Opinión

Autor: Mike Whitney

10:47 am
28
Abr
2014

“La última década del Siglo XX ha presenciado un desplazamiento tectónico en los asuntos internacionales. Por primera vez en todo el mundo, una potencia no-eurasiática ha emergido no solo como árbitro crucial de las relaciones de poder eurasiáticas sino también como la máxima potencia del mundo.” (p.13)

“Ahora una potencia no-eurasiática es preeminente en Eurasia – y el predominio global de EE.UU. depende directamente de durante cuánto tiempo y con qué efectividad se sostiene su preponderancia en el continente eurasiático”. (p.30) (Pasajes de The Grand Chessboard: American Primacy And Its Geostrategic Imperatives, Zbigniew Brzezinski, Basic Books, 1997)

“Nos prometieron en Múnich que después de la unificación de Alemania, no tendría lugar ninguna expansión de la OTAN en el Este. Entonces la OTAN se expandió agregando países del antiguo Pacto de Varsovia, ex países de la URSS, y pregunté ‘¿Por qué estáis haciendo eso?’ Y me dijeron ‘No es cosa vuestra’”. (Presidente ruso Vladimir Putin, Conferencia de prensa en Moscú, abril de 2014).

EE.UU. está en la fase de apertura de una guerra contra Rusia. Responsables políticos en Washington han transferido su atención de Medio Oriente a Eurasia donde esperan lograr la parte más ambiciosa del proyecto imperial: establecer bases de operación avanzada a lo largo del flanco occidental de Rusia, detener una integración económica ulterior entre Asia y Europa, e iniciar el ansiado objetivo de desmembrar la Federación Rusa. Son las metas de la actual política. EE.UU. se propone extender sus bases militares por toda Asia Central, apoderarse de recursos vitales y corredores de conductos, y cercar China a fin de controlar su futuro crecimiento. La pelea en Ucrania indica que ya ha sonado la campana de inicio y la operación ha comenzado en su totalidad. Como sabemos de la experiencia pasada, Washington impulsará incansablemente su estrategia haciendo caso omiso de la opinión pública, del derecho internacional o de la condena de adversarios y aliados por igual. La única superpotencia del mundo no tiene que escuchar a nadie. Es una ley de por sí.

El modelo, por supuesto, es inconfundible. Comienza con advertencias santurronas, sanciones económicas y retórica incendiaria, y escala rápidamente hacia bombardeos furtivos, ataques de drones, destrucción masiva de la infraestructura civil, millones de refugiados, poblaciones y ciudades diezmadas, escuadrones de la muerte, matanzas humanas generalizadas, amplia devastación medioambiental, y la caída continua hacia una anarquía de Estado fallido; todo lo cual va acompañado por la rancia repetición de propaganda estatal eyectada desde todos los megáfonos corporativos en los medios occidentales.

¿No es lo que sucedió en Afganistán, Iraq, Libia y Siria?

Por cierto, así fue. Y ahora sigue hacia Moscú. La supervivencia de Putin y la de la Federación Rusa dependen en gran medida de su capacidad de comprender rápidamente la nueva realidad y de adaptarse consecuentemente. Si decide ignorar las señales de advertencia a la espera de que Washington pueda ser apaciguado o que sea posible frenar a los hombres que dictan la política exterior de EE.UU. para que abandonen el así llamado “giro hacia Asia”, puede enfrentar el mismo fin que Sadam o Gadafi. Por lo tanto la primera prioridad es simplemente enfrentar el hecho de que la guerra ha comenzado. Todas las decisiones futuras deberían derivar de esa noción básica.

¿Qué es lo que Putin ya sabe?

