Mundo

09
Sep
2015

Una flecha sola puede ser rota fácilmente, pero muchas flechas son indestructibles

— Gengis Kan, 1162-1227

Los esfuerzos de los iluminados globalizadores durante más de 50 años para demostrar al mundo que las civilizaciones rusa y china son incompatibles y que estos dos países están destinados, según los think tanks de EEUU y de la Unión Europea, a ser enemigos geoestratégicos, se ha convertido en retórica vacía después del sólido acercamiento y entendimiento entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo ruso Vladimir Putin.

Lo curioso de este proceso es que han sido paradójicamente los mismos líderes norteamericanos y europeos los que han orquestado este acercamiento en su esfuerzo de prevenirlo. Los “iluminados” se equivocaron en su análisis de la coyuntura geopolítica actual y en su propia capacidad desestabilizadora. Decidieron desatar una guerra mediática y económica, primeramente contra Rusia, pero al no lograr su objetivo añadieron en su lista de potenciales y reales enemigos de Washington a China, esto a instancias del Pentágono y de paso socavaron el Sistema Global de Seguridad.

Supuestamente los estrategas estadounidenses están preparando las sanciones económicas contra Pekín sin tomar en cuenta el efecto de boomerang sobre la economía norteamericana que está ligada estrechamente a la China. Se olvidan de los 1,3 millones de millones de dólares que posee China en los bonos de la Reserva Federal. Tanto los neoconservadores como los neoliberales norteamericanos, no prestaron ninguna atención a la experiencia de la Unión Europea (UE) que perdió más de un millón de millones de euros al aplicar las sanciones económicas a Rusia y con ello más de 500,000 puestos de trabajo.

En estas condiciones, no le quedó otra alternativa tanto a China como a Rusia a unir sus fuerzas para lanzar un proyecto diametralmente opuesto a la visión de Estados Unidos para el futuro que está orientada a unos 30 años de “guerra permanente” para balcanizar el mundo y establecer su hegemonía hasta el fin del Siglo XXI. Los chinos y rusos optaron por el plan de la integración de Rusia, China y Asia Central con la posterior inclusión de la Unión Europea a través la zona de libre comercio en forma de la nueva “Ruta de Seda”. Es decir, utilizar el comercio y el mercado como las fuerzas opuestas al poder de las armas.

Tanto Moscú como Pekín saben perfectamente que la paz, prosperidad y su proyecto de la “Ruta de Seda” no se podría realizar sin contar con un adecuado poder bélico cuya presencia hará contener las aspiraciones norteamericanas de expansión indefinida. La parada militar rusa del 9 de mayo pasado conmemorando el 70 Aniversario de la Victoria sobre Alemania de Hitler y la de China el pasado 3 de setiembre celebrando el 70 Aniversario de la Victoria del Pueblo Chino sobre la Agresión japonesa, fueron diseñadas especialmente para calmar las cabezas belicosas de los halcones de Washington. Ambas paradas no eran antieuropeas, en el caso ruso, o antijaponesas, en referencia a la de China, sino servían de advertencia a los norteamericanos debido al rol de desestabilizador global que asumió Washington.

Estados Unidos, a su vez, apeló a la política de ignorar y boicotear la parada de la Victoria en Rusia al no estar presente ningún líder norteamericano o algún representante de peso de su satélite incondicional: la Unión Europea en aquella celebración y lo mismo hizo con China, siguiendo su ejemplo sus obedientes Japón y Filipinas en referencia a la celebración en Pekín.

Los medios de comunicación corporativos globalizados emprendieron una descarada y cínica campaña desinformativa contra ambos eventos.

Rusia ha sido presentada como un país agresor que invadió Ucrania y que se prepara para anexar a los países bálticos. A tal extremo llegó la propaganda anti rusa de Reuters, CNN, ABC, BBC etc. que el 49 por ciento de los norteamericanos creen que Rusia representa el mayor peligro para la seguridad de EE.UU., según la reciente encuesta de Gallup. La misma opinión tiene el 30 por ciento de estadounidenses respecto a China.

La prensa globalizada trató cínicamente de no dar importancia a la parada militar china. Para la Voz de América “el desfile militar en Pekín era un simple mercado o muestra de la tecnología robada” como lo comentó el analista del Institute of Defense and Strategic Studies, Michael Rasca. Otros medios de comunicación hablaban en términos sarcásticos anunciando que “Otra vez los tanques en la Plaza Tiananmen” invocando las protestas en esta plaza en 1989. Igual como en el caso de la parada en Rusia los periodistas globalizados mostraron condescendencia, falta de objetividad y el uso de la información falsa sobre la pasividad, indiferencia del pueblo chino, y aburrimiento durante aquel evento.

