Opinión

Autor: Julio Escalona

11:17 am
09
Feb
2016

Vivimos en tiempos de la Estrategia Imperial de Guerra Permanente, hegemonía del capital financiero, políticas neoliberales que radicalizan la recesión, el auge del fascismo maltusiano y racista, cuando la “solución final” es la eliminación de los pobres, los diferentes, lo que pueda ser foco de rebelión.

En tiempos de la revolución científico-tecnológica más radical de la historia, que modifica el campo de batalla y la correlación de fuerzas. El imperio, utilizando milmillonarias ganancias especulativas, persigue la superioridad científico-tecnológica absoluta como requisito para lograr la superioridad militar absoluta.

Ante la imposibilidad de mantener la hegemonía mundial en el campo de la economía, se refugia en la guerra y una variante, la guerra económica provocando el desplome de los precios del petróleo y otras materias primas, invadiendo y destruyendo los países soberanos del medio oriente y extendiendo la destrucción hacia la región latinocaribeña, particularmente contra Venezuela, líder de los procesos de integración, soberanía solidaria, derrota del Alca y contra la injerencia del poder mundial.

El 23 de enero, en la convocatoria del Congreso de la Patria, fui interpelado por el presidente Maduro sobre las formas de lucha. Ellas han cambiado en función de los cambios en el campo de batalla.

Vivimos el tiempo de las guerras irregulares, ilegales y absolutamente destructivas, plagadas de crímenes de lesa humanidad y la privatización de los ejércitos. Esto determina las formas de lucha, de organización y los tejidos sociales.

La guerra hoy es cibernética, robótica, psicológica, en y desde el espacio exterior, en el alma, el cerebro, la vida cotidiana, es virtual y real.

Dados estos procesos y este complejo campo de batalla podemos decir que el frente está en todas partes. En la geografía, en el espacio exterior, en la mente, en el alma, en el consciente, el inconsciente, los sueños, los imaginarios… en lo simbólico.

La recesión, instrumento del capital financiero, extiende la crisis, afecta a China, a Rusia, a los países del Sur… Sólo el 1% de la población que concentra la riqueza se beneficia pues la recesión crea transferencia de riqueza desde el Sur hacia el Norte, de los pobres hacia los ricos. Derrumba salarios, la inversión social, genera desempleo, golpea la organización de los trabajadores, lo reorganiza todo en función de la recolonización y rediseño del mundo.

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