Opinión

Autor: Alberto Aranguibel B

11:53 am
18
Nov
2015

Expresión de la vorágine consumista de aquel legendario “tabaratodamedos” que sembró el neoliberalismo en el país a finales del siglo XX, es el desprecio a una cultura del mantenimiento de los artefactos.

Cualquier estudio sociológico o de antropología medianamente serio arrojaría sin lugar a dudas como conclusión que es en esa vorágine donde se encuentra el verdadero origen del escualidismo nacional. El antichavismo es solo una faceta de un comportamiento sicológico mucho más denso de ese sector de la población que se identifica más por su sed de consumo que por su odio a Chávez.

Por eso en Venezuela es completamente inusual alguien que repare y dé mantenimiento a equipos de cualquier índole. El técnico en reparación promedio en el país es hoy en día un simple representante de ventas cuya única respuesta ante cualquier solicitud de reparación es un lacónico “Eso ya no sirve… Le sale mejor comprarse uno nuevo”.

La MUD basa su aspiración electoral para el 6 de diciembre en esa absurda forma de pensar del escuálido promedio, que cuando se le espicha un caucho en medio del camino, en vez de buscar la manera de cambiarlo bota el carro.

Las colas son un tormento, es verdad, que el pueblo padece por la inmisericordia de un sector capitalista voraz e inhumano que pretende obligar a la gente a votar por quien quiere el gran capital que vote y no por quien en verdad necesita o desea votar. Pero ello no significa que las colas se traducirán de manera automática en votos para quienes precisamente generan ese malestar que son las colas y que el pueblo tiene perfectamente claro que son los usureros inmorales que han desatado una guerra brutal contra el gobierno revolucionario para tratar de reinstaurar en el país su hambreador modelo neoliberal.

Pretenden que el pueblo deje de lado las conquistas históricas alcanzadas por la revolución en inclusión social, elevación de la calidad de vida y acceso a la riqueza nacional que hay en las misiones y programas sociales instaurados por Chávez y continuados por Maduro.

Deliran con que por un caucho espichado el pueblo se deshaga del carro nuevo que nunca antes tuvo la oportunidad de tener y siga a pie por el resto de su vida.

Triste ilusión de los escuálidos, porque el 6 de diciembre ¡Gana Chávez!

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