Sabe que la CIA, el Departamento de Estado de EE.UU., y las ONG financiadas por EE.UU. estuvieron directamente involucrados en el golpe en Kiev. Sabe (gracias a mensajes telefónicos hackeados) que Washington participó en la selección de los dirigentes de la junta. Sabe que la Casa Blanca y la OTAN ya han debilitado el espíritu del acuerdo de Ginebra del viernes al amenazar con intensificar las sanciones económicas y al planificar el envío de más recursos militares al Báltico así como 10.000 soldados terrestres estadounidenses a Polonia y más barcos de guerra estadounidenses al Mar Negro. Sabe que altos responsables políticos de EE.UU. lo han satanizado en los medios como el nuevo Hitler, un mote que es indefectiblemente fijado a objetivos de la agresión de Washington. Y sabe que el equipo de Obama está cargado de neoconservadores sedientos de sangre y de recalcitrantes guerreros de la Guerra Fría quienes nunca han abandonado la idea de dividir Rusia en trozos más pequeños, saquear sus recursos, e instalar un títere estadounidense en Moscú.

Con ese fin, los medios occidentales han conformado una absurda narrativa de que Crimea forma parte del “malévolo” plan de Putin de reconstruir la Unión Soviética y volver a los días de gloria del Imperio Ruso. Aunque no tiene sentido refutar una afirmación tan ridícula, vale la pena señalar que numerosos periodistas han repudiado la actuación de los medios comparando la cobertura con propaganda dirigida por el Estado. Robert Parry lo resumió como sigue en un artículo reciente:

“En mis más de cuatro décadas en el periodismo, nunca he visto una actuación más exhaustivamente sesgada y engañosa de los principales medios noticiosos de EE.UU. Incluso en los días de Ronald Reagan… había más independencia en los principales medios noticiosos. Hubo estampidas mediáticas por el despeñadero de la realidad durante la Guerra del Golfo Pérsico de George H.W. Bush y durante la Guerra de Iraq de George W. Bush, que fueron marcadas por afirmaciones demostrablemente falsas que fueron rápidamente tragadas por los grandes medios noticiosos de EE.UU.

Pero hay algo completamente orwelliano en la actual cobertura de la crisis en Ucrania, incluyendo acusaciones de “propaganda” a otros cuando sus informaciones… son mucho más honestas y más exactas que lo que ha estado produciendo el cuerpo de prensa de EE.UU…. El desempacho de esa propaganda… no es solo periodismo desmedrado sino una imprudente fechoría que pone en peligro las vidas de muchos ucranios y el futuro del planeta.” (“Ukraine, through the US looking glass”, Robert Parry, Smirking Chimp)

Por desgracia, la niebla de la propaganda generada por el Estado ha mantenido en gran parte en la oscuridad al público sobre los verdaderos motivos del actual conflicto así como respecto a la sórdida historia de la hostilidad de EE.UU. hacia Rusia. A continuación cito un breve pasaje de un artículo en World Socialist Web Site que ayuda a ver a través de la inmundicia y aclarar en algo lo que realmente está ocurriendo:

“Cuando la Unión Soviética estaba colapsando a fines de 1991, Dick (Cheney) quería ver no solo el desmantelamiento de la Unión Soviética y del imperio ruso, sino el de la propia Rusia, para que nunca volviera a constituir una amenaza para el resto del mundo,” escribió el ex Secretario de Defensa de EE.UU. Robert Gates en sus memorias recientemente publicadas. Gates se refería al entonces Secretario de Defensa, y después Vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney.

“La declaración aclara las dimensiones geopolíticas del reciente golpe en Ucrania. Lo que está en juego no son tanto problemas internos –y de ninguna manera la lucha contra la corrupción y la democracia– sino más bien una lucha internacional por el poder y la influencia que se origina hace un cuarto de siglo.” (The geopolitical dimensions of the coup in Ukraine, Peter Schwarz, World Socialist Web Site)

El Consejero Nacional de Seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, es el principal arquitecto de la actual política. En su clásico The Grand Chessboard…American Primacy And It’s Geostrategic Imperatives, Brzezinski afirma que EE.UU. necesita controlar la masa continental de Eurasia y rechazar a potenciales rivales a fin de mantener su posición como única superpotencia del mundo. Críticos afirman que el libro es un proyecto para una dictadura global, una afirmación que cuesta disputar en vista del maníaco enfoque de Brzezinski en lo que llama “el predominio global de EE.UU.” A continuación cito algunos trozos del texto que iluminarán los pensamientos del autor sobre la expansión de EE.UU. hacia Asia:

