Mundo

13
Abr
2015

Una dictadura, consumada por la élite venezolana durante 48 horas y apoyada por agentes externos, fue expulsada hace 13 años de Miraflores. Fue el resultado de una gesta inédita sellada por el pueblo de Venezuela, devolviendo así al presidente Hugo Chávez al poder que los venezolanos le habían otorgado.

El golpe de Estado contra el Gobierno de Chávez y la breve dictadura no fue causa del destino, nada al azar. Se ejecutó un plan preconcebido meses antes en Estados Unidos, sustentado por una feroz campaña mediática, en la que prevaleció el desequilibrio informativo, las falsedades y la distorsión de las informaciones.

Entre el 13 y el 15 de marzo de 2002, una “misión plural” de representantes de la oposición venezolana fueron invitados por el Instituto Republicano Internacional (IRI) a una reunión en la sede del Departamento de Estado de EEUU, en Washington, donde quedó clara la disposición a apoyar un golpe de Estado contra Chávez.

Posteriormente, dos paros patronales fueron los umbrales para el derrocamiento del Presidente constitucional. El primero de ellos fue convocado, por 24 horas, para el 2 de diciembre de 2001 en protesta por la aprobación de 49 leyes mediante Habilitante meses antes, entre ellas la Ley Orgánica de Hidrocarburos. El segundo, para el 9 de abril de 2002. De ésta última acción violenta se derivó el plan golpista.

En ambas invitaciones estuvieron involucradas la patronal Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). La oligarquía venezolana estaba decidida, a costa de lo que fuera, a recuperar sus privilegios, que le habían sido exclusivos por más de cuatro décadas y los cuales perdieron con la llegada de la Revolución Bolivariana en 1999.

Desarrollo de un vil plan

Seguido del segundo paro patronal se convocó a un marcha. La clase media y media alta fueron las principales invitadas al perverso evento del 11 de abril. La ruta de la movilización solicitada por los dirigentes opositores fue desde el Parque del Este (actual Parque Generalísimo Francisco de Miranda) hasta Chuao.

Sin embargo, una vez llegada la movilización a Pdvsa-Chuao, la marcha fue desviada hacia el Palacio de Miraflores, aproximadamente a las 11:30 de la mañana.

Inmediatamente y con supuesta espontaneidad el diario El Nacional sacó a la calle una edición extraordinaria en cuya portada resaltaba la frase: “La batalla final será en Miraflores”, aludiendo al desvío “no planificado” que tomó la marcha opositora aquel día hacia el Palacio de Gobierno, donde desde hace dos días consecutivos permanecían los partidarios de Chávez en apoyo al Gobierno nacional.

Ignorando el malévolo plan de la derecha que los usó como carne de cañón, los marchistas atendieron al emplazamiento de sus dirigentes e ingenuos se encontraron con una emboscada: funcionarios de la Policía Metropolitana (PM) y francotiradores ubicados en las azoteas de algunos edificios en la avenida Baralt se apostaban para generar las víctimas, chavistas y opositores, que justificarían el golpe. El saldo: 19 muertos y 100 heridos.

A las 10:28 de la mañana de ese día ya se había grabado un vídeo donde varios militares se pronunciaban contra francotiradores y en repudio a unas muertes que efectivamente no se habían producido. Los asesinatos se registraron en horas de la tarde, una vez que la avanzada opositora intentó llegar al Palacio, después del mediodía.

A las 3:45 de la tarde el presidente Chávez se dirige al país en cadena de radio y televisión, atribución ejecutiva saboteada por los propietarios de televisoras que, en claro desconocimiento de la autoridad del Jefe de Estado, dividen la pantalla en dos partes iguales para alternar junto a la alocución presidencial el desarrollo de hechos violentos en las calles.

Posteriormente, en la fase final del golpe, el Alto Mando Militar declara su insurrección. Venezolana de Televisión sale del aire, por orden del copeyano Enrique Mendoza, entonces gobernador de Miranda.

Al amanecer del viernes 12 de abril se le miente al país: una supuesta renuncia de Chávez a la funciones de Presidente de la República fue dada a conocer por Pedro Carmona Estanga, quien para el momento era presidente de la cúpula empresarial Fedecámaras, a través de las corporaciones mediáticas RCTV, Globovisión y Venevisión.

“En consecuencia, frente a este hecho, se ha decidido que las Fuerzas Armadas custodia al presidente saliente, al presidente Hugo Chávez, y que se conforme en lo inmediato un gobierno de transición, que por consenso de fuerzas, tanto de la sociedad civil venezolana como en el estamento castrense de las Fuerzas Armadas, se me ha pedido que encabece”, dice con insolencia Carmona, ante los medios.

En la calle, el pueblo, que -según Carmona- le había “pedido” que encabezara el gobierno de transición, sale a la calle y exige respuesta sobre el paradero de Chávez, quien estaba secuestrado e incomunicado. Las mentiras como verdades se mantienen en las televisoras y medios impresos privados.

Sin perder tiempo y con el cinismo al más alto nivel, a las 5:30 de la tarde, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal Fedecámaras, se autojuramenta como “presidente de transición”. Un nuevo gobierno, que según el mismo Carmona, había “nacido limpiamente de los venezolanos”. Las cúpulas, en la que se dejó ver incluso hasta más de un alzacuello eclesiástico, aplaudía el acto. Daban la sensación de solvencia.

En cuestión de minutos se destituyeron de los cargos a los diputados principales y suplentes de la Asamblea Nacional, así como el presidente y demás magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, el Fiscal, el Contralor y el Defensor del Pueblo, y los miembros del Consejo Nacional Electoral.

