Opinión

Autor: Earle Herrera

02:04 pm
03
Jun
2016

Lo que aprobó antier la AN también será registrado por la historia, con la nada honrosa distinción del parlamento de la indignidad

La inefable mayoría circunstancial de la Asamblea Nacional aprobó el marte 31 de mayo un acuerdo para apoyar las groseras injerencias de Almagro en Venezuela y su pretensión fanática de aplicar al país la Carta de la OEA. Difícil encontrar un antecedente más vergonzoso en la historia del parlamento. El país se enteró estupefacto de los “argumentos” de la oposición en su intento de “justificar” el bochorno. Para dar el siguiente paso contra la patria de Bolívar, EEUU solo espera la decisión de la OEA.

La historia, al respecto, es un libro abierto. Hace 56 años la OEA procedió a aislar a Cuba en el continente. EEUU y el gobierno puntofijista de Venezuela tuvieron en ello un rol protagónico. Pero, ¡sorpresa! El canciller venezolano, en la cumbre de San José de Costa Rica, se negó a acatar la orden del imperio y del presidente Rómulo Betancourt y no apoyó la resolución. Por supuesto, Betancourt lo destituyó, pero la historia registra el nombre de Ignacio Luis Arcaya como el Canciller de la Dignidad.

Lo que aprobó antier la AN también será registrado por la historia, pero con la nada honrosa distinción del parlamento de la indignidad. La resolución contra Cuba en 1960 fue el preámbulo de su expulsión de la OEA y del bloqueo criminal que Estados Unidos le impondría durante más de 54 años. Todos los lacayos de entonces que todavía viven fueron testigos cuando hace poco el señor Barack Obama hizo una terrible confesión: “El bloqueo fue un fracaso”.

Quienes piensan que el pueblo venezolano esperará 50 años para que algún presidente del imperio reconozca que la Operación Almagro, apoyada por la AN, fue un fracaso, se equivocan. Será otro país el que legaremos a nuestros hijos y nietos: la patria que se rebeló el 19 de abril de 1810, se declaró independiente en 5 de julio de 1811 y selló el 24 de junio de 1821, en Carabobo, el juramento de nunca más volver a ser colonia.

Patria soberana que solo acata dos cartas: la Carta de Jamaica, escrita por el Libertador Simón Bolívar en 1815, y la Carta Magna, aprobada en referéndum por el pueblo de Venezuela el 15 de diciembre de 1999.

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