Opinión

23
Nov
2011

Sigue la suma de irregularidades con la detención del cantautor revolucionario colombiano Julián Conrado. No quiero abrumar nuevamente a los lectores con los desafueros legales y continuadas violaciones a los derechos humanos que ha significado el caso. Los insólitos detalles de este proceso pueden conocerse en el artículo http://aporrea.org/ddhh/n193364.html . Lo último es la postergación de la audiencia en nuestro Tribunal Supremo, donde se trataría la “extradición” de este combatiente al narcoestado colombiano. Imprescindibles las comillas en tanto que, de atender el Tribunal Supremo la petición de los “amigos” colombianos y en vista del acumulado de marramucias ilegales que convalidaría tal decisión, estaríamos ante una ENTREGA violatoria de todo ordenamiento jurídico, motivada por la conveniencia política de mantener unas postizas buenas relaciones con el gobierno santista.

Me pregunto: ¿Tomará en cuenta el Tribunal Supremo las inconsistentes y cambiantes acusaciones hechas a destiempo por la Fiscalía colombiana? Una vez desmontado el “falso positivo” fantasioso inicial con el que acusaron al cantante, ahora intentan, nuevamente con torpeza, otra falaz acusación. Después de la alharaca mediática colombiana, ahora resulta que Julián no extorsionaba telefónicamente ni participaba en combates a 2000 kms de distancia de donde se hallaba, sino que, cual ballena de la Odisea (perdón… quise decir sirena), “…con su canto fomenta la incorporación de menores…”, para luego “reclutarlos” y “desaparecerlos forzosamente”. La renovada patraña jurídica además, lo señala de ser “miembro del Estado Mayor” de la Farc-Ep, grado honorífico que le fue otorgado por las fuerzas represivas colombianas y el emporio informativo de la familia Santos, a partir del 31 de mayo de este año, cuando fue apresado en un sórdido operativo policial en el estado Barinas, donde Conrado llegó, convaleciente de males de salud y los efectos de la guerra, dispuesto a dedicarse a las labores agrícolas. Antes de esa fecha era llamado “el cantante de las Farc”, a partir de ese día le fueron enrostradas capacidades de mando y jerarquía que harían ver como un guerrillero raso al mismísimo Manuel Marulanda redivivo, en caso de que el Altísimo decidiera prescindir de su compañía en el panteón celestial para reenviarlo a la selva de sus amores y utopías.

Un detalle revelador por obra de algún captor y la gracia tecnológica del BlackBerry: puede verse una foto de Julián, el mismo 1 de junio un día después de ser capturado, en la página de la cadena Caracol http://www.caracol.com.co/noticias/judicial/venezuela-inicio-tramite-para-deportar-a-alias-julian-conrado/20110601/nota/1482314.aspx , lo que demuestra el grado de colaboración de las fuerzas represivas nacionales con las del vecino país, así como con sus corporaciones informativas. Es decir, antes de que nos enteráramos los venezolanos y venezolanas (y quizás el Presidente Chávez), ya el gobierno colombiano celebraba el hecho, prometiendo la jugosa recompensa, al emitir otro de sus eufóricos partes de guerra contra las fuerzas insurgentes. Me pregunto: ¿Quién envió la foto de la captura a los medios colombianos, saltándose autoridades, procedimientos y disposiciones legales? ¿Por qué tanta celeridad? Cabe pensar que fue una prueba para cobrar los millones de dólares como recompensa ofrecida, así como también “demostrar la eficiencia” de los servicios de seguridad extranjeros en el asunto. Mala señal para nuestra soberanía.

Por si hay dudas sobre la decisión correcta, el gobierno venezolano y el Tribunal Supremo deberían revisar antecedentes similares en el ejercicio del Derecho Internacional como el del cura Camilo, víctima también de la persecución de las hordas represivas colombianas hace pocos años en Brasil, cuyo gobierno dio una lección de soberanía y entereza, ante la presión del uribato, negando la extradición. Preciso recordar en este incidente, el paso decisivo dado por el Partido de los Trabajadores (partido mayoritario que llevó a Lula da Silva a la presidencia), en defensa del perseguido, http://es.wikinews.org/wiki/El_Partido_de_Lula_intercede_abiertamente_por_la_liberaci%C3%B3n_de_l%C3%ADder_de_las_FARC ; notorio contraste con el silencio, más propio de una funeraria, de la dirigencia y vocería del PSUV, que no de su militancia, como tampoco de los movimientos sociales patriotas, los cuales, constantemente en diversos espacios, claman por la libertad del cantante ajenos a la mordaza.

