Opinión

Autor: Alfredo Serrano Mancilla

04:13 pm
10
Feb
2015

El último informe económico de la CEPAL para Venezuela (en el marco del Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2014) presenta un panorama absolutamente crítico de un país al borde del abismo, siguiendo la línea del cacareo que se viene reproduciendo en muchos medios internacionales. Su diagnóstico parte de objetivos y recetas propias de un paradigma no correspondido con el modelo social-económico que la mayoría social viene reclamando en las urnas cada vez que acude a una cita electoral.

La CEPAL opta por ignorar aquello que desea un pueblo cada vez que se pone manos a la obra a la hora de elaborar una publicación económica; prefiere seguir a lo suyo, repitiendo y abusando de criterios hegemónicos sin importar ni respetar qué es lo que cada sociedad elige como forma de convivir económicamente. Da igual que Colombia y México hayan decidido apostar por una economía neoliberalizada a diferencia de Venezuela y Bolivia: el juicio siempre se efectúa en virtud de la misma perspectiva. Se trata de imponer una homogeneidad forzada dominante que no contempla la heteregoneidad de cada proceso. Desde esta posición, de intento de dominación/colonización epistemológica, la CEPAL examina a la economía venezolana con un abuso de copy-paste para acabar sentenciando lo que seguramente quería sentenciar antes de hacer cualquier cálculo: “las protestas iniciadas aún persisten y se han extendido a más sectores de la población”.

El lorismo, si cabe el término, ha de ser muy preciado como criterio selectivo para conformar parte de cualquiera de los organismos internacionales hegemónicos que se dedican a hacer análisis de coyuntura económica para cada país. Eso de repetir siempre lo mismo con independencia de quién se trate es una práctica común en los documentos de estos centros de (no) pensamiento que marcan agenda mundial. Esta suerte de epistemicidio consiste en acabar de un plumazo con cualquier episteme local sustituyéndola por otra venida e impuesta desde afuera. Se trata de usar siempre el mismo marco analítico, con exceso de deja vu, el mismo dogma y con las mismas prioridades y objetivos siempre determinadas desde el exterior sin importar aquello que elige su mayoría social. Así es como se suceden los infinitos estudios económicos dedicados a examinar a muchos países bajo una lupa no elegida. En el caso venezolano esto ocurre diariamente.

Por otro lado, si este dictamen de la CEPAL hubiese sido escrito por cualquier economista no perteneciente al establishment habría sido tildado (a la primera) de falta de rigor economicista. ¿Por qué? Porque además de carecer de idoneidad epistemológica, el documento tiene serias falencias analíticas que deberían ser soslayadas. A continuación se destacan algunos de estas principales meteduras de pata (voluntarias y/o involuntarias) en relación a cómo la CEPAL ve la economía venezolana:

