Opinión

Autor: Beltrán Haddad

10:17 am
25
Abr
2016

Me pregunto: ¿de qué sirve la Ley Orgánica de Precios Justos si permitieron que la violaran al nacer? Entró en vigencia y no la cumplen. Con ella, los empresarios justifican el acaparamiento y la baja producción de bienes regulados, la escasez y el mercado de la especulación. Este país, por desgracia, siempre ha sido azotado por la especulación y por quienes crean las llamadas “tendencias de demanda” al restringir la oferta, esconder el producto, provocar su escasez y aumentar los precios. Es una situación que últimamente ha llegado a límites escandalosos e insoportables. Pero hay algo más: esa ley entró en vigencia en un momento de subversión política en Venezuela y es tomada por la oposición y sus empresarios como un instrumento para adversar y derrocar al gobierno de Maduro, tal como pretendieron hacerlo con Chávez. Igual como lo hicieron con Allende. El nuevo condimento que lleva en Venezuela es el “golpe suave”.

El acaparamiento, la especulación o la ocultación de alimentos en la vida del venezolano se asemeja a la forma en que actúa el crimen organizado. El “bachaqueo” no es un fenómeno casual ni fortuito. Es algo que se convirtió en estructurado para el negocio, la conspiración y la burla de la ley. Pareciera que el control de precios se les fue de las manos al gobierno bajo una acción conspirativa de golpe suave. Lo digo porque sigo viendo las “colas bachaqueras” y nadie hace nada. ¿Qué demonios está pasando o de qué me hablan que pasará?

La construcción del socialismo en el país pasa por momentos difíciles, pero son superables. Hay que decirle a la gente que el socialismo no es escasez, ni desabastecimiento ni especulación. Es antiimperialismo. Al que aspiramos y se construye es un socialismo eminentemente humanista y bajo la democratización de las relaciones de producción; pero también les digo que en revolución pacífica, hecha de votos, la construcción del socialismo se hace un poco más largo, necesita más tiempo en la medida en que se va desprendiendo de lo viejo, asoma la conciencia del deber social y transforma la estructura institucional. El que se construye en Venezuela ya no tiene vuelta atrás, por más conspiraciones que se produzcan o guerras económicas que le declaren al gobierno. Pero les digo una cosa: hay que aplicar la ley, cueste lo que cueste.

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