Opinión

Autor: Julio Escalona

12:18 pm
12
Ene
2016

Es el ¡fueraaa! de 2002-2003 contra el presidente Chávez. En la Asamblea Nacional (AN), Ramos Allup planteó la salida en seis meses del presidente Maduro. Un golpe de Estado radicalizando la guerra de baja intensidad con sus componentes económicos, mediáticos, psicológicos, terrorismo, provocando el “derrumbe” del gobierno. Es el plan de EEUU.

Por eso la violación del reglamento en el acto de instalación y la necesidad de ganar el debate parlamentario. Luego, la agresión al pueblo bolivariano retirando los retratos de Chávez y Bolívar. Se equivocaron, el chavismo no recurrió a la violencia y se compactó.

Aprovecharon la medida cautelar del TSJ contra tres parlamentarios para plantear el conflicto de poderes Ejecutivo-Legislativo, internacionalizarlo y forzar una intervención que reconocería la AN como legítima contra un “régimen” “desacreditado”. Invitarán al departamento de Estado, OEA, órganos de la ONU, Unión Europea, ex presidentes, medios de información, romper el consenso en Unasur, buscando crear una condena internacional al presidente Maduro y su gobierno en medio de denuncias de corrupción, narcotráfico.

El diálogo es con el pueblo construyendo el bloque social de los oprimidos. La actual polarización la encabezan burocracias desvinculadas del pueblo. Hay tareas vitales: resolver los problemas económicos. Cerrar la brecha de carácter moral, político, teórico, de unificación, organización y pérdida de contacto con el pueblo. Realizar rectificaciones y combatir el pensamiento burgués que está presente en el individualismo y los sentimientos que surgieron en las colas, el bachaqueo, la escasez, etc. Educar aplicando el principio de aprender haciendo, creando, compartiendo unificándonos en el hacer. El trabajo político con el pueblo no chavista es vital. No hay una política hacia él, ni siquiera lo tomamos en cuenta. Denunciar la naturaleza del imperio, las violaciones cotidianas a los derechos humanos en EEUU, las cifras de pobreza, la esclavitud en las cárceles al servicio de las grandes corporaciones. La naturaleza del neoliberalismo y su incongruencia con la democracia, los derechos humanos y la paz. Derrotar uno de sus éxitos: convertir la vida cotidiana en un infierno. Ganar la batalla en el campo simbólico, los signos y significados, que perdimos el 6-D.

Radical es lo que contribuye a que la gente piense con cabeza propia, lo demás es paternalismo oculto con un lenguaje “radical”.

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