Mundo

11
Jun
2015

El líder nacionalista puertorriqueño de 72 años Oscar López Rivera ha vivido casi la mitad de sus días -34 años exactamente- en prisión, acusado hace más de tres décadas de conspiración sediciosa contra el gobierno estadounidense. Y aunque todavía le restan 36 años a su condena, sus miles de simpatizantes –quienes en ocasiones lo comparan al sudafricano Nelson Mandela– dicen que ya es tiempo de liberarlo.

A ese llamado se unieron oficialmente esta semana funcionarios de la ciudad de Nueva York, donde el concejo municipal ha solicitado al presidente Barack Obama la libertad del líder boricua, encarcelado en 1981 y actualmente cumpliendo su sentencia en una prisión en Indiana.

“Esto es un caso de derechos humanos”, dijo la presidenta del concejo municipal Melissa Mark-Viverito. “Él nunca estuvo directamente conectado a alguna acción que le haya hecho daño a alguien. Está detenido puramente por sus ideales políticos, y eso debería preocupar a cualquier persona”.

A unos días de celebrarse el desfile puertorriqueño en las calles de Manhattan el domingo, el concejo aprobó el miércoles una resolución urgiendo una clemencia presidencial para el puertorriqueño. La medida –que no es vinculante- recibió 41 votos a favor, 8 en contra y dos abstenciones.

La hija de López Rivera, Clarisa López, se mostró agradecida ante la decisión en Nueva York.

“Es un vivo ejemplo de que somos muchas voces de diferentes ideologías unidas por una sola voz, reclamando para que mi papá pueda regresar al Puerto Rico que tanto lo espera”, dijo en entrevista telefónica con Univision Noticias desde su hogar en la isla.

“Conspiración sediciosa”

Nacido en Puerto Rico pero criado desde los 14 años en Chicago, López Rivera era miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN), un grupo clandestino dedicado a conseguir la independencia de la isla caribeña y denominado como cédula terrorista por agentes del FBI.

En 1976, autoridades en Chicago allanaron un apartamento lleno de explosivos, armas, mapas de la ciudad y un manual de guerrilla. Vecinos del lugar identificaron a López Rivera como una de las personas vinculadas al apartamento. Las autoridades no dieron con su paradero hasta 1981, cuando el boricua fue detenido por una infracción de tránsito.

Durante su juicio, López Rivera fue acusado de haber enseñado a un simpatizante de las FALN –quien luego se convirtió en informante del FBI– cómo hacer aparatos para detonar bombas.

Al final del juicio, fue sentenciado a 55 años de cárcel por conspiración sediciosa y otros cargos relacionados a sus actividades como miembro del grupo clandestino. A esta sentencia se le añadieron 15 años en 1986 por un intento de fuga de López Rivera.

En 1999, el presidente Bill Clinton ofreció clemencia a López Rivera y a otros miembros de las FALN, pero el prisionero se negó a aceptar la invitación, en parte porque no había sido extendida a otros prisioneros. Hoy día, López Rivera es el último miembro de las FALN que permanece encarcelado.

Apoyo internacional

La resolución simbólica de los funcionarios en Nueva York es solo la más reciente manifestación de quienes buscan la libertad de López Rivera, considerado por muchos como un prisionero político.

Sus simpatizantes dicen que López Rivera ha cumplido suficiente condena, y que no representaría amenaza a la seguridad en Estados Unidos de ser excarcelado.

“Mi papá no es un terrorista ni un criminal, ni está acusado de causar daño a nadie”, dijo Clarisa López. “La acusación mayor que cae sobre él es de conspiración sediciosa, un delito para el que no se necesita prueba circustancial para ser encarcelado”.

La campaña por la liberación de López Rivera ha obtenido apoyo de un diverso grupo de figuras internacionales, entre ellos los ganadores del Premio Nóbel de la Paz Desmond Tutu y Rigoberta Menchú; el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla; la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz; y el presidente venezolano Nicolás Maduro.

Se añaden a esta lista el cantante de Calle 13, René Pérez, y varios congresistas estadounidenses, entre ellos Nydia Velázquez, José Serrano y Luis Gutiérrez.

“El Presidente de los Estados Unidos tiene el poder de conmutar la sentencia de Oscar López Rivera”, dijo Serrano, representante demócrata de Nueva York, en 2013. “Pero depende de todos nosotros el asegurarnos que el Presidente escuche a las millones de personas que quieren la libertad para Oscar”.

Por su parte, el representante demócrata de Illinois Luis Gutiérrez visitó al prisionero en 2014 junto al gobernador de Puerto Rico. “El jefe del gobierno de Puerto Rico entiende que cada sector y facción política en Puerto Rico apoya la liberación de Oscar”, escribió Gutiérrez en un editorial el mes pasado.

El congresista de origen puertorriqueño opinó que López Rivera “es un patriota y no una amenaza para nadie” e instó a Obama a otorgarle clemencia.

“Ésta es una simple acción directa de justicia y misericordia que el presidente Obama y su administración pueden tomar por Oscar López Rivera, que será bienvenida con gratitud inmensa y genuina por todos los puertorriqueños”, añadió.

Contrainjerencia

 

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