Mundo

20
May
2016

En un mundo globalizado, frente a las amenazas y desafíos globales, “ya no hay ninguna excusa para actitudes de la Guerra Fría”, sostiene el analista John Wight.

Menos de una semana después de que Rusia celebrara su conmemoración anual del Día de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial, las tropas de la OTAN comenzaron a planificar ejercicios militares en Estonia en la frontera rusa. “Esto plantea la pregunta: ‘¿están realmente locas estas personas?’”, sostiene el escritor y analista político John Wight en su nuevo artículo para RT.

Wight recuerda que muchos países y muchas personas “sufrieron enormemente” durante la Segunda Guerra Mundial, pero “ningún país sufrió más que la Unión Soviética en el transcurso de la guerra, y ningún pueblo sufrió más que el pueblo ruso, que constituía el grueso de la población soviética”.

En consecuencia, prosigue el autor, se trata de un conflicto “que dejó cicatrices profundas y eternas en la psique de Rusia”, algo que las ideologías occidentales “o bien no entienden, o entienden y no les importa”.

“Si no, ¿cómo podemos explicar los ejercicios militares de la OTAN en Estonia justo después de la conmemoración anual del Día de la Victoria? ¿Cómo podemos explicar que dichos ejercicios se llevan a cabo en la frontera entre Estonia y Rusia? Por encima de todo, ¿cómo podemos explicar que entre los cerca de 5.000 soldados de la OTAN que participan están las tropas alemanas y estonias?”, manifiesta el analista, quien agrega que “si esto no puede considerarse como una provocación, ¿qué puede ser?”

Wight se pregunta también por qué Occidente y la OTAN insisten en seguir con la estrategia de la Guerra Fría con Rusia. “¿Cómo pueden beneficiarse los países occidentales y sus ciudadanos de un retorno a las décadas de enemistad que soportaron generaciones anteriores, con todos los peligros que supone un estado de antagonismo mutuo?”, indica.

“Cuestión de lógica básica”

Y es que Rusia, según explica el analista, “considera su seguridad como valiosa y no negociable, igual que EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania consideran a las suyas”, y cada Día de la Victoria tanto la población como el Gobierno ruso recuerdan la importancia de la seguridad para el bienestar de la nación.

“Una nación que perdió y sacrificó tanto en la guerra contra el fascismo hace siete décadas sería negligente si no se negara a tolerar cualquier intento de debilitar o sondear sus defensas en la actualidad. Simplemente no puede permitir que esto ocurra”, detalla el experto.

Sin embargo, señala Wight, “a pesar de lo que debería ser una cuestión de lógica básica, tenemos países en la frontera de Rusia ―Ucrania, Estonia, Georgia y otros― haciendo todo lo posible para causar tensión y discordia”, aunque, según lo demuestra el caso de Ucrania, el precio de debilitar a Rusia puede ser “la miseria y el colapso económico” de su propia nación.

“No tiene por qué ser así”

Teniendo en cuenta todo lo dicho, el curso actual “solo puede conducir a un mal resultado”, asevera el analista para detallar que “dada su historia reciente, cuando la invasión y ocupación diezmaron su tierra y a su gente, no se puede esperar que Moscú acepte la ampliación de la OTAN hasta sus fronteras”.

“En un mundo globalizado, frente a las amenazas y desafíos globales, ya no hay ninguna excusa para actitudes de la Guerra Fría”.

“Entre 25 y 30 millones de personas que perecieron en la guerra contra el fascismo no lo hicieron para que Rusia permanezca de brazos cruzados mientras que Occidente, sus aliados en aquella lucha, intenta encajonarla con una especie de cordón militar, económico y geopolítico”, denuncia Wight.

A su juicio, “realmente no tiene por qué ser así”, y Rusia y Occidente “no tienen que ser enemigos; también pueden ser socios”.

“Es más, en un mundo globalizado, frente a las amenazas y desafíos globales, ya no hay ninguna excusa para actitudes de la Guerra Fría. Los millones que viven en los países en cuestión sin duda merecen algo mejor”, concluye el analista.

RT

 

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