Opinión

10
Nov
2015

Siria, un país con muchas perspectivas, ahora está en ruinas. Su industria está destruida en un 80%, mientras la producción de petróleo se redujo en un 45%. Hace poco el país era uno de los líderes del mundo árabe. Su economía avanzaba con éxito y era una nación autosuficiente e independiente. Pero este estado natural de las cosas no le convenía a EE.UU. y había que inventar algo para cambiar la situación. A continuación encontrará todos los detalles.

Además de las reservas y el potencial del país árabe, Siria es una plataforma estratégica donde colisionan los intereses de EE.UU. En particular, los planes ambiciosos del presidente Bashar al Assad para transformar a Siria en un nuevo centro de energía en Oriente Medio con la ayuda de Rusia no daban tregua a EE.UU.

Cuando se trata del lucro, todos los métodos valen para EE.UU.

A finales de la década del 2000 Damasco planeaba construir dos nuevas plantas de procesamiento de gas en la zona de Palmira con un ciclo de más de 2.000 millones de metros cúbicos de gas purificado al año y en el área de Raqqa con una capacidad anual de más de 1.000 millones de metros cúbicos y más de 40.000 toneladas de gas natural licuado. No es ninguna casualidad que estas ciudades ahora estén ahora en poder de los terroristas del Estado Islámico e incluso Raqqa fuera proclamada capital del califato.

Otro proyecto irritante para EE.UU. fue el acuerdo de 10.000 millones de dólares firmado por Irak, Irán y Siria en 2011 sobre la construcción de un gasoducto con capacidad de 110 millones de metros cúbicos de gas al día. El proyecto estaba previsto para el año 2016. Además, poco antes del estallido de la guerra, Al Assad propuso el concepto ‘Estrategia de los cuatro mares’ donde Siria ocuparía un lugar central y sería el único gran país árabe, con acceso al mar Mediterráneo, es decir, acceso a Europa y el Atlántico.

El proyecto preveía la construcción de gasoductos para conectar los mares circundantes de Siria alrededor del perímetro del Levante: el Caspio, el Mediterráneo, el mar Negro y el golfo Pérsico. En la práctica esto significaría la unión de Siria, Irán, Turquía y Azerbaiyán en el sistema de transporte de gas y petróleo con el único acceso al mar Mediterráneo. El proyecto suponía la participación de varias empresas rusas, pero las compañías de Europa y EE.UU. no fueron invitadas. Otra ‘coincidencia’ es que las principales ciudades por las que deberían haber pasado las nuevas tuberías -Homs, Damasco y Alepo- hoy también están bajo el control o asedio constante de los terroristas.

Muchos expertos comparten la opinión de que existen motivos económicos latentes que EE.UU. persigue en Siria. Así, el director del departamento de análisis del grupo de inversión Nord capital, Vladímir Rozhankovski, señala que aunque Siria no es un proveedor y exportador de petróleo, al lado se encuentra Irán, y diversos territorios sirios cumplen una importante función desde el punto de tránsito energético. “Hasta hace poco, Siria ha sido uno de los pilares de la estabilidad en Oriente Medio”, destacó el analista.

Siempre el petróleo

Otro detonante de la prolongada guerra en Siria fue un acuerdo en 2013 entre Moscú y Damasco para desarrollar nuevos yacimientos de petróleo, de nuevo sin la participación de las multinacionales occidentales.

Además, Siria quiere convertirse en un nuevo miembro de la Unión Económica Euroasiática y crear una zona económica especial. El primer ministro sirio, Wael al-Khalq expresó la esperanza de que Rusia respondiera positivamente a la petición del Gobierno sirio y apoyara la posición de Siria “para hacer frente a los ataques violentos, incluyendo las sanciones económicas injustas impuestas por Occidente”.

Lo que hace ahora EE.UU. en Siria -apoyar a los rebeldes ‘moderados’, liderar una colaición internacional ineficaz contra el EI y alistarse para que 50 de sus soldados pongan las botas en territorio sirio- tiene un sólido trasfondo económico y solo el tiempo mostrará a qué nuevos trucos recurrirá el país norteamericano para alcanzar sus objetivos.

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