Opinión

Autor: Pedro Antonio García

11:32 am
22
Jul
2015

Tal vez cuando Fidel pronunció la célebre frase, al terminar de redactar la carta de pésame a Frank País por la muerte de su hermano Josué y de los valiosos combatientes Floro Bistel y Salvador Pascual, que todos los combatientes del Ejército Rebelde suscribieron, el Che recordó, como en muchas otras ocasiones, la noche en que conoció al líder histórico de la Revolución en la capital mexicana. “Nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche —en la madrugada— era ya uno de los futuros expedicionarios”, rememoraría años más tarde.

Por aquellos días le oyeron decir: “Tenía razón Ñico (López) en Guatemala cuando nos dijo que si algo bueno se ha producido en Cuba desde Martí, es Fidel Castro; él hará la Revolución. Concordamos profundamente… Solo a una persona como él estaría dispuesto a ayudarle en todo”.

Aunque la responsabilidad que se le asignó al doctor Ernesto Guevara era como médico de la futura expedición, asumió el entrenamiento militar como un soldado más. Ya en suelo cubano, durante el combate de Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956, se vio ante un dilema. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas. Che soldado prevaleció sobre Che médico.

Aunque la responsabilidad que se le asignó al doctor Ernesto Guevara era como médico de la futura expedición, asumió el entrenamiento militar como un soldado más.

Luego, en Llanos del Infierno (22 de enero), sus compañeros lo vieron arrastrarse en medio de la balacera hacia una posición cercana y regresar a su puesto con un fusil y una canana capturados al enemigo. Según testimonio de Juan Almeida, era un fusil moderno, automático. Y el Che le dice: “Vos quédate con él, eres mejor tirador, es para ti”.

No por sus deberes de soldado abandonó por completo la medicina.

Tras el victorioso combate del Uvero, junto con el médico militar del cuartel, que tenía una herida en el cabeza, primero lo atendió a él y entre los dos atendieron a los heridos, tanto a batistianos, que eran más numerosos, como a rebeldes. Algo que impresionó a adversarios y compañeros fue cuando el argentino se inclinó ante un muchacho mortalmente herido y le dio un beso en la frente, pues sabía que inexorablemente fallecería.

Leonardo Tamayo (Urbano, años más tarde, en la guerrilla boliviana) conoció al Guerrillero Heroico en los días de la Sierra Maestra, donde también combatió a su lado. “No se creía superior a nadie ni reclamaba más porque fuera el jefe de la Columna. Para él un hombre se distinguía de otros por sus principios morales, su ideario patriótico y su valor personal. Comía lo mismo que sus hombres. La comida era un pedazo de plátano y dos cucharadas de miel. Se vivía a la intemperie y se dormía en hamacas de saco cubiertas con nylon para protegerse del rocío y de la lluvia. En mi primer combate junto a él, comprobé cómo disparaba de pie o de rodillas y estaba en la primera línea, lo que nos inspiraba a pelear con heroísmo”.

Columna cuatro

En julio de 1957 Fidel decidió crear una nueva columna y encargó para su jefatura, con el grado de capitán, al Che. También eran incorporados a esa fuerza y ascendidos a capitanes, Ciro Redondo y Ramiro Valdés, ambos a cargo de sendos pelotones. El nuevo destacamento guerrillero estaba constituido por 75 combatientes en total, mal armados, descalzos en su mayoría, algunos semidesnudos. Los otros rebeldes comenzaron a llamarlos “los descamisados”.

Varios de sus fundadores, en diálogo con un periodista, rememorarían años después: “Lo primero que hacemos es una práctica de tiro. Solo Ciro da en el blanco. El Che se para sobre una piedra y con esa ironía tan suya dice: ‘Tengo a la gente lista para el combate’”.

Por aquellos días (21 de julio de 1957) se redactó la ya mencionada carta a Frank, suscrita por todos los rebeldes, cada uno en sus respectivas columnas. Al poner los grados de los integrantes de la Cuatro, Fidel señaló en el espacio que estaba junto al nombre del Che: “Ponle comandante”.

En opinión de Fidel, el Guerrillero Heroico “ya a partir de aquel instante descollaba como un jefe capaz y valiente, de ese tipo de hombres que cuando hay que cumplir una misión difícil no espera que le pidan que lleve a cabo la misión […] Fue así como se ganó los grados de Comandante y de jefe de la segunda columna que se organizara en la Sierra Maestra; fue así como comenzó a crecer su prestigio, como comenzó a adquirir su fama de magnífico combatiente que hubo de llevar a los grados más altos en el transcurso de la guerra”.

 

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