Opinión

Autor: Beltrán Haddad

10:02 am
04
May
2015

La lucha contra la corrupción es una tarea de todos, incluidos los indiferentes. Corrupto es corrupto, no tiene ideologías, pero busca un partido. Hay personas que se molestan cuando insistimos en escribir estas cosas. Pero lo hacemos porque la corrupción existe, no ha dejado de ser y sigue siendo un fenómeno muy complejo que está en cualquier lugar, que se oculta y muchas veces se hace imperceptible, en lo público y en el sector privado. Las prácticas corruptas en la Administración Pública son muchas, de arriba hasta abajo, metiendo al portero, al alguacil o al mensajero. Sin embargo, hay opositores que se desgarran las vestiduras hablando contra la corrupción y fueron los corruptos de ayer, los mismos que cobraban comisiones a cambio de una asignación de contrato público o andaban en la clásica “matraca” por millones de bolívares en manos de funcionarios o en el lucro desmesurado de una empresa. En los contratos de la Administración Pública está el “guarapo” de los corruptos. Por eso, es importante prestar más atención al régimen de la contratación pública para garantizar el control de su objetividad. ¿Por qué no pensar en un régimen de participación popular en las adjudicaciones de contratos? ¿Por qué no reivindicar el control previo que creo que se perdió en el último gobierno de Caldera?

Ningún país es invulnerable a la corrupción. En Europa, la realización de actos corruptos en la ejecución de obras y servicios del Estado ha obligado a reconsiderar en las leyes el papel que juega la prevención. En América, al reconocerse que la corrupción traspasa fronteras y sus efectos trastornan los sistemas de justicia, se llegó a la conclusión de que la mejor manera de combatirla es la cooperación internacional, y esa fue la razón de la Convención Interamericana de 1996 contra la Corrupción, celebrada en Caracas, para promover en los países firmantes los mecanismos necesarios a fin de prevenir, sancionar y erradicar la corrupción, como también promover la cooperación entre estos países y asegurar el castigo de los corruptos. Pero ¡qué cosa!, siguen las prácticas corruptas en las adjudicaciones de obras y en la adquisición de bienes y servicios que, oigo decir, ni los ferris se salvan. ¡La corrupción sigue en ebullición!

 

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