“EE.UU. es ahora la única superpotencia global, y Eurasia es el área central del globo. Por lo tanto, lo que sucede con la distribución del poder en el continente eurasiático será de decisiva importancia para el predominio global de EE.UU. y para el patrimonio histórico de EE.UU.” (p.194). “Por lo tanto el interés primordial de EE.UU. es ayudar a asegurar que ninguna potencia llegue a controlar ese espacio geopolítico y que la comunidad global tenga acceso financiero y económico irrestricto a él.” (p.148)…

“El consumo mundial de energía va a aumentar dentro de las próximas dos o tres décadas. Cálculos del Departamento de Energía de EE.UU. prevén que la demanda mundial aumentará más de 50% entre 1993 y 2015, y que el aumento más significativo en el consumo ocurrirá en Lejano Oriente. El impulso del desarrollo económico de Asia ya está generando masivas presiones para la exploración y explotación de nuevas fuentes de energía y se sabe que la región centroasiática y la cuenca del Mar Caspio contienen reservas de gas natural y petróleo que hacen parecer pequeñas las de Kuwait, el Golfo de México o el Mar del Norte.” (p.125)…

“…cómo EE.UU. ‘maneja’ Eurasia es crítico. Eurasia es el mayor continente del globo y es geopolíticamente axial. Una potencia que dominara Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas del mundo. … Cerca de 75 por ciento de la población del mundo vive en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física del mundo también se encuentra ahí, tanto en sus empresas como bajo su suelo. Eurasia representa un 60 por ciento del PIB del mundo y cerca de tres cuartos de los recursos energéticos conocidos del mundo.” (p.31). (Pasajes de The Grand Chessboard: American Primacy And Its Geostrategic Imperatives – Zbigniew Brzezinski, Basic Books, 1997)

Tomado en su conjunto, Chessboard de Brzezinski es una estrategia bastante directa para dominar el mundo. Todo lo que hay que hacer es capturar suministros críticos de energía y líneas de tránsito, aplastar a rivales potenciales, y subvertir coaliciones regionales, o como dice despreocupadamente Brzezinski “impedir que los bárbaros se unan”.

Sin embargo, el plan involucra considerables riesgos. (Rusia tiene armas nucleares, después de todo) pero los riesgos son superados por la perspectiva de dominación global indisputable para el futuro previsible.

El problema con la política de Washington en Ucrania, es que deja pocas opciones a Putin. Si despliega tropas para defender a rusos étnicos en el Este, Obama pedirá más sanciones económicas, una zona de “no vuelo”, despliegue de la OTAN, y el corte de suministros de gas natural y de petróleo a Europa. Por otra parte, si Putin no hace nada, los ataques contra los rusoparlantes en Ucrania se intensificarán (como el tiroteo del domingo en un puesto de control en el Este que dejó tres muertos.) y EE.UU. proveerá apoyo militar y logístico encubierto a extremistas neonazis en el Ministerio del Interior, como lo ha hecho con terroristas yihadistas en Siria y Libia. Eso arrojará Ucrania a una devastadora guerra civil que dañará la economía de Rusia y debilitará su seguridad nacional. Desde cualquier punto de vista, Rusia pierde.

El periodista David Paul resumió la situación en un artículo titulado “Olvidad el sesgo, Putin tiene una mano perdedora” en Huffington Post. Dijo:

“La formulación estratégica de Brzezinski se propone realzar a largo plazo el poder estadounidense en la región, y no importa si Putin encuentra una manera de echar marcha atrás o prefiere invadir. No importa lo que decida Putin… servirá en última instancia los intereses de EE.UU., incluso si una guerra civil ucrania y una crisis energética en Europa tienen que formar parte del precio”. (Huffington Post)

Ese es el dilema de Putin, elegir el camino que sea menos probable que exacerbe la situación y lance a Ucrania más profundo al abismo. Por ahora, la alternativa parece obvia, es decir, debiera simplemente estarse quieto, resistir la tentación de involucrarse, y evitar hacer nada apresurado. En última instancia, su comedimiento será visto como fuerza, no debilidad, y podrá jugar un papel más constructivo guiando a Ucrania de vuelta a la paz y la seguridad. Pero, por ahora, debe ser paciente y esperar.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
 

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