Opinión

Autor: Fernando Buen Abad

04:57 pm
23
May
2012

“Aló, Presidente” sigue siendo un hito y un referente fundamental en la historia de las experiencias comunicacionales emancipadoras. Sigue rompiendo todos los parámetros y lo recetarios comunicacionales, y sigue en combate con sus factores semióticos, estéticos y políticos empeñados en decir la verdad como nadie más es capaz de decirla, con las maneras y los medios que ningún otro puede o se atreve. Nadie hubiera imaginado que un formato así lograra tanto.

Acaso una de las fuerzas más vivas sea su capacidad organizadora y su poderío como espacio de educación y formación televisada. Es un regalo de claridad política, es un remanso de pensamiento humanista donde se piensa y se habla, se canta, se reflexiona en el amor, se estudian las cuentas públicas, se reclama atención y más trabajo a funcionarios y ministros… “Aló, Presidente” sigue siendo un espacio de acción política donde se permite soñar proyectos y se obliga a entregar resultados.

“Aló, Presidente” logró lo inédito, y eso lo hace ser un objeto de estudio magnífico, un ejemplo de corte mundial y una escuela de comunicación social que deberíamos desarrollar, es decir, multiplicar en muchos otros medios y modos. “Aló, Presidente” debiera ser más internacionalista, reproducirse en las embajadas y en todos los medios al alcance. Es urgente que Venezuela sepa el papel fundamental que juega la Revolución Bolivariana en el mundo, y que el mundo sepa lo que la Revolución venezolana ha construido.

En el conjunto de los aportes que “Aló, Presidente” ha hecho a la Historia de la Comunicación, está su fuerza crítica y autocrítica. Contra todas las operaciones mediáticas que se empeñan en acusar a Venezuela de cancelar o acosar la “libertad de expresión”, “Aló, Presidente” opera como garante y la activa, incluso, en los temas más impensados. La Libertad de Expresión Socialista es uno de sus grandes logros. Eso es un gran regalo que nos llega al mundo entero. “Aló, Presidente” ha madurado y se ha vuelto más fiscal popular y más comandante supremo en la guerra contra el burocratismo, además de liderar la producción de contenidos más poderosa en la vida política venezolana y latinoamericana.

“Aló, Presidente” es herramienta fundamental en la Batalla de las Ideas, que bien pudiera replicar sus alcances con la colaboración de editorialistas del mundo entero, solidarios con la Revolución y dispuestos a contribuir a enriquecer los debates geopolíticos, en los que Venezuela lidera opiniones planetarias. Como lo es la Batalla de Carabobo del próximo 7 de octubre.

“Aló, Presidente” debería ser declarado por la Asamblea Nacional como programa televisivo de interés popular y por eso debería impulsarse un archivo especializado y un centro de investigación y docencia comunicacional, para que no hubiese escuela y centro de formación comunicacional donde no se conociera, con precisión, el aporte de esta experiencia comunicacional y el desarrollo de sus éxitos y sus líneas centrales. Eso es parte de un trabajo indispensable contra la Guerra Mediática Oligarca.

“Aló, Presidente” es un punto y aparte en la experiencia comunicacional a nivel mundial. Es el producto de una gran Revolución Comunicacional en pleno crecimiento. Eso tiene que estudiarse como un fenómeno social que nunca se dio en la historia de la humanidad, ni se vio hasta ahora en América Latina, es decir que un Presidente fuese, también, un líder en comunicación. Un líder que sabe que hay que construir una comunicación distinta a la que estamos acostumbrados, una comunicación coherente con el proceso revolucionario.

Incluso con algunas debilidades, Venezuela es una vanguardia comunicacional que suma logros y que ofrece desafíos fundamentales. En ningún otro lugar se habla con la verdad como se habla en Venezuela, en su Sistema de Medios Públicos y en los Medios Alternativos y Comunitarios. En ningún otro lugar la agenda de nuestras luchas tiene el espacio que tiene en Venezuela. Y eso es un logro gracias al liderazgo de “Aló, Presidente”. Sin embargo falta mucho.

En cantidad y en calidad, todo ese esfuerzo e impulso, aun es insuficiente si vemos las asimetrías permanentes que nos presenta el escenario de la Guerra de IV Generación. Por eso necesitamos más “Aló Presidente”, por eso necesitamos profundizar la Revolución en Comunicación, las escuelas de cuadros en comunicación, la Revolución Tecnológica, la Revolución de los Contenidos… y la Cumbre de Presidentes en Materia de Comunicación Emancipadora donde, atendiendo el espíritu de “Aló, Presidente”, la comunicación sirva para la verdad, sirva para la organización, y sirva para el ascenso de la conciencia. Es urgente

 

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