Opinión

Autor: Maryclen Stelling

01:22 pm
30
Nov
2015

Hasta el momento, la mayoría de las encuestas dan como ganadora a la oposición en la contienda legislativa. Para la oposición, tales sondeos parecen gozar de una certeza absoluta y, por ende, dan como un hecho real e irrebatible el triunfo. De allí que, en el caso de que los resultados no acompañen las predicciones, el canto del fraude está en el aire. Es por tanto absolutamente entendible su negativa a firmar el documento-compromiso de Unasur para reconocer los resultados.

En redes sociales y artículos de opinión, profetas políticos juegan con diferentes escenarios donde la oposición ganadora, así sea por mayoría simple, sería la abanderada del cambio irreversible y rescataría la democracia. En ese sentido, desde la narrativa de la oposición, ya se ha iniciado una cruzada moral que se profundiza con el caso DEA-Flores y va cobrando cuerpo nacional e internacionalmente.

Desde la perspectiva internacional se ha armado una suerte de cayapa contra el gobierno, que se alimenta de acontecimientos internos veraces o no. Destaca la reciente carta de Almagro; el debut del nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri, quien pide aplicarle a Venezuela la cláusula democrática de Mercosur y denuncia que en el país no hay libertad de expresión. Según un dirigente de oposición, Macri, trasmutado en héroe, “abrió las puertas del cambio en la región”.

A medida que se acerca el 6-D, la violencia entre ambos grupos políticos parece incrementarse. El asesinato de un dirigente de AD, Luis Manuel Díaz, en Guárico en un acto de campaña enciende el clima político nacional y convoca al afinado coro internacional. Ramos Allup y Tintori advierten que no se trata de un hecho aislado y responsabilizan directamente al Ejecutivo nacional. Para la MUD, esos hechos de violencia ocurren por un discurso que los incentiva y promueve. Demandan a la comunidad internacional interceder. Los gobiernos de EEUU, Chile y España se apresuran a condenar el hecho. Piden protección para todos los candidatos políticos, expresan su deseo de que las elecciones se celebren en un “clima de paz”. Remata la OEA aseverando que la “muerte de opositor es una herida de muerte a la democracia” y Almagro, siempre presto, llama a “detener ya” la violencia en Venezuela.

El gobierno ofrece otra versión y la cayapa internacional pica y se extiende.

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