1. Lo de siempre: la inflación es una cuestión mágica que solo puede ser explicada por la emisión monetaria. Nada importa en la isla Robinson Crusoe, donde no hay nadie, ni intereses ni poder. Todo se debe a una cuestión del aumento de los agregados monetarios (M1 y M2). La falta de rigor en este caso es doble. Por un lado, no contempla que la inflación es el resultado de una puja distributiva, de una disputa que depende mucho del control de poder de mercado; si es una única empresa la que posee el monopolio de la importación de un bien muy demandado, y si esa población tiene alta capacidad de pago, entonces, el precio tenderá a ser alto salvo que haya una regulación efectiva sea en precios o en el límite de ganancias para quien acaba poniendo el precio. Eso no parece ser objeto de interés para la CEPAL. Y por otro lado, lo peor de todo es que la tesis cepalina no se cumple ni con su propio dogma: a más emisión monetaria, más inflación. Así es como explica la inflación del año 2013 y 2014; afirma la CEPAL que “en 2013 la política monetaria fue fuertemente expansiva. Se produjo un aumento interanual medio de los agregados monetarios M1 y M2 del 66% y el 65%, respectivamente, muy superior a la inflación media interanual, que fue del 40%. (…) Durante los primeros cuatro meses de 2014 la política monetaria siguió siendo marcadamente expansiva y los agregados M1 y M2 presentaron en promedio aumentos interanuales del 76% y el 75%, en forma respectiva. La inflación media interanual en el mismo período fue del 59%”. Con esta relación procura sostener la infundada tesis, pero sin embargo, el documento no ha tenido el gusto de simplemente revisar solo unos años atrás en los que en la misma Venezuela en el año 2005, el incremento monetario interanual fue por encima del 100% y la inflación anual fue del 14,4% (véase el trabajo de José Gregorio Piña Torres en El Mito de la maquinita, Centro de Estudios de Economía Política, Univ. Bolivariana de Venezuela). Esto es, la máxima ortodoxa monetarista no se cumple en la misma Venezuela solo unos años atrás. Otro ejemplo se observa en el documento La falsabilidad del monetarismo (de Adrián González, Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria), en el que citando a Zaiat, se afirma que en Argentina “en el lapso 2007-2013, con momento de expansión y contracción monetaria, los índices de precios se mantuvieron en niveles altos estables, ya sea en el indicador oficial (10 por ciento) o en los privados (20-25 por ciento). O sea, las tensiones inflacionarias fueron constantes independientemente del mayor o menor crecimiento de la base monetaria (emisión de dinero)”. Además se añade que en “el índice de precios al consumidor de los Estados Unidos no sobrepasó el 10,3 % de 2008 a 2012 mientras que la emisión monetaria fue de casi el 160% en el mismo período; en el Reino Unido marcó 16,4% habiendo sido su emisión casi un 203%, para Brasil la variación de precios resultó de 27,6 % y habiéndose expandido su emisión casi un 123% y China tuvo una variación de precios del 16,6% para un crecimiento de la emisión de poco más del 100%; en el período ya señalado”. En definitiva, por cada caso que encuentra la CEPAL para encontrar la relación perseguida entre emisión monetaria e inflación, podemos encontrar otro contraejemplo que confirma lo contrario. ¿Y esto por qué? Porque la inflación va mucho más allá de una relación simple y reduccionista de dos variables nominales debido a que la economía real tiene mucho que decir en esta disputa.

2. La panacea de la acumulación de reservas. Es otro cuento del lorismo económico dominante. Primero, la falla está en considerar que este controversial medio es un fin en sí mismo. Y segundo en seguir defendiendo que las reservas son una condición obligatoria para asegurar el ritmo de importaciones. La vieja regla dice que se requiere siempre disponer de un mínimo de reservas equivalente a tres meses de importación. Pero esta premisa no advierte que hoy en día, en plena transición geoeconómica, con nuevas alianzas económicas independientes de los países centrales capitalistas, es posible garantizar las importaciones de múltiples maneras que poco tienen que ver con el nivel de reservas de que se disponga. Si un país tiene bajo el suelo la reserva petrolífera más importante del mundo, esta es la verdadera garantía para disponer de mecanismos de importaciones a crédito, y por anticipado, sin necesidad de tener que presentar un nivel elevado de reservas. Hay nuevos medios de pago en este momento de paulatina desamericanización de la economía mundial donde cada vez más los países acumulan reservas en monedas diferentes al dólar; y además cada vez se realizan transacciones comerciales sin pasar por el dólar usando monedas propias u otras vías de intercambio (en base a la entrega de cierta cantidad de petróleo u otras materias primas). Seguir acumulando reservas ociosamente con el único objetivo de satisfacer un supuesto económicamente erróneo sería un craso desacierto en estos momentos en los que se exige cada vez más un uso productivo de la divisa. La CEPAL plantea para Venezuela una situación al borde del abismo porque no tiene reservas suficientes, ignorando los nuevos tiempos para hacer efectivo un ritmo elevado de importaciones al mismo tiempo que desconoce: a) la actual alianza consolidada con China (de lo cual no se dice nada con el informe porque debe ser China no existe ni del compromiso chino de invertir 20.000 millones de dólares en Venezuela), y b) que las importaciones de Venezuela son cada vez más diversificadas (las importaciones de Estados Unidos en dólares solo representan menos del 25% del total). El rigor se gana con rigor; se podría haber dicho que sí es cierto que han mermado las reservas (no en el último año 2014, pero sí en el 2013) y que puede ser signo de preocupación, pero siempre añadiendo el resto de dimensiones que son necesarias para tener una visión más integral del tema de las importaciones y las reservas.

