Mundo

17
Feb
2016

Arabia Saudita, país hostil al Gobierno de Bashar al Assad, se ha mostrado dispuesta a lanzar un operativo terrestre en Siria. ¿Qué sucederá cuando sus intereses choquen con la postura de Rusia?

El año 2010 fue testigo de una modernización relevante de las Fuerzas Armadas de Baréin, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudita. Los ministerios de Defensa de estos países firmaron con EE.UU. una serie de contratos de compra de armamento, preparándose para una posible guerra contra Irán, publica el portal ruso Slon.

Los clientes de Washington firmaron varios contratos para el suministro de sistemas de defensa aérea, helicópteros, aviones y misiles antibuque. Arabia Saudita planeó gastar casi 60.000 millones de dólares, principalmente en la renovación de la aviación: Riad modernizó sus cazas en servicio y compró otros nuevos, también obtuvo nuevos helicópteros AH-64E Apache Guardian junto a diversos tipos de munición.

¿Cuáles son las perspectivas del uso de todas estas armas en Siria?

Para entender qué conlleva la posible misión terrestre contra los grupos armados en Siria se debe tener información precisa sobre la fuerza del Estado Islámico, el mayor grupo terrorista que opera en la región. La inteligencia de EE.UU. maneja una cifra de 40.000 combatientes, mientras que otras estimaciones suponen una cantidad de al menos 100.000 miembros.

En cualquier caso, se conoce que Estado Islámico se ha apoderado de un territorio de 130.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a casi el 70% de la superficie de Siria. Las Fuerzas Armadas sirias, controladas por el presidente Bashar al Assad, dominan el 16% del territorio. El área restante se la disputan las fuerzas de la llamada ‘oposición siria’ y múltiples grupos de insurgentes y terroristas.

La oposición siria posee un arsenal muy parecido al del Estado Islámico, ya que la mayoría de su munición, equipo y armamento fue obtenida como trofeo durante los combates contra las fuerzas gubernamentales.

Sin embargo, las condiciones actuales del conflicto dejan claro que los grupos armados radicales y terroristas solo pueden ser neutralizados con un ataque terrestre de unidades militares profesionales y organizadas.

Si los miembros de la posible coalición árabe mantienen una ofensiva firme contra los grupos terroristas en Siria, sería probable expulsarlos del territorio sirio en unos ocho o nueves meses, considera el portal.

Sin embargo, este escenario alberga la posibilidad de que los yihadistas resurjan en otro país, como por ejemplo Libia, muy vulnerable por estar sumida en un caos administrativo tras separarse en varias partes durante el periodo siguiente a la intervención de EE.UU. de 2011.

¿Cuál será la reacción de otros participantes del conflicto a la intervención terrestre?

EE.UU. apoya parcialmente la intención de Arabia Saudita de lanzar el operativo antiterrorista en Siria. Pero parece que el Gobierno estadounidense aún no ha elaborado una postura común sobre el caso. A finales del pasado enero el jefe del Pentágono, Ashton Carter, declaró que la misión terrestre ayudaría combatir a los terroristas en la región.

Posteriormente, el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., John Kirby, dijo que una operación militar terrestre en Siria no puede ayudar a solucionar el conflicto entre el Gobierno de Bashar al Assad y la oposición y, por esa razón, no tiene sentido. Mientras tanto, Rusia sigue apoyando el Gobierno de Al Assad, a quien considera el único mandatario legítimo del país en la actualidad.

Si se tiene en cuenta que cada bando de la guerra de Siria persigue sus propias metas, incluso en el caso de que los grupos terroristas sean destruidos, parece poco probable que se pueda esperar la paz en el futuro próximo. Es más probable que varios participantes de la coalición árabe y de la coalición occidental continúen apoyando distintos grupos de la oposición mientras que Rusia continúe respaldando el poder legítimo de Damasco, opina el autor.

RT

 

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