Opinión

13
Ene
2016

Luego de enfrentarnos por primera vez en Revolución ante un escenario innegablemente adverso, nos descubrimos en plena diatriba: o nos cruzamos de brazos ante la crisis o, por el contrario, asumimos esa crisis como una oportunidad.

De allí que líderes y expertos han resaltado el hecho de que perder de forma aplastante la mayoría chavista en la Asamblea Nacional, más que una derrota política es una derrota electoral. Esa es su justa dimensión.

Ante esta realidad, el llamado de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro ha sido a enfrentar los nuevos retos desde la rectificación, la rebelión y el renacimiento de la Revolución Bolivariana. Los resultados del 6 de diciembre de 2015 fueron producto de la desmovilización de ese pueblo que en otros tiempos estuvo convencido de que el camino del gigante de América Hugo Chávez era el único posible para la Felicidad Suprema.

Por lo tanto, debemos buscar la reunificación, la re-movilización, el despertar del letargo de la guerra no convencional en el plano económico a la que nos han sometido en estos últimos tres años y la cual no hemos sabido derrotar con eficiencia.

Estamos en tiempos de contraofensiva revolucionaria y la comunicación como práctica, profesión y oficio, como agente unificador y estrategia política no escapa de esta necesidad de reimpulsarlo todo. El nombramiento de Luis José Marcano como Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información es un gesto de vital importancia para estos momentos de reorganización de los esfuerzos de millones de patriotas que no dejan doblegar su lealtad absoluta por los efectos de la Guerra Económica; pero también, y esto es muy importante tenerlo en cuenta, de ese otro número importante de venezolanos y venezolanas que perdieron la fe.

Tanto el Presidente como Luis José hablaron de un evidente agotamiento del discurso y la tarea inmediata es trabajar sobre ello. Si bien es cierto que uno de los factores determinantes para nuestra derrota electoral fue lo comunicacional, esto de que nuestro discurso central haya perdido su efecto nos obliga a revisarnos, escucharnos y sistematizarnos para la implementación de una nueva estrategia comunicacional realmente efectiva.

Aquí las primeras acciones de esta nueva etapa: creación del Estado Mayor de la Comunicación, construcción de un claro mensaje en cuanto a lo económico, reducción del aparato burocrático (el Minci vuelve a su estructura original de dos viceministerios), enlace verdadero de plataformas comunicacionales de los entes del Estado, mayor exposición de los debates profundos desde la izquierda, construcción colectiva de estrategias con invitación pública y recepción libre de aportes, articulación de comunicadores comprometidos con la Patria, entre otras tareas pendientes. Lo dijo Luis José desde su cuenta de tuiter: “Estrategia clara, organización eficiente y métodos efectivos, son nuestros objetivos”.

Gracias a estos anuncios por parte del nuevo Ministro, amigo personal de quien doy fe es la viva prueba de los frutos cosechados (nos conocimos desde sus primeros pasos en Venezolana de Televisión como reportero de planta), quienes practicamos la comunicación como derecho, como deber, como tarea hemos despertado del sopor: el clarín de la Patria llama. Así de simple. Luis José nos llama a acompañarlo en este gigantesco reto y somos muchos quienes estamos dispuestos a acompañarlo desde nuestras propias trincheras.

En esta primera etapa de reunificación y construcción colectiva, resulta clave sistematizar nuestras opiniones y consideraciones para mejorar nuestra manera de comunicar. Se agotó el tiempo, así como el discurso, de la catarsis por redes sociales sin dejar saldo organizativo. Es tiempo de decir: manos a la obra, y bajarle dos a la quejadera desordenada. Llegó la hora de sentarnos a construir responsablemente.

En mi caso, la manera de brindar algunos aportes (sin inventar el agua tibia) es por escrito. Y de allí este par de humildes reflexiones (por ahora):

Informar sin miedo

Para Ignacio De La Cruz, en su libro Bolívar y su concepción del periodismo, “la sociedad tiene derecho a conocer todo cuanto ocurre y la afecta. Únicamente sobre esa base puede adoptar una conducta adecuada frente a los acontecimientos”. Desde este punto de vista, impedir el acceso al hecho es una manera de negar lo evidente. Y eso genera, inevitablemente, descontento en un pueblo con libre acceso a las tecnologías, sobre todo a las redes sociales, y que ha aprendido a informarse con inmediatez en soportes no tradicionales.

No es secreto para nadie que han sido muchas las críticas sobre la manera de informar de los medios de comunicación públicos: sólo resaltar lo positivo en defensa de la gestión no es suficiente. La invisibilización de la crítica constructiva y la denuncia ha generado malestar. Estemos claros en eso. Pretender ser perfectos cuando tenemos fallas evidentes es uno de los tantos objetos agotadores de nuestro discurso chavista.

En este sentido, Paul-Louis Bret nos habla de “el derecho del público al hecho”, que para Wesley C. Clark “es el derecho a conocer las cosas que son necesarias para la supervivencia y la búsqueda del bienestar”. Si en estos últimos tres años no hemos logrado combatir la Guerra Económica ¿para qué ocultarlo?, si igual en esta nueva etapa de la Revolución Bolivariana lo estamos reconociendo: nos hemos equivocado, necesitamos rectificar. El pueblo necesitaba escucharlo desde hacía mucho tiempo.

