Opinión

25
Ene
2016

Yo puedo entender perfectamente que Leopoldo López quiera fugarse de Ramo Verde. Tampoco es difícil asimilar que su esposa y todos sus familiares quieran poner su granito de arena en el plan de escapatoria. Trece años “puese” pecho no son conchas de mandarina a pesar de que más de la mitad del país esperaba que fueran mucho más a consecuencia del guarimbeo de 2014 que significó 43 pérdidas de vida, y más de 20 mil millones de bolívares.

Pero que hasta la toalla sanitaria de la cónyugue del monstruo (así le dicen Diosdado y un gentío), haya salido a flote, es el colmo de la poca monta de estos jefes del terrorismo nacional.

La planificación del reo y de Churra, a ciencia cierta, fue muy pobre. Intentar tender una celada a quien de celadas sabe tanto que con ello se gana la vida, es como pretender enseñarle a Carlos García cómo se dirige un equipo de beisbol. O, peor aún, soñar con dar clases de boxeo a Muhammad Alí o de salsa al diablo Oscar D’ León.

El dramón de Churra fue tan epiléptico que no tiene carne ni para hacer una telenovela barata, y pues, como era de esperarse, el coronel José Viloria Sosa procederá legalmente según anunció.

Lo entendemos: no todos tenemos la paciencia de calarnos un culebrón tan mal “montao” como ese. En su caso, yo tampoco la pelo.

El mismísimo Chapo, quien obviamente disminuye moralmente en torno a la materia, debe estar avergonzado sobre tan balurdo manual que para dejar el pelero redacta -en coautoría- su también desmoralizado colega presidiario venezolano.

Este nuevo capítulo de tan pésima factura no ha culminado aún, pero hace recordar otro que también arrancó alta audiencia entre los fiebrúos del “arte” de la chismografía política-farándulera.

Sólo el tiempo dirá cuál de los dos tuvo más sintonía: si el de Pato-Chataing o el de Churra.

¡Chávez vive…la lucha sigue!

Hoy Venezuela

 

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