Opinión

Autor: Rodolfo Bueno

08:51 am
20
May
2014

Fascistas light son los gobernantes que apoyan a la junta criminal de Kiev en guerra de extermino contra su propio pueblo y defienden sus aberrantes delitos en la ONU, donde ya no se protege más la paz sino a la ultraderecha mundial con la ayuda de la prensa amarilla, que ha abandonado este merecido nombre por el de prensa prostituida. Fascistas light son los gobernantes que se reúnen en los grupos de los no sé cuántos alcahuetes, de la OTAN, del FMI y del BM, organizaciones creadas por el imperialismo anglosajón para repartirse las riquezas del mundo.

Los bandoleros de Kiev tienen su punto de apoyo en los más retrógrados miembros de la OTAN, que los necesitan de carne de cañón, y en la zona occidental de Ucrania, donde sus mentores ideológicos fueron aliados de Alemania Nazi y lucharon codo a codo con la Fuerzas Armadas del Tercer Reich. Estos batallones represivos eran comandados por Stepan Bandera, culpable del exterminio de cerca de un millón de judíos, además de rusos, bielorrusos, húngaros, polacos, gitanos y más víctimas de otras nacionalidades. Sucedía que a las tropas nazis les repugnaba mancharse las manos con sangre humana, por lo que encargaban hacer el trabajo sucio a sus vasallos, en este caso, a las huestes de Bandera, que lo realizaban plenas de orgullo con la finalidad de ganar bonos ante sus amos.

¡Qué vergüenza, vivir en un mundo gobernado por fascistas light! Los llamo así porque ni siquiera se atreven a saludar con el característico gesto nazi sino que, como Holande, se disfrazan con el sobrenombre de socialistas o, como Merkel, con el de demócratas cristianos o como Obama, con el de demócratas, cuando todos ellos son realmente fascistas, aunque como ya se dijo, light.

Los gobernantes de la UE y los EE.UU. son fascistas light porque aúpan al régimen nazi de Kiev, que envía al ejército para aplastar con sus tanques a veteranos, a héroes de guerra, a mujeres y a niños, que intentan detenerlos con sus pechos desnudos para que no exterminen a sus compatriotas; son fascistas light porque pagan a mercenarios que disparan indiscriminadamente contra una población valiente pero inerme, a la que pretenden exterminar; son fascistas light porque financian a las hordas del Sector de Derecha, que agreden a un pueblo desarmado, al que, luego de refugiarse en la Casa de los Sindicatos de Odesa, queman vivo y después, estos facinerosos se toman fotos con las víctimas carbonizadas, a las que burlonamente llaman negros. Por los menos, los nazis alemanes gaseaban a sus víctimas antes de incinerarlos y no hacían lo que hacen estas bestias de Kiev, que los incineran vivos. ¡Criminales!

Luego aparecieron en la Casa Blanca la Canciller Merkel y el Presidente Obama, casi cogidos de la mano, sonrientes y felices porque sus pupilos de Kiev resolvieron el problema en poco tiempo, lo que no dicen es que el problema de Ucrania recién comienza y se va a prolongar por un tiempo largo, durante el cual los fascistas light serán derrotados ineludiblemente; también estaban contentos porque el problema se había resuelto óptimamente, es decir, con un pequeño número de bajas. ¿Calificarían como cosa pequeña si por desgracia uno de sus hijos se calcinara en un accidente? Aunque se debe reconocer que con posterioridad, los EE.UU. tacharon de “inadmisible” el brote de violencia vivida en Odesa y exigieron a Kiev encontrar y castigar a los culpables, que, se sobrentiende, serán encontrados entre la víctimas y no entre los victimarios.

Por su parte, un canal de la televisión de Alemania engatusa a los alemanes diciéndoles que los que están quemando vivos a sus compatriotas, realmente están tratando de salvarlos. ¡Vaya, qué manera de salvar!, lanzando bombas molotov para apagar el fuego. Y ningún medio de información masiva de Occidente se percata de los asesinos que disparan contra las personas que intentan escapar del incendio ni de las que son aporreadas si logran salir con vida, mientras el desgobierno de Kiev, asustados por la reacción mundial que saben no tardará en llegar, acusan a Rusia de ser la culpable de esta mortandad. ¡Qué descarados!

