Opinión

Autor: Earle Herrera

11:01 am
17
Jul
2015

De niño, el puente sobre el río Tigre que une Freites con Guanipa nos servía de trampolín para saltar al agua y salpicar la tarde de arco iris. Nunca imaginamos que sería el lugar de encuentro con el comandante bolivariano que cambió el curso de la historia patria. Aquella mañana de 2010 nos colocaría a su lado en la plataforma de un camión. Haríamos un círculo en el periplo El Tigrito-El Tigre-San Tomé, ruta de más de 20 kilómetros que en tiempos juveniles devorábamos al trote con el viejo “Pipiolo” en recios maratones de fiestas patronales.

Mientras saludaba a la multitud apilada a ambos lados de la carretera, el presidente Chávez preguntaba, daba órdenes o regañaba. Iniciábamos en la Mesa de Guanipa la campaña para elegir a los diputados a la Asamblea Nacional por Anzoátegui. Por su decisión y la del Gran Polo Patriótico me tocó encabezar la lista de mi estado natal. Nos esperaba una emboscada y fui el único aspirante electo por las fuerzas revolucionarias.

Náufrago, se comentaba que sería apabullado en el parlamento por los representantes de la derecha. En el bloque de Anzoátegui serían siete contra uno, varios de ellos con experiencia como alcaldes reelectos y dirigentes crónicos de los añejos partidos puntofijistas. De mi lado tenía la mala costumbre de estudiar antes de hablar de cualquier tema. Más que un curtido profesor, soy un eterno y curioso estudiante. Venía de una izquierda ajena al parlamento, pero me ejercité en la Constituyente y como diputado en el período anterior.

No solo di el debate en todos los escenarios que me exigió la Asamblea Nacional, sino que yo solo tuve más asistencia que todos los diputados anzoatiguenses opositores juntos. Alguna vez la salud me apartó de la curul, pero del resto estuve allí, puntual en la polémica. Cada año, a diferencia de los opositores de mi estado, presenté el informe de mi gestión parlamentaria. En ese lapso, sin meter columnas periodísticas, publiqué cinco libros. Ayer me entrevía otra vez recorriendo la Mesa de Guanipa al lado del presidente Chávez y me escuchaba decirle: ¡Misión cumplida, comandante! Atrás dejábamos el puente del río Tigre.

 

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