Naturaleza

27
Jul
2016

El norte del Océano Pacífico alberga ocho especies más de ballenas de las que ya se conocían. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Marine Mammal Science, éstas vienen a su sumarse a las 21 especies de zifios (Ziphiidae) hasta ahora descritos.

Zifio procede del griego xiphos (espada), una palabra que hace referencia a la nariz pronunciada y puntiaguda (parecida a la de los delfines) que tiene esta familia de cetáceos. Las ballenas halladas presentan un color especial que les hace ocupar un lugar nuevo. Han recibido el nombre de “karasu”, una palabra que en japonés significa cuervo, debido al negro que cubre su piel.

Estas especies se distribuyen por el norte de Japón, las islas Aleutianas y el mar de Bering, lo que sugiere una extensión mucho menor a la del resto de sus hermanas, que también se encuentran en California. El hallazgo de cicatrices con forma de mordisco de tiburones hizo pensar a los investigadores que tal vez emigraran a aguas tropicales.

Las ocho nuevas especies han sido identificadas gracias al análisis del ADN de 178 zifios. Hasta entonces, muchos de ellos habían pasado desapercibidos en la Fundación Smithsonian, el Museo de Historia Natural de Los Ángeles y un esqueleto que se encontraba en un instituto de Alaska, entre otros.

“El reto solo consistió en encontrar suficientes muestras para proporcionar pruebas convincentes”, resume Philip Morin, investigador y biólogo molecular del Southwest Fisheries Science Center, un centro dependiente del Servicio Nacional de Pesca Marina estadounidense. “Es evidente que esta especie es muy rara, y nos recuerda lo mucho que tenemos que aprender sobre el océano e incluso algunos de sus habitantes más grandes”, añade.

Avistadas, pero no consideradas

La investigación partió de un estudio japonés que vinculaba a estas especies como variantes del zifio de Baird. La investigación de Morin se edificó sobre esta posibilidad.

Primero realizó una recogida de tejidos de mamíferos marinos en el Southwest Fisheries Science Center. Allí halló dos muestras que parecían representar a una nueva especie. A partir de las muestras adicionales de ADN de los otros museos, institutos de investigación e incluso mercados japoneses (el zifio de Baird es uno de los más cazado), comenzaron las pruebas. Los investigadores estaban cada vez más convencidos de que ambas especies de ballenas tenían un vínculo con el delfín picudo de Arnoux (Berardius anuxii). Una ballena picuda de Baird hallada muerta en la isla de St George (Mar de Bering), tras el análisis, pasó a convertirse en una nueva especie. “Sabíamos que esta ballena no era de aquí”, explica Michelle Ridgway, ecóloga marina y coautora del estudio.

“Los balleneros japoneses sabían acerca de esta variante negra, pero no la consideraba una especie aparte”, explica Erich Hoyt, codirector del Hábitat Ruso de Cetáceos y coautor de la nueva investigación.Los zifios son los menos conocidos del ecosistema marino. La mayoría han sido identificados en las últimas décadas. Tanto los delfines como los zifios pertenecen al suborden de los odontocetos, la la sección de la familia de los cetáceos que posee dientes.

QUO

 

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