Opinión

Autor: Hildegard Rondón de Sansó

02:25 pm
28
Abr
2016

El próximo viernes tendremos nuestra última clase, lo cual quiere significar que no falta mucho para que en el Aula de “la casa que vence las sombras”, reciban su título de Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas. Este título les ha permitido saber lo que es el Estado: su formación; su evolución; las diferentes tesis que han justificado sus actuaciones y los elementos que lo configuran, bien que posean la mención “Politología” o la relativa a “Administración Pública”. Además de los instrumentos necesarios para el correcto sostén de la entidad como tal, conocen ustedes la complejidad de las relaciones con las cuales convive un Estado en un mundo globalizado en el cual el espacio de la aldea es teóricamente el mismo que el constitutivo de las súpermetrópolis.

Han aprendido cuáles son los peligros y dónde están las fortalezas del Estado. Conocen las tesis políticas que definen y califican el papel que el mismo desempeña en todos sus ángulos y niveles y, a través de un conocimiento, no empírico, saben como impedir que decaiga en los cíclicos retrocesos históricos.

Conocen la geopolítica del mundo moderno y, aun cuando pertenecen a la Ciencia Política, no por ello dejaron de lado el conocimiento sociológico; así como el de los valores que conforman las estructuras espirituales sobre las cuales se forja la identidad de los pueblos.

No puedo negarles el hecho evidente de que la oportunidad en que se les califica como profesionales de una determinada disciplina no es la más favorable, porque si bien las sociedades siempre han tenido males, los que nos aquejan en estos momentos, no son análogos a los que afectaron al país en los últimos 50 años.

Cuando comenzaron sus estudios, Venezuela era considerada un Estado rico, floreciente, típico para el recibo de la inmigración; el que daba acogida a todos por sus enormes recursos y sus posibilidades de crecimiento. En el presente una significativa parte de nuestra población ha migrado o desea hacerlo.

El mensaje que quiero darles es contrario a aquel que oyen en la familia, los amigos y los medios de comunicación. El tema es siempre la invitación a migrar hacia otros países que ofrezcan mejores salarios, mayor seguridad contra el hampa y una vida más cómoda. Los ejemplos de quienes les han antecedido en esta huida serán múltiples porque aluden tanto al profesional con alta experiencia, prestigio y recursos, que de buenas a primeras se marchó para ejercer su profesión en otras latitudes, como a quienes, apenas graduados, van a la búsqueda de un futuro lejos de Venezuela.

Un día interrumpí la clase para que me dijeran qué querían de su profesión. La respuesta me puso triste porque indicaban que el país nada tiene que ofrecerles y que no podían obtener lo mas elemental a lo que aspira un profesional (una casa propia y un vehículo).

Pues bien, queridos alumnos, de quienes me enorgullezco de ser profesora, yo quiero transmitirles las experiencias que el tiempo me ha permitido poseer: diciéndoles que no hay país en el mundo que haya pasado ileso frente a los acontecimientos histórico-políticos, incluso, los que en estos momentos ven como los mas pujantes, provienen de graves acontecimientos que los afectaron. Su pujanza depende por ello, de la fuerza, del espíritu de sus habitantes.

Salir del propio país a la búsqueda de la fortuna es pensar que se puede penetrar impunemente en el mar lleno de oleajes. La vida profesional es ese mar que puede estar sereno o puede encresparse. Lo importante es reaccionar en positivo ante cada circunstancia, esperando que pase el mal momento y preparar las condiciones para un futuro mejor.

Conozco muchos que se han ido y sufren la pena de la separación, de la pérdida, de lo que les pertenecía por derecho propio. Asimismo a otros que se han quedado y que están tratando de superar los inconvenientes del momento presente, con acciones pequeñas o grandes pero destinadas a reconstruir lo que es nuestro, con los mas acertados valores. Irse implica el duro sacrificio de entrar en lo desconocido; quedarse es luchar contra los males del presente, pero tratar de vencerlos con la convicción de que el país tiene suficientes recursos para cambiar las cosas.

Correo del Orinoco

 

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