De aquí caemos en lo importante de la forma de decir las cosas, no sólo el hecho noticioso en sí mismo, sino la manera de comunicar ese hecho. Para Ignacio De La Cruz “el tono consiste, precisamente, en la adecuación del estilo a la materia, al momento, a los estados de ánimo. Cuando no se da esta correspondencia, el estilo es artificioso, y esta disonancia es también fuente de inexactitud, se falsea la realidad: se abulta lo que es pequeño y sin importancia, o se minimiza lo que de suyo es relevante”.

Si el pueblo ha sido sometido a una constante de extenuación con las largas colas para comprar comida, la búsqueda angustiante de productos ante la escasez, y el miedo a no poder cubrir los gastos de sus necesidades básicas ante la especulación, ¿no generaba mayor resentimiento utilizar un tono que no correspondía al estado de ánimo colectivo? No se trata de dejar de informar los logros alcanzados gracias a la Revolución, de dejar de contrastar realidades, de dejar de defender el legado del Comandante Eterno Hugo Chávez; pero tampoco de practicar una especie de “finge demencia” y darle la espalda a la realidad de las aceras. De esta manera, nuestros esfuerzos por fiscalizar las medidas tomadas por el Ejecutivo y la contraloría social a la que siempre nos llama el Presidente quedaron invisibilizados ante los pañitos de agua caliente y los constantes sacrilegios practicados por la derecha.

Con Luis José como presidente de Venezolana de Televisión y Jordan Rodríguez en importantes tareas de dirección en el canal, estos esfuerzos dieron sus primeros pasos. Sus amplios y valientes reportajes desde la frontera colombo-venezolana demostraron que venían con todo a comunicar con fuerza. Otro programa de Jordan llamado Yo me pregunto, también es una excelente iniciativa.

Pero, y me hago del lugar común, hace falta más. Mucho más. Estamos en tiempos de osadías y ahora que sabemos que hay una luz al final del túnel comunicacional de la Revolución Bolivariana, hay que acelerar el paso sin timidez alguna.

Romper esquemas

Todo tiene su justa medida, ni tan calvo ni con dos pelucas solemos decir. Hacerse de los elementos exitosos de los monopolios de la comunicación privada y ponerlos en práctica con nuestros contenidos pudiera ser una forma, pero no el camino definitivo. Adoptar la jerga farandulera para ganar sintonía no es la solución. Tampoco mezclar farándula con política en tono jocoso para ganar por retruque nuevos seguidores. Si bien es cierto que debemos pensar en la segmentación de públicos y reconocerlos, tampoco hay que repetir como loros las fórmulas de los más endemoniados laboratorios del marketing mundial.

Pero de que tenemos que romper esquemas, tenemos que romper esquemas. Es una de las mayores urgencias para trascender a lo comunicacional como problema estructural del escenario adverso que enfrentamos en estos momentos. Recordemos a Vicente Romano en La violencia mediática cuando nos explica que la comunicación puede ser instrumental o cognitiva. Instrumental cuando está al servicio de personas y fines determinados, y cognitiva cuando se usa para aumentar el conocimiento. ¿Qué pasa con esto?, que dependiendo de la razón comunicacional podemos emplear maneras de difundir la información. La repetición de formatos aburre y sobre ello debemos organizarnos y construir.

¿De verdad nos preguntamos qué quiere ver la gente en nuestros medios? ¿O sólo respondemos a lo que alguien cree, desde una oficina, que la gente quiere? ¿Cuál ha sido la información primaria para el estudio de audiencias? La comunicación es una ciencia, no nos olvidemos de eso. Y como ciencia debemos estudiarla para ponerla en práctica de forma eficiente.

“Toda comunicación, para ser efectiva, debe realizarse en un nivel de comprensión”, nos dice Ignacio De La Cruz, porque “el lenguaje abstracto plantea dificultades para la comprensión. Es más fácil para el individuo entender lo que puede relacionar con su experiencia primaria. Cuanto más alejado el concepto de esa experiencia, mayor riesgo de error y tergiversación”.

Debemos tomar decisiones urgentes, pero antes de eso debemos sentarnos, mirarnos de frente, escucharnos y convertir nuestra catarsis en documento. Y ese documento ponerlo en marcha. Luego vigilar su funcionamiento y rectificar de frente y sin miedo. Trascender al “ombliguismo” de rigor y saber reconocer a este pueblo empoderado con hambre de ser escuchado, con necesidad de verse reflejado en nuestras pantallas, en nuestras emisoras de radio, en nuestra prensa escrita.

Seguiremos reflexionando y sistematizando, al lado de nuestro Presidente Nicolás Maduro y acompañando a Luis José y su gran equipo de hombres y mujeres comprometidos con la Patria Buena y Bonita que estamos haciendo en cada pequeño y gran accionar. ¡Manos a la obra!

Siete a la Carga

 

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