Opinión

Autor: Julio Escalona

12:48 pm
01
Jun
2016

El presidente Maduro y sectores del pueblo resisten. Hay un proceso de desilusión que no debe convertirse en desesperanza

El Washington Post lo anuncia. El West Texas Intermediate sube a $49,35 y el Brent a $50,09. Ello se debe a “la disminución de las reservas de Estados Unidos, el aumento gradual del consumo mundial y la disminución constante en la producción de petróleo de esquisto en EEUU”. Esto sería un alivio, pero no debemos confiar en este camino. No depende de nosotros.

La crisis nunca había sido tan compleja. Obama nos declaró enemigos, llamó a derrocar al presidente Maduro; el jefe del Comando Sur del ejército de EEUU declaró que si había una crisis humanitaria, EEUU intervendría militarmente; la agresión contra Venezuela se ha multiplicado: la escasez inducida, la hiperespeculación, las colas, el bachaqueo; la agresividad del capital privado encabezada por el grupo Polar; la guerra psicológica, la guerra mediática, la guerra impulsada desde las neurociencias para “lavarles” el cerebro a los venezolanos y destruir los imaginarios inspirados en la solidaridad; las políticas dirigidas a colocar al pueblo en estado de shock para que “lo políticamente imposible se haga políticamente inevitable” (Friedman). Ahora Uribe, jefe paramilitar, llama a que nos invadan; Rajoy, presidente español, nos declara enemigos. El paramilitarismo desde la frontera y dentro asesinando y desestabilizando.

El presidente Maduro y sectores del pueblo resisten. Hay un proceso de desilusión que no debe convertirse en desesperanza. El discurso oficial aún no capta plenamente la realidad de la calle. No se siente al gabinete vibrando con el pueblo. La información es deficiente: sobre el revocatorio ha sido lenta y pone al Gobierno a la defensiva, como si no lo quisiera. La Polar lanza una ofensiva mediática donde el Gobierno y el control cambiario parecen los responsables de todo. No se responde. Hay que retar a Mendoza a un debate para demostrar cómo se ha enriquecido especulando con la renta petrolera, que es un parásito milmillonario a costa del Estado y el pueblo, y llevar este tema a la calle para conjurar el rentismo, desenmascarar a los banqueros e importadores como responsables de la crisis y a la corrupción como facilitadora. No basta con marchar. Hay que debatir y educar en plazas, liceos, fábricas, barrios, universidades, TV… Toda Venezuela una escuela para derrotar la dictadura mediática, el sicariato paramilitar y el lavado de cerebro.

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