Siguiendo, a propósito de las circulares rojas de Interpol, bueno el recuerdo reciente de la detención del solicitado y prófugo por acusaciones de corrupción Luis Velázquez Alvaray, detenido y liberado en Barranquilla por el gobierno colombiano, en menos de lo que canta un gallo. La Fiscalía colombiana “dispuso la libertad del retenido, indicando que a la fecha no se había recibido requerimiento de captura con fines de extradición por parte de las autoridades venezolanas” http://www.lapatilla.com/site/2011/08/30/colombia-manda-a-costa-rica-a-ex-magistrado-venezolano-luis-velazquez-alvaray/. Valga la comparación: Velázquez Alvaray, presunto corrupto, liberado a las pocas horas, por la falta de requisitos que debió presentar el Estado Requirente (Venezuela), mismos que el gobierno colombiano tardó meses en “regularizar” para solicitar la extradición del cantante Julián Conrado, violando lapsos legalmente establecidos para ello y si por regularizar se entiende la retahíla de acusaciones inconsistentes y fantásticas con las que se le quiere cobrar su condición de artista comprometido con los pobres. Sirva, también como ejemplo, la imposibilidad de la extradicción de otra refugiada, Pilar Hurtado, de la República de Panamá con tan solo la circular roja de Interpol, pues Colombia no presentó los recaudos de manera formal para que procediera la medida y, en todo caso, hubiera sido negada porque contrariaba el derecho al asilo. Otro detallazo interesante sobre la Interpol y sus movidas internas: desde el 9 del mes en curso, el nuevo vicepresidente de este organismo para las Américas es el General Oscar Naranjo, Director General de la Policía Nacional de Colombia, quien fue nombrado en este último cargo por el angélito Uribe Velez en el 2007 y es el mismo que ofreció pagar la recompensa al ser apresado Julián Conrado. Junto a Santos, fue el artífice de la invasión al territorio ecuatoriano en la masacre de Sucumbíos, donde pereció Raul Reyes junto a otra veintena de personas. Innecesaria cualquier interpretación sobre los intéreses a los que sirve la Interpol, la que por cierto desestimó unilateralmente, en su momento, las notificaciones rojas solicitadas por el gobierno bolivariano para los banqueros Nelson Mezerhane, Eligio Cedeño y otros conotados delincuentes financieros, por considerarlos “perseguidos políticos.”

Las comparaciones, por demás odiosas, podrían seguir: el gobierno de Santos exigiendo colaboración a Venezuela en la lucha contrainsurgente, pero haciéndose la vista gorda ante -el avance paramilitar y/o delincuencial en las zonas limítrofes (o acaso alentándolo) http://www.el-informe.com/periodicodigital/noticia.php?Id=15591 Venezuela esgrimiendo sus razones soberanas frente al imperio del Norte, a la vez que soporta las presiones, mentiras y el chantaje abusivo del gobierno colombiano, para preservar una tranquilidad de fronteras sin duda necesaria y que todos deseamos, pero que no debe estar reñida con los principios de la revolución bolivariana. Alejandro Peña Esclusa y Lázaro Forero, acusados, respectivamente, de preparar actos terroristas y participar en la masacre del 11 de abril, liberados por razones humanitarias; Julián Conrado, cuyo delito es trovar la liberación, encerrado y sometido a un laberinto “legal” sin fin, con la amenaza de ser entregado a la jauría guerrerista colombiana…

El mundo al revés, como diría Galeano. El mundo, los principios y la revolución, patas pa´arriba, en un sancocho intragable, en el que la diplomacia se sobrepone a la tradición histórica, al prestigio y ejemplo que representa la revolución bolivariana ante los movimientos progresistas y revolucionarios de todo el planeta, a la expectativa del desenlace de la ya larga trama que agobia al artista guerrillero.

Nada como el buen clima de la amistad, pero Isabel, la reina escritora de Rumania, ya lo dijo: “La amistad disminuye cuando hay demasiada felicidad de una parte y demasiada desgracia de la otra.”

 

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