3. La falta de divisas y el mercado ilegal de dólares. Así es como se justifica por parte de la CEPAL que existe en Venezuela un tipo de cambio ilegal que está exageradamente por encima de cualquiera de los tres indicadores oficiales. Ni aborda la cuestión especulativa ni tampoco condena la ilegalidad del tipo de cambio, sino más bien todo lo contrario, argumenta a favor de su existencia, y procura dotar de racionalidad económica a una cuestión más propia de la racionalidad política. Se cita así en el mencionado informe: “la cantidad de divisas entregadas a las empresas privadas no es suficiente para cubrir las necesidades de importación. Muestra de ello es la brecha existente entre los tipos de cambio oficiales y el tipo de cambio del mercado paralelo.” Y si eso fuera así, ¿cómo se explica que el tipo de cambio ilegal haya crecido a una velocidad no correspondida con la supuesta reducción de entrega de divisas? Según los cálculos de los que se disponen hasta la actualidad, es más que probable que el año 2013 haya habido menos entrega de divisas que en 2014, y sin embargo, el tipo de cambio ilegal en este último año ha sido muy superior al del anterior. Otra tesis que no se cumple: no hay correspondencia directa entre reducción de divisas entregadas y tipo de cambio ilegal. Y tampoco existe relación de proporcionalidad, esto es, el déficit de divisas para importar (si es que existiera tal como lo afirman los empresarios) no ha crecido al nivel que lo ha hecho el tipo de cambio ilegal. Se mire por donde se mire no calza la justificación del tipo de cambio ilegal a partir de una simple regla en base a la oferta y demanda de divisas. Esta cuestión va mucho más allá de este juego. Sí es cierto que puede haber un porcentaje explicado por tal razón, pero las verdaderas causas residen en el real interés desestabilizador de aquellos que ostentan un verdadero poder de mercado para un tipo de cambio ilegal con capacidad de indexar precios. Esto permite, primero, crear descontento social, y segundo y fundamental, se logra el verdadero objetivo de esta operación especulativa e ilícita: reapropiarse con buena parte de la renta petrolera en destino. La disputa para el capitalismo ha dejado de ser la renta petrolera en origen, porque la batalla en el seno de PDVSA está perdida; en los últimos años, el capitalismo se reacomoda en la nueva casa socialista buscando dónde puede captar la máxima tasa de ganancia a partir de la disputa de la renta petrolera en destino (en manos del pueblo venezolano, sea directamente con más poder adquisitivo o indirectamente vía Misiones sociales). ¿Cómo hacerlo? Además de usar de la vía del rentismo importador del siglo XXI, improductivo y ocioso, compro afuera y vendo adentro sin deseos de producir obteniendo una fácil y excesiva ganancia, lo acompaña de una estrategia especulativa en base a la indexación de precios gracias precisamente a ese mercado ilegal de dólares. Esta es la razón de ser del tipo de cambio ilegal: crear malestar en el pueblo venezolano al mismo tiempo que sigue engordando la tasa de ganancia del capital absorbiendo un alto porcentaje de la renta petrolera pero ahora en destino, esto es, en manos del pueblo venezolano.

