Opinión

Autor: Maryclen Stelling

02:15 pm
23
May
2016

A medida que avanza y se agrava la confrontación entre Gobierno y oposición, el sistema de amenazas entre uno u otro grupo ha ido dando paso a formas cada vez más violentas…

Se implanta entre las dos fuerzas políticas una estrategia discursiva de legitimación-deslegitimación que, en ocasiones, distrae y traspapela la real confrontación.

A raíz del 6-D, la MUD “como fuerza que hoy representa a una amplia mayoría electoral”, emprende una campaña de cuestionamiento a la legitimidad del poder político. Estrategia que desafía la estabilidad del orden vigente, legitima y promueve acciones de desobediencia civil. Claramente reta la estabilidad del orden político y obliga al uso de medidas coercitivas.

El Gobierno enfrenta desde diferentes ámbitos las amenazas desestabilizadoras. Apela a la obediencia del orden legítimo, fortalece la cohesión interna de “las fuerzas revolucionarias” y mide fuerzas en el escenario simbólico-discursivo deslegitimador del adversario.

Convertido el revocatorio en prioridad y punto de honor para oposición y Gobierno, ambos grupos se abocan a deslegitimar política y moralmente al adversario.

Desde la MUD se profundiza la arremetida contra la legitimidad del gobierno y la figura del presidente Maduro. “El Gobierno solo busca salvarse a sí mismo y no al país” y “a Maduro no lo salva ni un milagro”. “El Gobierno juega con fuego al frenar el revocatorio”, “la presión social va subir no porque lo busque la MUD” y “el pueblo no abandonará la calle hasta que se logre el revocatorio”.

El Gobierno legitima su posición frente a sus adversarios nacionales y la comunidad internacional. “Maduro no va a salir, aquí no habrá referendo”; “ellos saben… porque, primero lo hicieron tarde, segundo lo hicieron mal y tercero cometieron fraude”. “La oposición quiere ganar tiempo para generar un caos en el país que justifique un golpe de Estado con apoyo internacional”, y “tendrán que matarnos a todos antes de darnos un golpe parlamentario”.

Paralelamente, ambos sectores coinciden llamar al diálogo, suerte de deber ser, que sin embargo no logra ocultar las agendas políticas y los verdaderos intereses en juego. Se trata de un discurso de paz negativa, discurso guerrero que pretende legitimar las acciones de cada grupo en procura de su visión de paz, que expresa sus verdaderos intereses políticos o de otro orden.

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