Opinión

Autor: Marciano

09:21 am
26
May
2010

SI ALGÚN SENTIMIENTO existe entre la gente de la oposición es el desencanto. Hasta hace poco pensaban en el sector que lograrían la unidad por la cual trabajaban, lo cual -según sus cálculos- les garantizaba una victoria en las elecciones parlamentarias del próximo 26 de septiembre. Todo parecía estar atado y bien atado. Un acuerdo por arriba, en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), garantizaría que todos los liderazgos personales y los partidos entrarían por el aro.

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PERO LA POLÍTICA es una caja de sorpresas y la realidad demasiado tozuda. La unidad de sectores sociales y políticos no se construye por decreto o por arte de magia. Es producto de claras afinidades político-ideológicas, de proyectos comunes, de coincidencias tácticas, por lo cual su logro es extremadamente difícil y complejo. Así pasó con otros proyectos de la izquierda, del centro y la derecha, en Venezuela y en el mundo. La izquierda venezolana, por ejemplo, no dio pie con bola, pese a los denodados esfuerzos que realizó durante la Cuarta República para lograr acuerdos que le permitieran competir con posibilidades contra adecos y copeyanos en el terreno electoral.

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AHORA LA EXPERIENCIA se repite en el centro-derecha de la actual política nacional. Se juntaron todos en torno a una mesa, si mal no recuerdo unos 16 partidos políticos, figuras independientes, grupos sociales y ONG, y consideraron que por el solo hecho de reunirse, de conversar y mostrar buenas intenciones, bastaba para conseguir lo que se conoce en la jerga política como “unidad monolítica”. Pero no fue así. De la MUD salieron más divididos, más enfrentados y más heridos. AD, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo chivatearon a los otros. Se tomaron la fiesta para ellos solos: bailaron, bebieron, picaron la torta y se la comieron. Al resto le quedaron las migajas, al pobre COPEI, al pobre PODEMOS, a la pobre Causa R, y no se diga a los independientes, “los presos políticos”, las ONG y los “manitas blancas” que tragaron gas del bueno cuando se echaron a la calle estimulados por la partidocracia.

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AL FINAL, COMO SE ESTÁ VIENDO, todo el esfuerzo concluyó en que unos cuantos vivos se beneficiarán del cuento de la unidad, con división en las cúpulas y decepción en el electorado, en el pueblo opositor, que cada día parece más inclinado a abstenerse, o a votar por el chavismo que, al menos, muestra coherencia, organización, proyecto de país y de ñapa es Gobierno.

El señor de La Carolina

GENTE COMO DIEGO ARRIA, con un largo rabo de paja y techo de cristal, debería tener más cuidado con lo que dice. Pero es mejor que sea imprudente y se desborde, porque permite que mucho venezolano que no conoce el pasado sepa de quién se trata. Un pajarito le hace llegar a este escribidor lo siguiente: Arria perdió toda influencia en la ONU -de la cual, por cierto, se jacta-, desde la salida de Kofi Annan, su protector. Le cortaron el contrato que tenía, le quitaron la oficina, credencial y carné de excepción de impuestos en el estado de Nueva York. Ha sido vinculado -la causa está abierta- al escándalo de “medicinas por petróleo” que la ONU en tiempo de Annan administró con Irak. De hecho, el hijo de Annan y Arria se retrataban juntos en la ejecución de dicho programa, pero la caída de Hussein contribuyó a echarle tierra al asunto… por ahora.

Genio y figura hasta la sepultura.-

 

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