Opinión

Autor: Gustavo Márquez Marin

09:37 am
15
Feb
2016

La investigación realizada por la profesora Pascualina Curcio (USB, 2015), “Desabastecimiento e Inflación en Venezuela”, da una idea de cómo la corrupción ha sido uno de los factores desencadenante de la crisis económica. En ella se determinó que en el lapso 2003-2013, el aumento del valor en dólares de las importaciones totales fue de 388.9% mientras que el incremento de su correspondiente peso en kilogramos brutos fue solo de 57.6%.

Esta incongruencia podría explicar por qué en ese período, el desabastecimiento no fue ocasionado por déficit en la entrega de divisas al sector privado ni a los órganos del Estado habilitados. Sino porque, a través de la acción perversa de la dupla funcionarios-empresarios corruptos, una parte importante de la mercancía fue sobrefacturada o nunca fue nacionalizada o fue acaparada o se dañó en el puerto o fue desviada hacia el contrabando. Según esta investigación, el Estado pagó en esos 10 años un incremento de 167% en el precio de las importaciones. También señala que en ese mismo período aumentaron en 232.8% los depósitos en el extranjero del sector privado y la escasez creció 30%. ¿Cuál es la relación entre esta fuga masiva de capitales, el sobreprecio y la escasez? ¿Por qué mientras las importaciones y la producción aumentaron en mayor proporción que el consumo, sin embargo creció la escasez?

El estudio concluyó que en ese lapso la inflación estuvo determinada en un 73% por el tipo de cambio paralelo, fijado, arbitrariamente y sin piedad, por el mercado cambiario mafioso fronterizo. Un engendro de la oligarquía neogranadina, concebido para pulverizar la moneda nacional e impulsar el contrabando como fuente de ingreso ad hoc del Estado colombiano y como válvula de escape de la presión social.

Esta realidad lacerante exige que el gobierno adelante con urgencia una reingeniería profunda e integral de las políticas públicas, privilegiando el control social y la participación popular. Reconociendo sin ambages que el actual modelo de asignación de divisas y control de cambio, es el arma secreta más poderosa que tienen la burguesía y el imperio para destruir la revolución. Es también la gran herramienta que ha servido para que una minoría de burócratas y empresarios parásitos se hayan enriquecido.

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