Opinión

Autor: GUIDO ZULETA IBARGÜEN

10:51 am
25
Feb
2012

Las tensiones humanas en Europa, oponiéndose a las medidas del FMI, similares a las de las dictaduras de los años 1970 a 1990 en América Latina y que deslegitimaron la democracia venezolana con el Caracazo del 27 de febrero 1989, generan un esfuerzo para cambiar el estilo de toma de decisiones.

Leonardo Boff, frente a la propuesta de salir de la crisis incrementando el consumo, alerta, con economistas como el inglés Tim Jack y el canadiense Peter Victor, que el aumento de la deuda para financiar el consumo, en el caso de los países ricos, exigen más recursos que los que soporta un planeta finito. Se requiere un cambio de rumbo. (L. Boff. La gran contradicción brasileña. 17 de febrero de 2012).

Frente al paradigma del crecimiento, el profesor Juan Guillermo Espinosa, afirma que se requieren cinco dimensiones en el paradigma de desarrollo humano: crecimiento económico; imprescindible promoción de la equidad social; respeto a la sostenibilidad ambiental; respeto y promoción de los derechos humanos, la democracia y la participación social; respeto al dialogo cultural.

Para los países ricos en crisis Jack y Victor proponen una prosperidad sin crecimiento. Más calidad de vida, educación, salud, cultura ecológica, espiritualidad. Para los países pobres y emergentes, se requiere un crecimiento con prosperidad, asegurando los bienes y servicios indispensables, más la prosperidad, la calidad del crecimiento. Que no se imponga la lógica del sistema neoliberal: consumir más y más, en especial bienes superfluos.

Un gran desafío ético. Que requiere una espiritualidad liberadora como la impulsada desde América Latina con la teología de la liberación y las comunidades ancestrales, que promueven el buen vivir solidario frente al competitivo vivir mejor a cualquier costo. Un reto ético para las comunidades de buena voluntad del mundo y para los gobiernos responsables en este cambio de época.

idhes1@cantv.net

 

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