Opinión

Autor: William Fariñas

02:46 pm
04
Jun
2013

El asesinato canalla del invencible general Antonio José de Sucre fue un doloroso golpe para la libertad y grandeza de la revolución mestiza americana. El Libertador Simón Bolívar lo sintió en su alma de guerrero indómito.

Las intrigas y mezquindades no pudieron manchar el honor y la gloria del insigne Mariscal de Ayacucho. Su recuerdo imperecedero permanece desde Cumaná hasta el Alto Perú y se proyecta como el legado más sublime de amor patrio, lealtad y servicio a su pueblo.

La presencia del opositor Henrique Capriles en la República de Colombia para conjurarse contra sus mismos compatriotas quedará marcada en la historia como un acto vil de alevosía contra la paz hemisférica. Allí bajo la tutela imperial, no solo se reunió y conspiró con los conspicuos y más oscuros personajes, enemigos solapados y abiertos de Venezuela.

La reciente visita del vicepresidente de Estados Unidos Joseph (Joe) Biden a la tierra de Santander presagió destinos de la perfidia e inquina en la región sudamericana. El amo imperial mandó instrucciones precisas para que Capriles fuera recibido por el presidente Santos, con el fin calculado de torpedear las relaciones de hermandad de los dos pueblos.

Hay ingenuidad en esta macabra acción: no lo creo. Al mismo tiempo, El Caín desesperado Álvaro Uribe Vélez, junto a su amigo Capriles se han convertido en las puntas de lanza de los halcones estadounidenses que atentan contra la estabilidad de nuestra República Bolivariana.

Se percibe en estos personajes no solo sus posturas políticas y crematísticas, además de sus pretensiones irracionales por el poder; también se mueven por la envidia, los celos y el encono propio de la diplomacia motolita gringa.

Es una acción planificada y premeditada que se ha venido tejiendo con el fin estratégico hegemónico y expansionista para apoderarse por cualquier vía de los recursos energéticos y petroleros de Venezuela.

Pareciera una jugada perfecta; han tenido ya un logro colateral de confrontar las relaciones de nuestros países. Es un verdadero juego de ajedrez de la diplomacia, la política y la guerra, como lo visualizaba muy bien Carl von Clausewitz.

La gran debilidad de esta diplomacia motolita, hipócrita y necia de Capriles es subestimar la actitud sabia, patriota y heroica de las hijas y los hijos de los gigantes Bolívar y Chávez. ¡Viva la hermandad de los pueblos y la paz!

@williamfarinas
 

Comentarios

03:25
José Torres dijo:

Definitivamente, hay que desechar de plano cualquier atisbo de confianza en los gobiernos derechistas neogranadinos, y nunca dudar de que la oposición “venezolana” (?) está plagada de los mas oscuros intereses, allí está su verdadero espíritu, la entrega de la nación al mejor postor, todo por el afán de un sujeto que desvive por tener en su pecho la honorable banda presidencial, canallas y blasfemos¡¡¡

 

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