Opinión

Autor: Asalia Venegas

10:38 am
16
Jul
2015

El desarrollo del capitalismo, desde finales del siglo XIX, entró como una tromba en el siglo siguiente. Esto propició la fuerza que asumiría la burguesía en los terrenos mercantil, financiero y comercial. La geopolítica y las guerras de la primera mitad del siglo XX marcaron nuevas fronteras y límites entre las naciones. El expansionismo capitalista anexionó territorios, irrespetando todo signo de legalidad y soberanía.

Ese escenario prohíja el nacimiento y fortalecimiento de los grandes carteles de las finanzas y del mercado. Las transnacionales se convierten en emporios que van copando todos los continentes, con preferencia hacia las naciones dotadas de ingentes recursos naturales. Estas compañías son expoliadoras por naturaleza y representan a los grandes centros que controlan la economía mundial.

El asunto no queda allí. Las variables economía y política se fusionan y el capitalismo impulsa mecanismos injerencistas que le permitan el control geopolítico de vastas zonas del mundo. Es por ello que las tentativas integracionistas -en diferentes contextos- siempre han sido torpedeadas por los países hegemónicos, por aquello de “divide y vencerás”. El colonialismo ensayó en nuestro continente sus peores tretas a lo largo del siglo XIX.

En América Latina -después de los procesos independentistas- las fronteras quedaron demarcadas por el principio del uti possidetis iuris. La geografía del país la conforma todo lo que perteneció a la Capitanía General de Venezuela, incluido el Territorio Esequibo. Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Es inequívoco que es un objeto altamente codiciable para las transnacionales del petróleo.

El trabajo tesonero de Hugo Chávez profundizó los mecanismos integracionistas con la creación de Unasur, la Alba, la Celac, Petrocaribe. Venezuela forma parte de la Caricom y del Mercosur. Hay inmensas riquezas petroleras en el Esequibo. La ExxonMobil, utilizando al presidente guyanés, pretende hacerse de estas riquezas y se ha creado un ambiente de rencillas limítrofes que no es tal. El Esequibo es de Venezuela. El presidente Maduro lo ha dicho con firmeza. La Asamblea Nacional ha aprobado -por unanimidad- un acuerdo de respaldo a la soberanía sobre el Esequibo.

 

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