A pesar de que la prensa Occidental intenta acallar estos eventos, tratando de no ver nada, no escuchar nada y no decir nada, todo esto es bien conocido, más que nada, por los amos que ordenan a sus cipayos cometer estos delitos de lesa humanidad, delitos por los que alguna vez van a ser condenados por el tribunal correspondiente. Según informa el periódico alemán Bild, basado en investigaciones del servicio secreto alemán, “decenas” de agentes estadounidenses de la CIA y del FBI colaboran con el gobierno ucraniano instalado tras la destitución del presidente Yanukovich, para asesorar a las fuerzas de seguridad en su ofensiva contra las milicias prorrusas del sureste del país. Los agentes “colaboran con Kiev en nombre del Gobierno de Estados Unidos para poner fin a la rebelión en el este del país y para instaurar una estructura de seguridad que funcione”, lo que contradice las palabras del Presidente Obama, quien en la conferencia de prensa con la Canciller Merkel, que dio dos días antes de esta publicación, negó toda intervención de los EE.UU. en los problemas de Ucrania.

Por eso no es una coincidencia el que la orden de exterminar a los habitantes del sureste de Ucrania se diera luego de que a medianos de abril el jefe de la CIA, Brennan, visitara Kiev. Como las cosas no salieron como esperaban, porque los soldados confraternizaron con el pueblo rebelde y dejaron de pelear, enviaron de urgencia al Vicepresidente Biden, quien regañó a la junta y la estimuló para que reemprendiera la guerra. Y como de todas maneras la ofensiva volvió a fallar, mandaron nada menos que a la dueña de la plata, la directora del FMI, Lagarde, a decirles: Apodérense pronto del sureste de Ucrania si quieren que les entreguemos estos 17 mil millones de dólares. Ahí sí no les quedó más remedio que obedecer. Como dijo Quevedo: ¡Poderoso caballero es don dinero!

Puesto que Rusia a sido acusada de todos los crímenes cometidos por la junta nazi de Kiev, cabe preguntarse: ¿Si con tanto desprecio se comportan con Rusia, la ningunean y le exigen cosas imposibles de cumplir so pena de las más duras sanciones, sin que les importe que sea el país más extenso de la Tierra, que sea rico, poderoso, bien armado, incluso con armas atómicas, cómo nos tratarán y verán a nosotros, que siempre hemos sido menospreciados? ¡Qué Dios nos proteja si Rusia es derrotada!

¿Qué se oculta tras este intento de exterminar a los rusohablantes de Ucrania? El imperialismo busca acorralar a Rusia hasta que no tenga más salida que intervenir en defensa del derecho de este pueblo de vivir en una sociedad que les reconozca igualdad ante la ley; luego, con ayuda de la monstruosa maquinaria de propaganda que nos controla el pensamiento, asustar al planeta entero con el cuco del imperialismo ruso. Así aspira apretar más aún las clavijas del vasallaje mundial y eliminar la posibilidad de que alguna vez nos independicemos de su tutelaje. Por eso odiar a Rusia es la consigna que nos intenta imponer ante el temor de que el resto del planeta siga el mal ejemplo ruso y se rebele en contra del moderno sistema colonial vigente. Pese a todo ello, el pueblo de Ucrania resiste, va a resistir y no va a ser vencido por la internacional fascista mundial.

Como el gobierno títere de Kiev por más que quiera satisfacer a sus amos no puede contra un pueblo alzado y desarmado, aunque se está armando con las mismas armas que le entregan los soldados enviados de Kiev, tuvo que contratar a mercenarios polacos, croatas, de los países bálticos, todos de las repúblicas bananas de Europa, y norteamericanos de Greystone. Esto último no deja de ser un contrasentido, porque si los EE.UU. conforman una sociedad democrática, como se autotitulan, ¿cómo es posible que permitan en su seno la existencia de una organización criminal que puede ser alquilada por cualquier gobierno pelele?

 

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