4. El empleo es una cuestión sin importancia económica. Este podría ser el mensaje subliminal si se leyera atentamente el informe de la CEPAL. Solamente una frase, y corta, y en la última página: “En 2013, el promedio de la tasa de desempleo urbano cayó 0,3 puntos porcentuales y fue de un 7,8%. La tasa de participación aumentó 0,4 puntos, alcanzando un 64,3%”. Este pequeño detalle para decir que sí, que está bien tener una tasa de desempleo bajo, pero no es ni por asomo un asunto central en materia económica. Eso de tener buena salud en materia laboral es seguramente un aspecto insignificante para cualquier estudio económico que se quiera precie para el establishment como riguroso. Pasa desapercibido que el desempleo no se ve afectado en periodo de contracción económica; pasa inadvertido que esta característica es una fortaleza del modelo económico en Venezuela. El año 2014 la tasa de desempleo acabó siendo 5,5% siendo ésta una de las más bajas de la región. Si se compara ésta con países que tienen tasas por encima del 20% (y desempleo juvenil por encima del 50%), es muy difícil aseverar que Venezuela está al borde del precipicio. Gozar de un modelo económico con capacidad para garantizar el empleo es una condición que no debe ser ignorada o minusvalorada porque es la base sobre la que seguir avanzando en desafíos económicos estructurales. Venezuela demuestra así que la variable de ajuste no es por la vía laboral, ni tampoco por la social, como veremos en el siguiente punto. La actual restricción externa no se traduce en este caso en una restricción laboral interna; la devaluación laboral no es la salida venezolana frente al actual momento.

5. La pobreza no debe desconocer la dimensión no monetaria. No se puede medir siempre con el mismo indicador en todos los escenarios. Imaginen que hay un lugar donde no toda la vida, no todos los derechos sociales, no todas las necesidades básicas están mercantilizadas, entonces, sería incongruente seguir midiendo si una persona es pobre o no a partir de criterios mercantilizados. Esto no quiere decir que no sea importante y preciso observar cuán pobre es un ser humano también por la incapacidad de disponer recursos monetarios para realizar ciertos consumos necesarios. Pero esta tarea no ha de ser reduccionista ni excluyente de otras opciones que son pertinentes cuando los modelos económicos no mercantilizan ciertos aspectos que son imprescindibles a la hora de hablar de pobreza. En este sentido, la CEPAL en su Panorama Social para América Latina afirma que en el año 2013 hubo un incremento de pobreza en Venezuela, pero es ésta una pobreza medida exclusivamente por ingreso monetario sin consideración alguna de todas las prestaciones sociales que recibe el pueblo mediante el integral Estado de las Misiones, que abarca un gran número de necesidades básicas. En otras palabras, es realmente un análisis muy pobre a la hora de abordar un tema tan serio e integral como la pobreza. Se deja afuera toda necesidad básica satisfecha por una vía que no sea la monetaria y mercantilista. Por ejemplo, los beneficios sociales de las misiones en educación, sanidad o vivienda no son contemplados en esta visión miope cepalina de la pobreza. Presumir de rigor hubiese implicado seguir calculando la pobreza como la CEPAL quiera, pero al menos aclarar en alguna línea que su indicador no considera aquello que sí incorpora el NBI (necesidad básica insatisfecha). Precisamente este NBI sigue a la baja en Venezuela también en los últimos años (la pobreza extrema por NBI pasó de 9,9% en 1999 a 5,5% en 2013; la pobreza por NBI transitó de 29,3% en 1999 hasta 19,6% para 2013); aunque sobre esa mejora social, la CEPAL no dice nada.

Además de esta discusión, hay otro punto que debe aclararse: al observar la tabla de datos presentada por la CEPAL, se puede fácilmente detectar un superíndice (con letra c) que señala explícitamente que “las cifras de 2012 y 2013 no son estrictamente comparables con las de años anteriores”. En definitiva, es la misma CEPAL quien reconoce que esas cifras no pueden ser comparadas con los años anteriores aunque adolece escasa transparencia porque no índica el porqué de esta nota a pie de página. Este tema ha sido completamente ignorado por los ecos mediáticos de este análisis.

