Opinión

Autor: José Vicente Rangel

01:44 pm
23
Mar
2015

1.- Casi copio el título -Anatomía de un Instante- del libro de Javier Cercas sobre el dramático momento que vivió, hace 40 años, el proceso democrático en España, cuando la conjura fascista, utilizando a efectivos de la Guardia Civil -comandados por el teniente coronel Antonio Tejero- y la complicidad de poderosas unidades militares, irrumpieron en el Parlamento y redujeron a sus miembros. Fue una atrevida acción de la ultraderecha en el marco de la desestabilización impulsada por el franquismo aún con poder. Cercas registra los componentes de la situación y entrega al lector un minucioso examen del entramado subversivo y la situación general del país. Al rememorar, con la mención del libro, los acontecimientos que se sucedieron en España hace más de 30, no pretendo asimilarlos en detalle a lo hoy pasa en Venezuela. Existen rasgos comunes, sin duda, mas el contexto es distinto. No es comparable, por ejemplo, la fuerza que tenía la reacción española -especialmente dentro de la Fuerza Armada- con la de la actual oposición venezolana. Pero es evidente el parecido de ambos formatos desestabilizadores. Su persistencia en el tiempo y su desprecio por la democracia.

2.- La anatomía del actual momento venezolano se caracteriza por una extremada polarización en la que participan, de un lado, la derecha nacional e internacional; los sectores echados del poder por el proceso bolivariano, grupos económicos, la partidocracia puntofijista y la injerencia extranjera, en particular la de los gobiernos norteamericanos. Y de otro lado, los factores revolucionarios, el chavismo, un modelo socialista con apoyo popular, y el aspecto quizá más representativo: una Fuerza Armada identificada con los cambios sociales que ha permitido estructurar una alianza, activa y militante, entre el pueblo y la institución militar. En un contexto caracterizado por fuertes tensiones, y en medio de repetidos episodios de violencia, promovidos por sectores radicales de la oposición, se abre paso -cada día con más intensidad- la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano a favor de la paz. El reclamo a los dirigentes nacionales, políticos, empresariales, religiosos, gremiales, a que accedan a una fórmula de diálogo que facilite procesar pacíficamente las divergencias, desechar atajos y transitar la vía electoral. Es evidente la contradicción entre el clima crispado que se observa en los altos niveles de la política, en los liderazgos, y la responsable actitud de los ciudadanos que reclaman paz y entendimiento. Así como el amplio apoyo internacional a Venezuela.

3.- Tal contradicción debe ser resuelta para impedir la aceleración del viaje sin retorno a la violencia. Lo cual obliga a un esfuerzo compartido de los factores en pugna. El paso para hallar salidas, para que la perspectiva de la violencia sea sustituida por la perspectiva de la paz, consiste en asumir a fondo el diálogo. Pero de verdad. Lo que resulta imposible sin el concurso de los involucrados directamente, con apoyo de organismos internacionales y personalidades de buena voluntad convencidos de que la complicación del momento venezolano afectaría no solo a Venezuela sino a toda la región. El dilema es claro: o se le pisar el acelerador a la violencia o se frena la violencia. Sabemos quiénes están por una u otra opción. Por consiguiente, no es difícil convocar a los que manifiestan disposición a colaborar para que los venezolanos no nos matemos.

4.- En el recuento de los elementos que tienen papel importante en la actual situación venezolana, hay que evaluar lo que representa el salvaje ataque del presidente Obama contra Venezuela. Que, a mi modo de ver, plantea una realineación de fuerzas dentro del país: las que asumen la defensa de la patria y las que hacen causa común con la agresión. Nunca como ahora estuvo tan claro el dilema patria o antipatria. Creo así que un personaje crítico del proceso bolivariano, el Cardenal Urosa Savino, lo entiende de esta manera cuando repudia con vehemencia la calificación de Venezuela como amenaza para la seguridad de los EEUU. Pronunciamiento responsable de un ciudadano que coloca a la patria por sobre la contingencia y que, de paso, le da una lección a la oposición.

Laberinto

Por más esfuerzos que uno haga para entender a la oposición, no lo logra. Su comportamiento cotidiano, y en momentos críticos del país, es inconcebible. Inexplicable. Personalmente no imaginé que llegaría a tales extremos su irresponsabilidad. Me refiero a la última agresión de que fue objeto Venezuela: la de Obama. Que los líderes de la oposición callen, o asuman una posición ambigua, ante el incalificable pronunciamiento de la Casa Blanca que acusa a Venezuela de ser una amenaza para al seguridad de los EEUU, y le da rango de ley a una gama de sanciones violatorias del derecho internacional público y a la soberanía del país, rebasa los límites de la ética política. Es una actitud que los coloca fuera del marco de lo racional. Porque indica que han perdido la noción de patria. Que en un momento de definiciones, optan por solidarizarse con el que agrede al país, y le dan la espalda a éste. En vez de aprovechar las circunstancias para rectificar, sin renunciar a las diferencias con el gobierno, y dar una demostración de patriotismo…

Pero no es la primera vez que en una nación se da el fenómeno. Que un sector abjure del gentilicio y se pronuncie a favor de quien lo conculca. Sólo citaré el caso de la Francia ocupada durante la segunda guerra mundial por los nazis. Parte de la población, dirigentes políticos, intelectuales, empresarios, colaboraron con el ocupante. Hasta un héroe nacional como el Mariscal Petain lo hizo…

A mí no me cabe la menor duda de que, en el caso de una emergencia, si llegara a materializarse la amenaza imperial de Obama contra Venezuela, no faltarían aquellos que saludarían con euforia al invasor. Ya una vez lo expresó alguien durante la crisis del 2002 en estos términos: prefiero un general norteamericano en Miraflores que a Chávez…

Prensa felona Los medios, sus directivos y dueños, aprovechan las reuniones de la SIP para alardear de ética, defensa de la libertad y otras tantas palabras sacralizadas por ellos. Pero nada más abyecto que la conducta de quienes tienen en sus manos el poder de informar. Cito dos casos: uno Argentina, otro Chile. En el primero se procesa la apropiación ilícita de los bienes, mediante extorsión, detención, torturas, contra los propietarios del Grupo Graiver -durante la dictadura militar- de Papel Prensa, fabricante del papel de diarios, despojado por el Grupo Clarín y La Razón. Otro caso es Chile. Por estos días circula un libro sobre Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio, que agrega datos al prontuario del personaje, quien fuera gestor ante Nixon de la conspiración contra Allende, que culminaría con el golpe de Pinochet. En ambos casos queda al descubierto lo que está detrás de 3 grandes voceros -Clarín, El Mercurio, La Razón- de la antipatria, pilares de la guerra mediática, junto a otros…

Quien lea con cuidado el decreto de Barack Obama sobre Venezuela, tiene que llegar a la conclusión de que se trata de una peligrosa amenaza contra la seguridad del país, y, por ende, contra 30 millones de venezolanos. Todos bajo sospecha, en situación de peligro. Menos para Capriles, quien declaró que el decreto del presidente norteamericano no es contra los venezolanos. ¿Contra quién entonces? ¿Contra los marcianos?…

John Kerry dice ahora que hay que negociar con el presidente de Siria, Bashar Al Assad, después de 4 años tratando de derrocarlo y de destruir el país. ¡Así son los gringos!

 

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