Opinión

Autor: Asalia Venegas

09:52 am
13
Ago
2015

Cada elección plantea nuevos retos. La democracia venezolana se somete a prueba permanentemente. Tanto que los comicios parlamentarios del 6-D serán el número veinte. Nuestra Constitución señala de forma nítida por qué medios se legitima el proceso de la renovación de los poderes -en este caso, el Legislativo- y señala los mecanismos institucionales que asume la dinámica en cuestión, bajo la supervisión del Poder Electoral.

El tiempo, que no se detiene, plantea a los contendores la necesidad de asumir los escenarios que determinarán el camino a seguir en aras de concretar las acciones que permitan alcanzar la mayoría en la Asamblea Nacional tan necesaria para seguir profundizando el proyecto bolivariano y alcanzar las metas enmarcadas en el Plan de la Patria.

Los aspirantes a una curul parlamentaria por el Psuv ya están definidos. Hechas las primarias, se ha respetado la proporción por género, así como la propuesta del presidente Maduro de dar la representación a jóvenes hasta 30 años. La derecha al principio vio con sorna el asunto y hablaron de populismo y demagogia. Luego el CNE promulgó la resolución de la paridad por género y ardió Troya. Los caballeros de la MUD ni chistaron a favor, se hicieron los paisas. Hubo de intervenir el comité de damas fundadoras del partido Acción Democrática.

La oposición -con la MUD como estandarte- da una visión deplorable, cuestionada hasta por sus propios seguidores. Se habla de traiciones, de madrugonazos, de engaños, de dobleces, de trueques, de posiciones amorales. La verdad, la tan cacareada unidad resultó un espejismo. Quienes se ven en el agua del riachuelo no ven sus rostros sino el de quien los ha suplantado en los circuitos. Peor que un holograma, no es su rostro, es otro rostro.

El trabajo político de los dirigentes y militantes del Psuv ha sido incesante. El pueblo a nivel nacional ha mostrado el temple bolivariano y chavista y el compromiso en la defensa del legado de Chávez. Es un pueblo organizado y en movimiento, con conciencia y claridad política, frente a todos los embates -no solo de la derecha- de la burguesía, de Fedecámaras, de Consecomercio y de todos los que apuestan al estallido social. La batalla es inexorable. Será el 6-D. Ganará la revolución.

 

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