Opinión

Autor: Earle Herrera

10:31 am
15
Jul
2016

En Mérida ocurrió un hecho condenable desde todo punto de vista. Golpearon y desnudaron a unos seminaristas y se acusó a unos colectivos.

Desde el Caballo de Troya hasta los tanques inflables de la primera guerra del Golfo, el camuflaje y el teatro forman parte de los conflictos bélicos y la política en general. La derecha venezolana, al entregar su conducción a los medios a partir del triunfo de Chávez, le dio por el histrionismo, la pantalla y el montaje, con mayor o menor fortuna. A veces se pasa de maraca y el antifaz se le cae sin que se lo toquen.

En la Cuarta República, Carlos Tablante y Vladimir Gessen montaron un show, el primero en Moscú y el segundo en Caracas, para denunciar la supuesta persecución soviética contra el inefable ex gobernador de Aragua. Ni a sainete llegó aquello. Un diario nacional le inventó una entrevista a Ignacio Ramonet contra Chávez, al igual que mató a un obrero en El Palito que el siguiente domingo apareció conversando en Aló Presidente, de lo más resucitado.

Por estos días irrumpió en la escena política un comegato, curiosamente también en El Palito. El sujeto hizo un asado con un desgraciado minino, nadie sabe si al horno o en improvisado fogón de leña. La narración de aquel crimen culinario no pudo ser más lacrimógena y, al final, uno no sabe si sentía lástima por el gato o por su hambriento victimario.

En Mérida ocurrió un hecho condenable desde todo punto de vista. Golpearon y desnudaron a unos seminaristas y se acusó a unos colectivos. Esta palabra se asocia inmediatamente con el chavismo, aunque la existencia de grupos organizados anteceda largamente al propio Chávez. Después se supo que los alumnos del seminario eran militantes de un partido político para el que hacían el trabajo logístico. Esto no justifica la agresión y el bochorno, pero la verdad, si se es cristiano, hay que decirla completa.

Hacer política, por lo demás, no es un pecado, en un país donde un cardenal participó directa y personalmente en la Carmonada contra Chávez y donde la Conferencia Episcopal, para ponerse a derecho con Dios y con los hombres, debería inscribirse de una vez en el Consejo Nacional Electoral. Si la derecha se quedara en el puro histrionismo hasta la aplaudiríamos. Lo malo es que a su pésimo teatro siempre lo sigue un incendio.

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