Opinión

Autor: Asalia Venegas

11:49 am
08
Ene
2016

A lo mejor de tanto decir él mismo lo que pretende hacer, no debió haber sorpresas. Pero el 5 de enero el tan deseado sueño llegó para Ramos Allup: la presidencia de la Asamblea Nacional, que en su delirio él cree que es la Presidencia de la República. Después de haber pactado con Primero Justicia para la elaboración de las listas de candidatos a la AN, que le permitió postular una buena parte de nombres, le jugó sucio a Borges.

Luego del 6-D Ramos Allup, como el viejo zorro de la política que es, oteó el escenario y asume el discurso más incendiario para ganar el respaldo de los piromaníacos de Voluntad Popular, prometiendo dos cosas: una ley de amnistía que favorezca lo que ellos llaman presos políticos; justo los responsables de las 43 muertes que ocurrieron durante los hechos violentos de las guarimbas de febrero de 2015. Lo otro: el sempiterno sueño de los golpistas: sacar a Maduro del poder.

Ramos Allup, con tramposerías, logra en el seno de la MUD los votos para la presidencia de la AN. Dejó en la estacada a PJ y a J. Borges. Este grupo obtuvo 33 curules y era seguro que obtendría tal reconocimiento. Cosa que no logró. El 5-E la máquina del tiempo fue impelida por los hechos y atónitos observamos el retorno del ancien regime, con todo y sus estertores.

Hace poco WikiLeaks divulgó unos documentos donde llaman a HRA “el repelente”. Funcionarios de la embajada estadounidense develan los aportes que solicitaba, entre otras perlas. Es irrebatible la simbiosis de figuras emblemáticas de AD con Ramos Allup: R. Betancourt, CAP. En la rueda de prensa que dio la MUD el 3 de enero, quien sale a su diestra es Bernabé Gutiérrez (el “abyecto”, CAP dixit). Y -sin sorpresa- quien lo postuló en la AN fue el archiadeco Omar Barboza.

Las imágenes que difundió la TV de la juramentación de la nueva directiva de la AN nos trasladaron -como una centrífuga- al Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores donde se autojuramentó Carmona. Los mismos rostros, exultantes, con gritos y muecas de incredulidad (ellos mismos no creen que estén allí). Soltando soplidos: “Vamos a cambiar el TSJ, el CNE, la Procuraduría, vamos por Miraflores”, espetó uno de la MUD. Deseos no empreñan. Seis meses no serán. Quedan 4 años para el presidente Maduro.

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