Estos cinco puntos no eximen de ninguna manera las bienvenidas críticas que se puedan verter a la hora de realizar un análisis de rigor de la economía venezolana. Son muchos los aspectos que deben discutirse controversialmente como retos estructurales y desafíos coyunturales en la economía de este país. En este sentido, precisamente el informe pasa muy de puntillas, o en su defecto ni siquiera lo hace, por temas que sí son realmente cruciales para seguir perfeccionando virtuosamente un modelo que no negocia la política social ni su soberanía, ni desea volver a la época neoliberal. El informe crítico podría haber puesto el acento en otros asuntos en vez de mostrar tanto dogmatismo desconociendo los verdaderos objetivos fijados en el último Plan Económico ratificado mayoritariamente en las urnas por el pueblo venezolano. Son muchos los otros contenidos que sí tienen interés para afrontar estos próximos años:

1. La urgencia de la revolución productiva que permita enfrentar el rentismo importador, pero de tal manera que se considere también la inserción virtuosa en las nuevas cadenas regionales y globales de valor, y por supuesto, incorporando a los nuevos sujetos económicos (comunas, pequeñas y medianas empresas) para la democratización del aparato productivo;

2. La inminente necesidad de evitar el creciente ritmo importador inherente al sector petrolero que está muy por encima de lo que viene haciendo las exportaciones en el mismo sector;

3. Seguir buscando el camino de la soberanía tributaria con un diseño de impuestos más progresivos y con capacidad recaudatoria logrando reapropiarse de la nueva renta petrolera en destino en manos de una minoría enriquecida con el objetivo de reacondicionarla direccionándola a favor de la generación de riqueza productiva interna;

4. Reformulación de una política acertada de compras públicas para reorientar esta potencialidad al servicio del nuevo orden económico que reduzca dependencia de ciertos sectores oligopólicos;

5. Una política financiera que evite el excesivo endeudamiento privado para sostener un consumo en esta etapa inflacionaria al mismo tiempo que incentive el ahorro interno direccionándolo al sector productivo;

6. Máxima importancia para la política de distribución y comercialización como herramienta para corregir fallas en los actuales mecanismos usureros e ineficaces, y también para disputar esa renta petrolera en destino que se fuga mediante esas fases de la cadena de valor;

7. Política de ciencia y tecnología que reduzca la neo dependencia del conocimiento (valor agregado importado) centrándose en aquellos ejes estratégicos para el nuevo desarrollo productivo en Venezuela;

8. Fomento de política efectiva de precios justos mediante la utilización de mecanismos diversos que puedan ir desde programa de precios cuidados (acuerdos entre partes que marquen precios a la baja coadyuvando a construir un nuevo imaginario popular en esta materia) hasta la creación de agencias públicas importadoras que alteren el poder de mercado importador de algunas pocas empresas;

9. Revisión de la política de subsidios a los combustibles, bajo principios de justicia social, en aras de reorientar productivamente el uso de cada dólar dispuesto; y

10. Nueva política de (re)inversiones que impida la sangría de remesas en utilidades netas procurando redireccionar estos fondos según aquellos ejes estratégicos productivos (en las áreas especiales de desarrollo).

Son estos diez puntos, y no los cinco anteriores, los que verdaderamente han de conformar parte esencial en la nueva centralidad para la discusión del nuevo orden económico interno en Venezuela para hacer irreversible todo lo logrado en esta pasada década ganada en lo social. Son estos y otros puntos los que efectivamente se corresponden con el reto de hacer reversible el metabolismo social del capital aún vigente en la organicidad económica venezolana. Este fue el leitmotiv del último mensaje de Hugo Chávez en el golpe de timón y que tuvo continuidad con el anunciado sacudón del presidente Nicolás Maduro en la búsqueda del nuevo orden económico interno. Estos son los verdaderos desafíos y las nuevas preguntas económicas que demanda la mayoría social venezolana que no quiere otro modelo (del pasado) sino este mismo pero siempre en continua mejora para seguir dando saltos adelante. Sin embargo, la CEPAL se equivoca de diana y prosigue disparando allá donde los venezolanos no están ni mirando ni siquiera pendientes.

@alfreserramanci

Alfredo Serrano Mancilla es Doctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con PosDoctorado en Economía en Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor Universitario Posgrado en FLACSO (Ecuador), Universidad Andina y UMSA (Bolivia), Universidad Hermosillo y UNAM (México), Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), Universidad Santa Marta (Colombia). También escribe artículos de opinión en prensa escrita en Página12 (Argentina), El Telegrafo (Ecuador), Público (España), Correo del Orinoco (Venezuela), y Blog en Telesur.

 

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