. El 2 de diciembre, el Ministerio de Defensa reveló la existencia de tres rutas de suministro de petróleo a Turquía desde los territorios controlados por el Estado Islámico. Asimismo, Moscú anunció que, según la información de que dispone, el presidente turco Erdogan y su familia están involucrados en el negocio ilegal del petróleo del EI.

Pese a que Erdogan prometió dimitir en caso de que se mostraran pruebas de que su país compra petróleo a los yihadistas, de momento solo ha lanzado acusaciones contra Rusia. Asimismo, Ankara insiste en no pedir disculpas a Moscú por haber derribado el Su-24 porque, dice, estaba protegiendo su frontera, según ha argumentado el primer ministro de Turquía, Ahmet Davutoglu.

Ahora bien, ¿qué harán aquellos que día a día negocian con el presidente, los que a diario tienen relación con él, como la OTAN? ¿Seguirá la UE seguirá apoyando y reconociendo a un Gobierno que muestra dos caras, una muy oscura?

En toda esta historia lo que queda claro es que mientras Rusia trata de cortar de raíz la financiación muchos siguen intentando obtener beneficios del EI. Un grupo terrorista al que muchos citan como enemigo, pero con el que se sientan a negociar por un puñado de barriles de petróleo, sin tener para nada en cuenta el peligro que suponen para la vida de millones de inocentes.

RT

 

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