Opinión

Autor: Iván Padilla Bravo

03:24 pm
31
Jul
2015

Los tres conceptos enumerados como título de esta nota de opinión, podrían considerarse categorías bajo las cuales se agrupan personas según sus tendencias, en una sociedad desigual como la nuestra, en la que, construir la sociedad socialista es una tarea muy compleja. Aquí aparecen en un mismo renglón, como titular periodístico, pero en la sociedad capitalista, en general y en la formación venezolana en particular, también cohabitan las mismas categorías o las mismas expresiones de clases en pugna

A culpables y redentores les heredamos del proceso de colonización que llegó aunado con el genocidio del conquistador. Se fueron convirtiendo en valores de una cultura en la que el pueblo, como constructor y productor de su vida, no cuenta, queda siempre por fuera o, simplemente, no existe.

Desde ese punto de vista, las formas sociales propias al capitalismo siempre surgen en torno a la imagen de algún redentor que ha tenido la tarea de salvar a un determinado pueblo de morir, por pecador -por ejemplo- en las pailas o directamente expuesto al fuego del infierno. En el accionar redentor siempre aparece en el camino, el culpable, o los culpables, quienes se juntan o distancian, según si se trata de tiempos de consenso o de represión.

“Revolucionarias o revolucionarios son (somos) los que estorban, los que no caben en el juego de seducciones que manejan armoniosamente, culpables y redentores, para mantener el dominio del capital y la hegemonía de su pensamiento burgués”.

La, el o los revolucionarios surgen en la formación social colonizada pero son siempre los prescindibles. El capital les quiere desaparecer porque representan al trabajo o a la masa trabajadora, como vanguardia que pugna porque desaparezcan los egoísmos, característicos de una cosmovisión impuesta por los explotadores, como parte de su manera de relacionarse para producir, en condiciones totalmente alienadas.

En fin, revolucionarias o revolucionarios son (somos) los que estorban, los que no caben en el juego de seducciones que manejan armoniosamente, culpables y redentores, para mantener el dominio del capital y la hegemonía de su pensamiento burgués.

Por eso, precisamente por eso, entendemos que el tema es cultural. Es decir, aterrizando, en este momento de guerra económica, de guarimbas, golpes de Estado y ganas de acabar con la Revolución Bolivariana, el culpable es Maduro. El culpable es el Presidente Constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros. Los redentores son los candidatos del derechismo y el reciclaje del puntofijismo que proponen como triste alternativa retrógrada o alentada por las consignas de “con los adecos se vivía mejor”, o “nunca como en el pasado”. Pero… las y los revolucionarios, categoría de un pueblo conciente, que no se rinde, que está convencido de lo que quiere y a dónde va y que, finalmente, al igual que Chávez, ni se desclasa ni se vende.

La reflexión de hoy tiene el humilde propósito de invitar a mirarnos dentro de este remolino de clase. La coyuntura conflictiva, de guerra desatada contra el pueblo de Venezuela, su Revolución Bolivariana y Chavista, así como contra el gobierno que preside el camarada Nicolás Maduro, pretenden ser satanizados como culpables de las dificultades económicas que han surgido como consecuencia de la guerra de las transnacionales y del imperio contra nuestro proceso liberador, independentista y socialista.

Culpan, nos culpan, los pretendidos mesías, los disfraces de redentores los dueños del gran capital, especialmente el petrolero con empresas como la Exxon-Mobil, las de los fabricantes de insumos básicos como P&G y Polar y sus distribuidores en enormes cadenas como Macro y Central Madeirense. Culpan a la Revolución porque pretenden ahorcarla, hacerla fracasar, vencerla y con ello derrotar, no solo la revolución vanguardia en Venezuela y Nuestramérica sino también esperanza de los pueblos del mundo que saben que es posible vivir de una manera distinta a la que hasta hoy ha impuesto el capitalismo.

A nosotras y nosotros, revolucionarias y revolucionarios, bolivarianos y chavistas, el presente de lucha y perseverancia en la misma, porque, como supo expresar el visionario Che Guevara, ¡el futuro nos pertenece!

 

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