Opinión

Autor: Mercedes Chacín

04:05 pm
03
Ago
2015

El pasado 28 de julio fue el 61 años cumpleaños del Comandante Chávez. Más de una (y más de uno) chilló de pura envidia porque capaz que ni el cumpleaños le cantan. El próximo miércoles habrán pasado 17 meses de su partida. Ese día lo recordaremos de nuevo. Y es que las efemérides de julio pasaron y nos dejaron los ojos aguaos varios días. Antes de finalizar este mes, como si no fuera posible que agosto empezara como lo que es, un mes de vacaciones, empezó el jaleo.

Para sorprendernos la oposición hace cualquier cosa. Han pasado 19 elecciones y en todas el chavismo ha dicho que reconocerá los resultados. Y las fuerzas opositoras no los han aceptado ni una sola puta vez, ni media vez, ni un cuarto de vez. Nada. Fingen demencia. Como en el pasado, Capriles hizo su trabajo para los medios internacionales hace unos días: se disfrazó de demócrata preocupado y pidió al Gobierno que respetara los resultados electorales. Y empezó la carrera por el Oscar de la actuación. La desvergüenza en política. De este lado no sabíamos si hacer como Condorito, y exigir una explicación, o si poner cara del burro Igor, el pana del Gato con Botas en la película Shrek. Tanto cinismo merece, literalmente, coger palco.

“Parece que quisieran inyectarnos alguna poción aliñada con bachaco culón que nos provoque salir “a descargar la arrechera”.

Por otra parte, el trabajo de producción de la película, Leopoldo en Ramo Verde, la saga, no descansa. Luces y cámaras, y todas las acciones sirven. Leopoldo ponte feo, no comas, no te rías, disfrázate de comegente, dile a Lilian que agarre un megáfono para que deje de pegar tanto leco y te salude, no cantes el cumple de nadie, no hables con ninguna amiga o amigo, no te montes en el “orbitres”, no vivas, no pares de sufrir. Pero mosca, Leopoldo, no sobreactúes. Se darán cuenta los que te siguen de que eres un impostor. Leopoldo, pilas, vale, no podemos fallar. Este es el año.

La sorpresa por el temple con que la mayoría del pueblo venezolano ha resistido la embestida de la “derecha maltrecha” genera todo tipo de comentarios. ¿Qué es lo que pasa que la gente no sale a protestar? La provocación es abierta, descarada. ¿Cómo hacemos? ¿Animamos en las plazas?

¿Encerramos a los toros, como hacen en la Madre Patria, y les enseñamos trapos rojos? Parece que quisieran inyectarnos alguna poción aliñada con bachaco culón que nos provoque salir “a descargar la arrechera”. Lo que no sabe la derecha (la maltrecha) es que ese jaleo, ese motín tan ansiado que tanto buscan, que tanto esperan no va a ser contra el Gobierno, porque todos sabemos que el kilo de aguacate injerto, por más injerto que sea, no cuesta 800 bolos. Que la patilla, ni siquiera el bodrio de página web que administran, con toda la basura que tiene adentro, no cuesta mil bolos. ¿Cuántos de los productos que nos clavan a dólar tudei fueron adquiridos usando esa tasa? Esta espiral inflacionaria no se rige por la “ética” de la economía de mercado.

Cuando las cuerdas se tensan, no siempre revientan por lo más delgado. “Cuidado en el barrio, cuidado en la acera, cuidado en la calle, cuidado donde quiera…”, que los vamos a encontrar. Sigamos.

 

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