Opinión

Autor: José Vicente Rangel

10:07 am
09
Mar
2015

1 La leyenda la recoge Homero en la Ilíada y la Odisea y se convirtió, en el argot popular, en símbolo de la estrategia para burlar al adversario. El ardid fue empleado por los griegos para derrotar a los troyanos con el engaño, y suele ser usado hoy día con variados resultados. A lo largo de la historia el recurso se empleó en diversos episodios. En las cruentas guerras afrontadas por la humanidad una y otra vez, y en otras circunstancias en las que el engaño se hace presente.

2 La oposición venezolana, que no termina de colocarse a derecho, que recurre a los trucos más insólitos para derrotar al chavismo y volver al poder, pareciera inspirarse en el famoso mito. Una y otra vez trata de engañar al adversario recurriendo a su versión popular. La de la imagen del caballo de madera, con la barriga llena de soldados, que los troyanos acogieron ingenuamente como presente. Para los opositores venezolanos el símil siempre ha representado la derrota y no la victoria.

3 ¿Por qué escribo esto? Porque de manera reiterada la oposición venezolana incurre en el error de pretender engañar no solo al chavismo sino a los ciudadanos en general. En otros momentos apeló al recurso de disfrazarse de democrática para justificar un golpe contra la Constitución, como pasó el 11 de abril de 2002, o un sabotaje criminal contra la industria petrolera. O se colocó la máscara de defensora de los derechos humanos para insurgir contra las instituciones mediante la violencia guarimbera proponiendo la “salida”. Ahora, fracasadas las anteriores iniciativas, propone una supuesta “transición” que en el fondo encubre su propósito de acabar con la constitucionalidad democrática.

4 En el documento publicado en El Nacional el pasado 12 de febrero, firmado por Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado, se llama, abiertamente, al derrocamiento del gobierno legítimo, producto del voto popular, de Nicolás Maduro. El argumento es que el gobierno está en su “fase terminal”. Es decir, que está agotado y que, por consiguiente, debe ser sustituido. ¿Cómo? No lo dicen los promotores de la transición porque ésta no está prevista en la Constitución bolivariana. La transición no figura en la normativa de la Carta Magna. Luego, la opción para materializar semejante exabrupto es acabar, en dos platos, con el orden constitucional.

5 En otras palabras: lo que proponen los firmantes del manifiesto del 12-F sobre la transición no es otra cosa que el golpe, pero enmascarado. Una aventura más, recubierta con el barniz de la hipocresía propia de la derecha; amparada en la utilización del lenguaje ambiguo que suele ocultar la cobardía de evadir responsabilidades. El carácter elusivo del término, sujeto a interpretaciones, facilita el respaldo de ingenuos y oportunistas. Porque no es lo mismo desnudar las verdaderas intenciones extraconstitucionales de los que trabajan el golpe, a presentar su versión inodora e insabora. Por eso la importancia de develar la aventura en sus diversas manifestaciones. Para cerrarle el paso a lo que llama Maduro la “política de las dos bandas”: una, la de la vía legal, y otra la ilegal. Hay que desmontar el truco del caballito de madera.

 

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