El Pentágono mostró “indiferencia” al despliegue del armamento moderno chino. Según el secretario de Prensa del Pentágono Peter Cook que inclusive comentó que él personalmente no tuvo la oportunidad de ver la parada. También Peter Cook afirmó que no era ninguna novedad el acercamiento entre China y Rusia y que el departamento de Defensa “debe responder de forma fuerte y balanceada a ciertas amenazas que provienen de Rusia”. Pero todas estas posturas tratan de esconder la preocupación de Washington sobre el inicio de una nueva época en las relaciones internacionales cuyos protagonistas son China y Rusia.

Estos dos países tienen relaciones diplomáticas desde 1689 y en opinión de Alexander Gabuyev del Carnegie Center en Moscú la actual unión de estos dos países es el “resultado del pasado compartido” a lo que deberíamos agregar también el presente que están afrontando. Rusia perdió durante la Segunda Guerra mundial entre 27 a 37 millones de habitantes y China sufrió alrededor de 37 millones de víctimas durante la invasión japonesa entre 1931 y 1945. Lo que significa que la guerra hizo estragos en casi cada familia china o rusa lo que se refleja, según Gabuyev en la sicología de Rusia y China.

Hoy día Rusia está bajo la presión de las sanciones económicas impuestas por Washington y Bruselas por la reunificación de Crimea con Rusia y por una supuesta y nunca comprobada intervención militar rusa en Ucrania. Pekín en su turno es presionado por EEUU en relación a la reclamada soberanía sobre 130 islas coralinas en el Mar de China Meridional y de las islas Spratly reclamadas por Vietnam y Filipinas que están acercándose cada vez más a EEUU.

Para Washington controlar el Mar de China Meridional es de vital importancia porque en su subsuelo bajo las aguas, suponen que existen reservas de petróleo y gas natural similares a las de Qatar. Además más del 50 por ciento del tráfico mundial mercante navega por sus aguas. Esto es lo que en realidad explica las amenazas norteamericanas de imponer sanciones a China y no los supuestos robos cibernéticos de la tecnología norteamericana como argumenta el departamento de Estado. Como lo afirmó el renombrado estudioso norteamericano Noam Chomsky, la política exterior y militar norteamericana está orientada al control de la mayor parte de la oferta mundial de petróleo como “parte sustancial del dominio del mundo”.

Precisamente estas presiones norteamericanas obligaron tanto a Rusia como China a estrechar su alianza estratégica, económica, financiera y militar para no permitir a Norteamérica lograr una absoluta hegemonía del mundo. Frente a las maniobras militares de la OTAN en los países bálticos los rusos lanzan sus propios ejercicios militares y también junto con la armada china hacen las maniobras en el Mar Mediterráneo. Desafiando a los ejercicios militares de las naves estadounidenses en el Mar de China Meridional, cinco buques chinos desfilaron sigilosamente por las aguas de Alaska coincidiendo con la visita del presidente Barack Obama a este estado.

En la última reunión en Pekín de Xi Jinping con Vladimir Putin ambos presidentes firmaron 32 tratados comerciales y varios acuerdos militares dirigidos a estrechar la unión entre dos países para no permitir a EEUU “balcanizar primero, a Rusia” y posteriormente “romper” a China. Inmediatamente después del retorno de Pekín el presidente Putin asistió al Primer Foro Económico Oriental celebrado en la ciudad rusa Vladivostok en el que participaron más de mil hombres de negocios de Asia y Rusia, todos interesados en el desarrollo del Oriente Lejano de Rusia extremadamente rico en los recursos naturales y en especial los energéticos. China es uno de los principales inversionistas en el proyecto de la creación del “Nuevo Oriente” con el centro en Vladivostok para dar un nuevo impulso al comercio entre Asia y Europa vía el Ferrocarril Transiberiano.

Entonces resulta, que mientras Estados Unidos está dividiendo, desestabilizando (ya son ocho países se convirtieron en víctimas de la política de Obama) y desintegrando el mundo, China y Rusia están tratando de construir un mundo multipolar unido en su anhelo de lograr paz, prosperidad y seguridad para sus habitantes.

Durante su discurso del 3 de setiembre pasado el presidente Xi Jinping afirmó que “no importa cuán fuertes podamos ser, pero China jamás buscará la hegemonía o la expansión”. Anteriormente el 9 de mayo pasado el presidente Vladimir Putin expresó la necesidad de “crear un sistema adecuado a las amenazas actuales, elaborado sobre una base regional, global fuera de bloques. Solo entonces garantizaremos la paz y la tranquilidad en el planeta”.

Actualmente el mundo está frente a dos caminos que debe tomar, de su decisión dependerá el futuro de nuestro planeta y de sus habitantes.

sputnik

 

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