Opinión

Autor: Gino González

10:59 am
03
Dic
2015

En el pasado votar no era un derecho, era una obligación. A los pobres nos obligaban a votar para mantener el poder de los dueños, quienes lo ejercían contra nosotros con toda dureza, sin contemplaciones. No importa por quién votáramos, el resultado siempre era el mismo: los dueños seguían mandando sin importar cual fuera el gobierno o el color de sus partidos.

Se nos multaba, no podíamos conseguir trabajo, podíamos ir presos. Votar en ese entonces era una obligación. Pero, caso extraño, la resistencia a votar era una posición política, que colectivamente no lo teníamos como conocimiento. Tanto era así que los partidos en sus campañas usaban nuestras necesidades para controlar porciones de pobres que justificábamos las elecciones. Para ello se valían no sólo de la demagogia engañosa, como besar viejitas, niñitos mocosos y hasta se quedaban una noche en un rancho, sino que también se dedicaban a regalar láminas de zinc, sacos de cemento, bolsas de comida, cupos para medicinas, cupos en las universidades, cargos de suplentes en la administración pública, sea en hospitales, escuelas, liceos, universidades, de acuerdo con el rango de la pobreza. En muchos casos, después de las elecciones, a la mayoría de incautos nos dejaban entendiendo.

Después de 1989 la realidad política cambió radicalmente. Se desencadenaron hechos como el 4 de febrero de 1992, en donde pudimos centrar esfuerzos, mancomunarnos en torno a una dirección política que tenía un plan distinto al de los dueños, era gente como nosotros, venidos de la pobreza, con un sentido de pertenencia de clase, con la claridad de cuál terreno peligroso estaban pisando y a partir de ahí nos convidaron a la compañía. No nos ofrecieron villas, ni castillos, ni riquezas, ni varitas de soluciones mágicas para lo inmediato. Quien serenamente revise esta historia, honestamente, lo sabe por cuerpo propio.

Nos ofrecieron simplemente sacar al país del atolladero en que se encontraba y para ello nos dieron la alternativa de crear una nueva constitución. Necesitábamos entonces elegir a un presidente que le diera cumplimiento a la promesa, este presidente fue elegido por nuestros votos sin sacos de cemento, sin latas de zinc, sin bolsas de comida, sin cupos, sin cargos, sin obligaciones. Por primera vez votamos porque nos dio la gana, y los besos y los abrazos se daban porque amor con amor se paga y con mucho frenesí; así hemos seguido votando en 19 elecciones, sólo hemos tenido una equivocación, porque más pudo la cobardía, la ambición, la ignorancia, el hambre de la clase media, que la vocación histórica de este pueblo que somos.

Votaremos por nuestra historia, por no más dueños, por no más capitalismo

El hombre ganó y apenas se juramentó firmó el decreto llamando a constituyente, de aquí palante la historia es harto conocida; a partir de que se intentó dar cumplimiento a la constitución, se confabularon todos los dueños del planeta contra el gobierno del Comandante: golpes de Estado, paro petrolero, sabotajes terroristas de todo tipo a la infraestructura económica, asesinatos de campesinos, obreros, indígenas, dirigentes políticos, guarimbas con sus respectivos asesinatos, desconocimiento a la nueva constitución, narcoparacos intentando desestabilizar, y por último la gran guerra económica que nos están imponiendo no sólo por las 49 leyes habilitantes que le devolvían el territorio al país, las aguas, la minería y las empresas privatizadas por el gran capital, sino que también reaccionaban por su enorme temor de los dueños de que construyamos otro modelo de sociedad.

Hemos plantado batalla a los dueños, ha sido duro, hemos abonado con vida las victorias, incluido el padre invicto en las batallas, pero ellos han cosechado su pérdida, la dolorosa pérdida de su riqueza, porque a un dueño no le duele la vida, al contrario la exprime y luego que obtiene riqueza vota la vida como un bagazo.

Nosotros los pobres no haremos la historia con los traidores, con los blandengues, con los vendepatria, con los arribistas, con los codiciosos, con los cobardes, con los que se creen más sabios que nosotros, con los que creen que pueden manipularnos, vendernos, con los que se cansan y no tienen la honestidad de reconocerlo.

Nosotros nunca habíamos decidido qué hacer en la historia. Eso siempre lo han hecho los dueños. Pero a partir de esta revolución que nadie más escriba la historia por nosotros, porque si somos nosotros el motor de la historia, nosotros también la decidiremos y por eso este 6 de diciembre, sin duda alguna, con la alegría de sabernos en razón, votaremos por nuestra historia, votaremos por no más dueños, no más capitalismo, no más humanismo; votaremos por nosotros, votaremos por mantener el gobierno que decidimos darnos, votaremos por la responsabilidad, por la lealtad, por los afectos que sublimamos en Hugo Rafael Chávez Frías y lo escribimos con todas las letras para que les arda hasta el infinito, porque nos rescató el don de gente que los pobres siempre habíamos tenido y que los dueños habían envilecido.

Misión Verdad

 

Hacer un comentario.



Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten.

Patriagrande no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicar aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos.

Comentarios