Opinión

Autor: Alberto Aranguibel B

09:44 am
26
Ago
2015

Uno de los fenómenos más atípicos de la llamada crisis económica que dicen los escuálidos que habría en el país, es el de las colas.

Desde la oposición se pretende que el signo más revelador del supuesto fracaso del “modelo” sería precisamente el que demuestra de manera más irrebatible que el neoliberalismo es el infierno, del cual todos los pueblos del mundo quieren liberarse hoy en día.

En Venezuela el bachaqueo existe, porque existen productos que interesan a esa economía ilegal cuya área de oportunidad es precisamente la excepcional posibilidad de conseguirlos a bajo precio en el mercado venezolano, como no es posible en ningún otro país como Colombia, por ejemplo.

Pero hay un sinnúmero de colas que no mencionan para nada la oposición, ni los medios de la derecha, que expresan de igual manera la realidad económica del país. Y con las cuales pretenden hacerse los locos los agoreros del antichavismo, tanto nacional como extranjero que hoy sacan cuentas de triunfo con el padecimiento del pueblo.

Las colas para comprar productos no serían posibles si el pueblo no tuviera dinero con qué comprar. Eso explica las colas en los cajeros de los bancos que nadie ha comentado hasta ahora en el marco de esta guerra contra los venezolanos.

A lo largo y ancho del país existe una red de agencias bancarias y de cajeros automáticos que triplica, al menos, la cantidad de supermercados. En todas esas agencias y cajeros se produce a toda hora una concentración infinita de gente buscando sacar dinero, en unos casos para comprar los alimentos y productos necesarios, y en otros para inyectarlo al perverso sistema del bachaqueo.

Pero hay colas para entrar al cine, para ver conciertos, para tomar el Metro o la camionetica, para montarse en un avión a cualquier parte de Venezuela o del mundo, para viajar en ferry, para ir al baño en los restaurantes. ¿Es en verdad signo de crisis que un país en pleno haga cola para comprar de todo lo que se venda? No parece lógico.

Pareciera más bien que a partir de cierto momento, el país le fue quedando muy grande a una empresa privada habituada a no invertir y a solo disfrutar de la renta petrolera sin preocuparse por el crecimiento de un pueblo que cada día, gracias a una revolución incluyente, fue demandando cada vez más.

 

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