Opinión

Autor: Yldefonso Finol

06:55 pm
30
Mar
2012

Lo hemos denunciado desde hace varios años y hay una larga lista de artículos publicados que lo certifican, en particular, uno de comienzos de 2008 titulado La Guerra psico-política como forma de intervención imperialista.

El sector extremista de la oposición, que está dispuesto a todo con tal de salir de Chávez, tiene las manos metidas en los sucesos violentos que afectan a toda la sociedad y nos duelen a las gentes sensibles que somos la gran mayoría, sobretodo por la pérdida de vidas inocentes.

Estas acciones se han venido concibiendo y organizando con mucha pericia criminal, en laboratorios especializados que cuentan con el concurso intelectual y operativo de fuerzas extranjeras.

Hay tres actores externos con potencial protagonismo en esta macabra conspiración anti venezolana. El primero, la CIA; basta echar una mirada a la historia reciente de América Latina para saber que es así, pero además están las pruebas de su injerencia en el Golpe de Abril de 2002 y en el financiamiento de grupos opositores.

El segundo actor, muy comprometido con la ejecución del plan desestabilizador, es el paramilitarismo colombiano. El cuento chino de la desmovilización le sirvió a la oligarquía antibolivariana de Colombia, entre otras cosas, para infiltrar en nuestro país un número aún no preciso –pero que suma varios miles- de mercenarios peligrosos, con sobrada experiencia en el control territorial y social a través del terror, la desestabilización y el espionaje.

El tercer actor foráneo es el sionismo internacional. Palabras mayores!

Estos tres actores no actúan por separado, al contrario, están sincronizados por el cerebro central de la operación. Es pública y notoria la autoría israelita de la estrategia paramilitar que ha azotado al hermano pueblo colombiano. Baste mencionar el entrenamiento de los comandos originales de paracos y narcos por el general Yahir Klein y otros agentes sionistas especializados en genocidios calculados.

La estructura ejecutora tiene varios niveles, donde la MUD es apenas el frente legal, muy debilitado y fraccionado de hecho, y al cual el cerebro y la rama armada ni siquiera consultan, sólo utilizan según les sirva para algo.

La organización armada actúa camuflada de delincuencia común, en muchos casos aliada con ésta, pero siempre con gran claridad de los objetivos tácticos, cuales son, mantener la zozobra secuestrando, atracando y asesinando. No olvidemos que, en esta etapa de la conspiración, y ante la evidente imposibilidad de que tomen el poder por la vía electoral, el propósito es crear escenarios de ingobernabilidad con la violencia criminal.

El modus operandi tiene diversas metodologías, según la compartimentación (control de información y jerarquía), la región del país (el terreno) y la capacidad combativa (pertrechos y formación) de los comandos mercenarios. Así, por ejemplo, mientras en zonas urbanas populares mueven negocios ilícitos con distintas fachadas y promueven la violencia imponiendo mandos negativos, en sectores con alto poder adquisitivo secuestran y extorsionan.

También tienen como práctica la contaminación de organismos de seguridad y justicia, corrompiendo y comprometiendo a miembros de esas instituciones. Esta parte de la operación es doblemente grave, porque merma las defensas de la sociedad y nos hace más vulnerables a la acción enemiga.

Hay que detener ya esta conspiración en marcha.

caciquenigale@yahoo.es

 

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