Aquella tarde del 12 de abril, desde el Palacio de Miraflores. En un acto a puerta cerrada, con el presidente electo por el pueblo secuestrado y militares traidores, Carmona Estanga “asumió el compromiso” de ser el nuevo Jefe de Estado del país. En lo sucesivo comenzó la censura impuesta por los medios, acompañada de una ola de represión y vejación contra el pueblo que denunciaba el golpe de Estado y pedía que se respetara la Constitución Bolivariana.

Movilización popular

“¿Dónde está Chávez?. Que hable”, exigía el pueblo en la calle, donde además levantaba pancartas con frases como: “No a la dictadura mediática impuesta por Estanga”; “Chávez no ha renunciado. La derecha fascista le dio un golpe de Estado”; “Exigimos respeto a los derechos humanos del Presidente de la República y de los ministros, respeto a la Constitución y al Estado de derecho”.

Cerca de las 7:00 de la noche del 12 de abril, sin llamamiento previo, ya habían llenado los espacios de Miraflores, donde ondeaban con pasión el Tricolor Nacional y pedían explicación sobre Chávez.

“Se burlaron de todos los venezolanos, que suelten a Chávez o todo el mundo va a salir a la calle a protestar”, manifestaba uno de los venezolanos.

El canal de televisión del estado VTV, cerrado el 11 de abril, fue rescatado por el pueblo. Las instalaciones eran custodiadas por una cadena humana. Pedían también la liberación del Presidente y la restitución de la democracia y del derecho de información.

El aliento

Los medios comunitarios y algunos medios internacionales con ética jugaron un papel importante para difundir lo que ocurría. A algunos miembros del Gobierno revolucionario se les brinda la oportunidad de declarar y a decir la verdad: Chávez no ha renunciado.

“Yo, Hugo Chávez Frías, venezolano, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaro: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio. ¡¡Para siempre!! Hugo Chávez”, expresaba el Jefe de Estado en un trozo de papel que secretamente el 13 de abril fue sacado de la base naval de Turiamo por Juan Bautista Rodríguez, cabo de la Guardia Nacional, que con aquel gesto de valentía patriótica se ganó su puesto en la historia. Aquella pequeña pero importante misiva fue escrita momentos antes de ser trasladado a la isla La Orchila, desde donde los tiranos pretendían sacarlo forzosamente del país.

El mensaje de la nota logró llegar a sus ministros y a su pueblo, vigorizando la esperanza de restituir la voluntad soberana y la esperanza del retorno del arañero de Sabaneta al poder, del pueblo al poder.

Con las consignas “Chávez, amigo, el pueblo está contigo” y “Chávez no renunció, lo tienen secuestrado”, hombres y mujeres continuaban bajando de manera masiva de los barrios populares, y se suman a quienes desde más temprano ya estaban en el Palacio.

Alrededor de un millón y medio de personas, en Caracas, exigía respeto a la Constitución y el regreso de Chávez. La Guardia de Honor se suma al pueblo y comienzan un plan de rescate de las instalaciones del Palacio de Miraflores. Los golpista salen del lugar apresurados.

Golpe abajo

Ya retomado Miraflores y con el pueblo en las calles informado de que Chávez no había renunciado, con los ministros y personas de confianza de Chávez dentro de Miraflores, se juramenta al entonces vicepresidente de la República, Diosdado Cabello, como Presidente provisional ante la falta temporal. El acto se realizó a las 10:00 de la noche del 13 de abril.

Se da la primera orden de rescate de Chávez. Tres comandos, en helicóptero, salen a buscarlo a La Orchila.

A las 2:50 del aquel domingo 14 de abril llega a la plataforma de aterrizaje de Miraflores un helicóptero. La celebración del pueblo civil apostado en los alrededores de la sede de Gobierno y el pueblo uniformado llenó el lugar. ¡ Volvió, volvió, volvió, volvió!, gritaban con algarabía.

Chávez, con su puño en alto y con su singular sonrisa, entra al Palacio. Lágrimas de alegría le daban la bienvenida.

“Quiero hacer un llamado, y esto es quizás lo más importante que voy a decir hoy, yo, pues, he estado incomunicado las últimas horas y no tenía ninguna información, tenía una angustia muy grande. Y lo primero y lo más importante que digo a todos los venezolano es que vuelvan a sus casas, que vuelva la calma”, dijo.

“Ustedes venezolanos, ustedes venezolanas que me adversan, pues, adversenme. Yo no puedo, trataré de hacerlos cambiar ¡ojalá!, pero ustedes no pueden adversar esta Constitución (…). Tienen que reconocer todo esto. No se dejen envenenar, no permitan que los envenenen, con tantas cosas, con tantas mentiras”, recalcó Chávez, desde el Salón Ayacucho de Miraflores.

El saber y el querer venció. El saber de que todo lo que la derecha estaba poniendo sobre la mesa eran viles mentiras y el querer rescatar lo que con tantos esfuerzo: la voluntad popular, el poder popular, fueron logrados en 1999 con Chávez, fueron clave para esta victoria.

“Saber y querer. Los antiguos egipcios hablaban de un Dios que tenía dos manifestaciones la de la mente, la del saber, y la del corazón, la del querer. Sigamos juntando saber-querer-poder y Venezuela podrá siempre derrotar a los enemigos de la patria y la revolución, podrá siempre seguir avanzando y el pueblo podrá siempre seguir viviendo, ser viviente para siempre”, recalcó Chávez nueve años después del triunfo del pueblo aquel 13 de abril de 2002.

“Que a nadie se le olvide: si vuelven con un 11 tendrán su 13. ¡Hasta la victoria siempre, camaradas!”.

Fuente: RT
 

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