Opinión

Autor: José Vicente Rangel

11:43 am
20
Abr
2015

1 La región latinoamericana y caribeña cambió. Ya no es el “patio trasero” de la política imperial de EEUU. Lo cual no significa que sea antinorteamericana. Si algo quedó claro en la VII Cumbre de las Américas, es la distinción entre imperio y pueblo. Aun en los discursos más vehementes sobre las fechorías imperiales, pronunciados durante el desarrollo del evento, siempre estuvo presente el deslinde. El señalamiento inequívoco de que una cosa es la estructura del poder imperial, el sistema como tal y, otra, el pueblo norteamericano. Para mí, este dato constituye una evidencia más del grado de madurez de las fuerzas críticas, antiimperialistas de la región.

2 Pero no se observó igual claridad en la representación de la otra región: EEUU y Canadá. El presidente Barack Obama fue deliberadamente ambiguo y distante. No tuvo ni la lucidez ni el coraje suficientes para recoger en su discurso -y en su actividad de pasillos- los supuestos cambios que pretende imprimirle a la política exterior de su país hacia Latinoamérica y el Caribe. Sus palabras reflejaron más bien temor, inhibición. Ejemplo: lejos de abordar el tema más candente de la agenda -el de Cuba estaba resuelto y encausado-, como es la amenaza contra Venezuela de la orden ejecutiva suscrita por él, guardó un sospechoso silencio. Agravado por el desplante de abandonar el salón de sesiones justo cuando se disponían a hablar los presidentes Maduro, y una dama, Cristina Fernández. La gravedad de esta actitud elusiva contrastó con el rotundo rechazo colectivo -33 de 35 países- a la medida y al reclamo de su derogatoria.

3 ¿Cómo compatibilizar un pronunciamiento injerencista, arrogante, típicamente imperial, enmarcado en la más sórdida tradición de EEUU, con el anuncio de una “nueva política hacia la región”? Razón tuvo Raúl Castro cuando en su intervención -que sí se caló Obama-, manifestó que a los cubanos no tenían nada que explicarles en materia de agresiones como la planteada contra la revolución bolivariana, porque ellos las habían padecido todas. Pero el colmo de la actitud del Presidente norteamericano es que lo que omitió -le sacó el cuerpo- en su discurso y declaraciones a los medios, sí lo dijo, tajantemente, una funcionaria de su gobierno de menor rango, la señora Roberta Jacobson: “que la orden ejecutiva de Obama del 9 de marzo de 2015 no sería derogada”. En síntesis, una cara de Obama respecto a Cuba y otra cara respecto a Venezuela. ¿Cuántas caras tiene el personaje?

La dignidad de los pequeños

Latinoamérica y el Caribe han ganado mucho terreno en el fortalecimiento de su soberanía y en la toma de conciencia de lo que son. Hay en ellos una identidad reforzada y en expansión. Lo demostraron en la Cumbre de Panamá. Los gobiernos caribeños, por ejemplo, dieron un ejemplo de seriedad y responsabilidad. Hasta no hace mucho eran objeto de desprecio. Sus críticos consideraban que disfrutaban de una condición de estados sin asidero real. Pero ahora se demostró lo contrario. Cuando el vicepresidente de EEUU, Joe Biden, los citó a Washington y les leyó la cartilla de la humillación, donde figuraba la entrega oportunista de recursos a cambio de que se desvincularan de Venezuela y rompieran las amarras con Petrocaribe, rechazaron el planteamiento. Igual pasó con Obama: estuvo en Jamaica horas antes de la cita panameña y fracasó. Es decir, que la versión divulgada en Venezuela por la oposición de que la política caribeña de Chávez se fundamentaba en la chequera petrolera, quedó desvirtuada. Son pueblos y gobiernos dignos, que ni se venden ni se compran. En bloque se solidarizaron con Venezuela y condenaron la inefable orden ejecutiva de Obama. Los gobiernos norteamericanos tienen que aprender de estos pequeños países si quieren adelantar políticas diferentes a las que hasta ahora han realizado en la región. Conclusión: cuando los pequeños dan lecciones a los grandes, las cosas no andan bien para los grandes.

Laberinto

Venezuela, ¿es o no es una amenaza para EEUU? La duda la introdujo el propio Obama y sus voceros. La orden ejecutiva, o mejor, la orden imperial del 9 de marzo de este año, la del “YO, BARACK OBAMA, determino que Venezuela constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de EEUU”, por lo cual se declara “una emergencia nacional a los fines de hacer frente a dicha amenaza”. Más claro, imposible…

Pero ante la reacción internacional y la contundente respuesta del presidente Maduro y el pueblo venezolano, Obama y su equipo arrugaron. ¿Cierto o no? Primero lo hicieron algunos voceros del Departamento de Estado y, luego, en pleno desarrollo de la Cumbre, el mismísimo Presidente norteamericano expresó, paladinamente, que Venezuela no es amenaza. ¿Dónde está la verdad, en la orden del 9 de marzo firmada por Obama, o en las declaraciones posteriores con las que se pretende aclarar la situación?…

A simple vista se pudiera decir que la Casa Blanca incurrió en un error cuando calificó, a priori, de amenaza contra EEUU a Venezuela; pero sería insólito que un Gobierno que cuenta con tantos recursos para analizar situaciones específicas y adoptar políticas, haya incurrido en un exabrupto que le costó que toda Latinoamérica y el Caribe rechazaran el adefesio jurídico y político suscrito por Obama, y que éste concurriera a la Cumbre en condiciones incómodas…

Detrás de esta contradicción -no es temerario decirlo- tiene que ocultarse algún oscuro designio que, por cierto, es algo característico de las decisiones imperiales. ¿Acaso la “nueva política” de EEUU hacia la región cambia porque se le tienda la mano a Cuba y, simultáneamente, se le aplique una de corte similar, brutalmente injerencista, a Venezuela? ¿Es nuestro país el trofeo que Obama ofrece a los halcones norteamericanos, al Congreso dominado por los republicanos?…

Sospecha es lo menos que suscita esta actitud de Obama. La orden presidencial del 9-M es una granada que puede explotar en cualquier momento y en cualquier otro país. El argumento de que se inscribe en un formato genérico y que la sanción solo afecta a 7 venezolanos, es banal. Es una excusa para tontos. Porque su aplicación, luego de las presidenciales de noviembre 2016, no estará en manos del actual gobierno sino, probablemente, de uno republicano, el sector ultra que ya controla el Congreso. ¿Otra cara del actual huésped de la Casa Blanca? ¿Desentenderse del futuro delegando en otros?…

Felipe González, ex presidente, dirigente del Partido Socialista y lobbysta compulsivo, aparte de exhibir su vanidad por el mundo anunciando que defenderá a Leopoldo López, se dedica últimamente a polemizar con Podemos, el partido insurgente de España. Su líder, Pablo Iglesias, aceptó el reto y le dijo que se parecía mucho al ultraderechista Aznar en eso de acumular asesorías de consejos de administración de grandes empresas españolas, lo cual llama “puerta giratoria”, porque siempre se está en la pomada, unas veces en Repsol, otras en Gas Natural y así sucesivamente…

Eduardo Galeano no solo fue un gran escritor, un maestro de generaciones, sino un activo militante de la paz y de la causa de los derechos humanos. Siempre levantó su voz a favor de los humildes. Con sentido de compromiso. Con coraje y valor. Una vez escribió: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. Paz a su alma.

 

Hacer un comentario.



Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten.

Patriagrande no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicar aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos.

Comentarios